¡No son humanos!
Mundo Mágico
Concejo Mágico, sala de reuniones
El interior de la sala en la que todos se encontraban relucía de forma refinada. Era el perfecto lugar para lo que se estaba llevando a cabo ya que estaba adaptado a las necesidades de los humanos.
El suelo de mármol, de un color marfil y rojo alicante, hacía nacer varias y fuertes columnas que se alzaban hasta un cielo raso, arqueándose para sostener el techo. Allí un tragaluz iluminaba toda la estancia y a los que se encontraban debajo de ella discutiendo. Las naturales y purpurinas hiedras que colgaban del mismo tragaluz se curvaran entre ellas llenas de vida, aromatizándolo todo con una suave pizca de flores que brillaban de forma vibrante; de un tono rojizo anaranjado, casi asemejándose al fuego.
Aquellos que conocían esa privada sala solían llamarla La Corte Exótica de las Agnis. Su procedencia era un total misterio, pues solía crecer en los lugares menos inesperados. A veces la misma naturaleza decidía qué poseer, qué destruir y qué crear.
En la gran mesa de madera negra, cuatro voces iban y venían de un lado otro. Dos eran humanos, tres eran su contrario mientras uno se mantenía en silencio, tan solo escuchando. Si para todos fuera posible, ya se habrían lanzado insultos directos, no obstante, eran personas de gran reconocimiento que necesitaban mantener una compostura bajo control. Por un lado, estaban lo que se tragaban las injurias mientras que, por el otro, el miedo corroía de forma incontrolable dentro de ellos.
Al Alto Consejero Riddle no le estaba quedando mucha paciencia para seguir escuchando las idioteces de los humanos. Se distrajo al estar parado con elegancia frente al cristal que daba a un paisaje del concejo. El Prócer trataba de mantener todo bajo control al mantenerse firme en el trono de la mesa, escuchando con atención lo que los humanos tuvieran para decir con su cetrina mirada en ellos.
El canciller del mundo humano escuchaba a su consejero, quien hacía lo posible para buscar un obstáculo en todo. Ya no había mucho temple para creer en lo inexplicable.
M, para su suerte, pasaba desapercibida mientras bebía de su tibio té en silencio, picando unas galletas que había llevado a escondidas.
―Seamos sinceros ―dijo el canciller Joseph―. No sé cómo pueden ayudarnos realmente. El gobernador de Canadá confía en ustedes, y debo hacerlo yo. Pero tengo derecho a tener mis dudas para confiar en ustedes ―volvió a mirar las fotos de los individuos que ellos le habían ofrecido como candidatos, pero incluso mirarlos le generaba un irrefrenable mosqueo. ¡Por todos los dioses!, pensó Joseph. Para él era loco verse en un mundo completamente diferente del que conocía.
Riddle bufó con una sonrisa en su comisura, pasándose una mano por la barba de días que llevaba sin afeitar por pereza. Él sabía que lo estaban mirando y le gustaba la atención que recibía. Es más, con sus oscuros orbes se tomó el tiempo de contemplarse en el reflejo de la ventana; elegante, de porte sinigual, ataviado en un traje hecho a la medida en tonos verdes. Se giró para decir lo siguiente:
―Deben hacerlo porque no tienen opción... En su desértico pensar, traían más dudas que decisiones. ¿No creen fue algo que debieron haber consultado con su gobernador antes de venir para acá? Si él mismo fue quien les dijo que nosotros éramos la única opción para solucionar sus problemas, se debe a que en el pasado hemos ayudado. Muchas veces. Siempre estamos allí. Bien podrían marcharse ahora si les abro un portal a su mundo terrenal, pero ¡oh, cierto! No pueden.
M disimuló su sonrisa al masticar una galleta que estaba particularmente deliciosa. ¿Qué tendría? ¿Frutos algo picantes? Tal y cómo su asistente había dicho, Riddle fue elegido como el representante de entre todos los Altos Consejeros para esta ocasión, y no por su gentileza precisamente. Fue debido a su apariencia más humana, aunque poco tenía de humano corriendo en su sangre.
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Los Secretos de Mystic
FantasyUn Mundo Humano. Un Mundo Mágico. Ambos separados por una brecha de poder creado por el mundo, pero coexistiendo entre ellos sin verse entre ellos. Ya no hay guerras como las que se cuentan en las historias. Ya no existen los recuerdos de las cria...