Casa de Eduard, Rumanía
Hace 9 años
Finalmente, él estaba aquí.
La habitación donde una vez su abuelo, su única familia y apoyo moral, había descansado.
Esa persona que, lamentablemente, lo había dejado para siempre.
¿Qué podía hacer ahora?
Llorar... Eso fue lo único que hizo durante semanas, hasta que finalmente se rindió.
Habiendo ocasionado de manera indirecta la muerte de sus dos mejores y únicos amigos, Adrián y Nicole, y además había perdido a su única familia, ¿qué le quedaba ya a lo que aferrarse?
Estaba completamente solo, sin nadie a quien recurrir.
Eduard estaba decidido a acabar con su vida, acabar con todo su sufrimiento, en el lugar donde podría estar más cerca de quien siempre lo cuidó.
Esa había sido su decisión.
Sin embargo, como si un acto del destino se tratase... Al pasar cerca del velador, hizo caer accidentalmente un vaso de madera. Al agacharse para recogerlo, notó algo extraño...
¿Una tabla de madera estaba de más?
Al acercarse y golpearla algunas veces, se percató de que había un hueco al otro lado de la misma. Con algo de esfuerzo, el joven Eduard consiguió removerla, revelando una caja de aspecto viejo.
Dentro de ella, había un diario.
Aquellas páginas viejas relataban el día a día de su abuelo durante la segunda guerra mundial, el cómo poco a poco observaba caer a sus camaradas uno tras otro.
Pero, pese a que las palabras de ese diario relataban escenas tristes, estas estaban llenas de un extraño sentimiento de convicción. Especialmente, aquellas que estaban escritas con fuerza en su última página...
"Solo hay una vida y una muerte; vive con el temor a morir y muere con la alegría de que no volverás a sufrir"
Fue en aquel momento que finalmente lo entendió...
La muerte no debe ser acelerada, debe vivirse en paz hasta liberarse de esas cadenas. Apreciar la vida no es necesario, pues es una bendición morir y lo haces cuando te toca, no cuando tú quieras.
Esa fue la nueva resolución del joven Eduard.
-.-.-.-.-
Biblioteca, Rumanía
Hace 1 año
La sala se encontraba en un silencio sepulcral.
En aquel vasto lugar, solo una figura podía observarse además de la de la bibliotecaria.
Los años habían pasado y ahora Eduard era un estudiante común; su cabello negro había crecido y ahora le llegaba hasta los hombros, mientras que había desarrollado una nueva e interesante afición; la lectura.
Su conocimiento en distintos ámbitos era remarcable. Si bien no podía competir contra aquellos que se especializaban en el área, no se le podía considerar ningún ingenuo...
Es por eso que, de hecho, "común" ya no era un término aplicable a él...
El pelinegro observó, por un momento, la carta abierta a un lado del libro que se encontraba leyendo, encima de un montón de otros papeles que parecían ser de alguna clase de investigación...
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Danganronpa: Criminal Mind
Fanfiction16 talentosos estudiantes de todo el mundo son llevados a la Isla Yahve, lugar donde conocerán a un simpático oso, quién está decidido a hacerles caer en desesperación. ¿Quién sobrevivirá al juego de matanza mutua? ¿Qué secretos alberga el interior...
