Muy bien, este libro lo usaré para subir mis One-shoot que se me ocurranel primero será este:
Los miembros del gremio de Fairy tail estan cansados de ver como cierto peli rosa y cierta rubia no confesaban sus obvios sentimientos.
un día ambas herman...
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Podíamos ver que el la habitación de la mayor de la Strauss podíamos ver que todo el lugar estaba a oscuras, de no se por unos pequeños rayos de luz que se colaban a través de la ventana.
Era la habitación de Mirajane Strauss, decorada con distintos tonos pasteles y varias fotos del gremio y de su familia. Se notaba que la albina era una mujer que amaba a su familia.
La puerta de la habitación comenzó a abrir sigilosamente la puerta tratando de hacer el menor ruido posible. La puerta de roble blanco se abrió mostrando a los dos hermanos de Mirajane Strauss.
Lissana y Elfman Strauss, los cuales habían ido a visitar a su hermana un día antes de lo esperado, entraron a la habitación.
Lissana tenía un bote de nata en su mano el cual agitó un momento. Ella tenía una sonrisa picara en sus labios mientras fijaba su mirada en el bulto que se formaba en la cama por estar la mayor de las hermanas durmiendo.
— Lissana, esto es de hombres, pero no creo que
— Vamos Elf-nee, nunca hemos podido pillar Mira-nee, y menos desde que nos mudamos para estar más cerca de nuestra Universidad — se quejó la menor de las Strauss haciendo un tierno puchero.
Efectivamente Mirajane Strauss era una hermosa modelo la cual había trabajado duro para poder llevar a sus dos hermanos menores a la universidad. Pero, ahora se había vuelto una súper modelo de talla internacional.
— ¡Quiero vengarme de todo lo que nos hizo cuando eramos pequeño! – se quejó la albina medio a susurros para no despertar a su hermana mayor.
— Eran bromas de críos Lissana
— ¿A caso no eres hombre? — preguntó Lissana sonriendo de manera picara.
La menor de las Strauss sabía perfectamente que esa pregunta era el equivalente de "no tienes huevos a" de su hermano. Y de nuevo volvió a funcionar.
Elfman le arrebató el bote de nata de las manos a Lissana, si orgullo era tan grande que no permitiría que se pusiera en duda su hombría.
— ¡Soy un hombre! — afirmó medio en susurros el hombre acercandose a la cama junto a su hermana.
Pero al llegar allí el hombre casi suelta el bote de la nata por la impresión. De hecho lo hizo, pero Lissana fue lo suficientemente rapida cómo para cogerlo aunque estaba igual o más sorprendida que su hermano.