Un clamor esta piando en el bolsillo,
reclamando que su huésped fiel no le ha escuchado;
pía y pía en el bolsillo despechado,
por lo cruel y osado de teñir el ojo en brillo.«Amor... pecado del pecado... mi gran verdad:
¿Cierto es que lo que tocas enalteces, y que creces
y te arraigas en los labios, en los ojos o en los roces;
y soportas cualquier clima o tempestad?»Es de noche: el bolsillo esta vacío, el clamor esta en la mano,
y el rocío se ha podrido. Alguien llora.
Alguien besa, alguien ríe, alguien toca. Pero llora.
Y es al aire. Y es a nadie. Y es en vano.«Amor... efímera ilusión. ¡Mentira!
¡¿Cierto es que lo que tocas lo marchitas, y lo reprimes,
y lo enredas con espinas tenues,
que hacen cruel invierno de lo que era primavera?!»Cien espadas, de la luz, lo atravesaron;
de su boca trueca, él, escupió un último pétalo;
tomole Lucifer y, alzando el vuelo,
graznando victoria, los demonios lo llevaron.
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