Sucesos meses después del segundo parto de Elena...
Aplané la falda de mi vestido color marrón como por quinta vez, no sé por qué sentía que estaba un poco arrugado. Terminé de retocar mi maquillaje y me calcé los tacones de punta negros que Tara me regaló para este día.
Tomé la pinza para el cabello y me hice unas ondas en las puntas, me gustaba con me quedaba el cabello un poco más abajo de los hombros, creo no volveré a dejar que crezca.
Me miro por última vez en el espejo, mis brazos y piernas estaban descubiertos, las ccicatrices se notaban, no demasiado, pero sí lo hacían. No había superado del todo mi pasado, apenas hacía un año y algunos meses de que todo había terminado, pero en serio estaba intentando salir adelante, por mis hijos, por mí, por mi esposo y por mi familia.
Tengo cita con un buen psicólogo cada quince días, nos hemos hecho buenos amigos, al igual que nuestras familias. He sido uno de sus casos más difíciles, de eso no tenía la mejor duda, pero el hombre sabía lo que hacía y tengo que admitir que me ha ayudado bastante.
-Mi diosa, ¿estás lista? -preguntó Jael entrando a la habitación y se quedó estático al verme.
Tenían que ver su cara en estos momentos, yo realmente no pude evitar sonrojarme. Me estaba comiendo con la mirada sin pena alguna, aún no me acostumbraba a que me mirara de esa forma.
-Pero, estas tan... -carraspeó. -Dios mío, Elena, no nos hemos ido y ya quiero arrancarte el vestido.
Solté una carcajada por su comentario, el ensanchó la sonrisa que tenía en su rostro y yo al fin lo detallé: el traje azul marino que llevaba puesto se ceñía perfectamente a su maravillosa escultura, su cabello iba rebelde como siempre, pero un poco engominado. Sonreí al verle puesto el reloj plateado que le regalé por ser San Valentín.
-¿Te gustó tu regalo? -pregunté tragando el nudo en la garganta que se me había formado por el deseo que despertó en mí el sólo hecho de observarlo.
Él se acercó a mí y rodeó mi cintura con sus brazos, atrayendome así hacia su cuerpo.
-Es perfecto. -relamió sus labios.
Pegó sus labios con los míos, ambos encajaron perfectamente, solté un suspiro al sentir su sabor característico. Jael acarició mi espalda por encima de mi vestido y mis piernas se volvieron gelatina. Mordisqueó mi labio inferior y luego me dejó un corto beso en mi nariz para separse.
-Es mejor que nos vayamos ya, sino tu sorpresa tendrá que ser para el próximo San Valentín. -su voz salió entrecortada y sonreí por eso.
Sujetó mi mano de manera firme y no me soltó hasta estar dentro del auto. Mientras él conducía miré el anillo de nuestra boda, casarme con Jael ha sido de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Él me echó una ojeada y yo sonreí.
-¿Crees que mamá y Cass puedan con Aiden y Jaelito juntos? -pregunté.
-Jael es tranquilo, tiene el nombre bien puesto.
Sonreí, -Ya, claro, salió a ti.
Apretó mi muslo enviando una punzada por todo mi cuerpo. Dios mío, ¿por qué hoy lo estaba deseando tanto?
-Tranquila amor, ellas sabrán sobrellevarlo. Además, es sólo una noche.
Porque sí, ya había anochecido, le había pedido algo temprano, pero él insistió en que de noche sería más romántico.
-Me gusta como te ves en traje. -comenté.
-Cariño, a ti te gusto en todas las facetas habidas y por haber. -mostró una sonrisa de lado y yo giré los ojos.
Chasqueo la lengua, -El traje aumenta tu ego ¿no? -reí.
-No, caminar con mi mano en tu cintura o sujetar tu mano lo hace.
Y allí estaban mis mejillas encendidas nuevamente, ¿Cómo podía causar tantas sensaciones en mí con sólo hablar?
Porque estás enamorada.
Era cierto, estaba enamorada de Jael Petterson hasta las trancas. ¿Y cómo no iba a hacerlo? Me demostró ante tratos y palabras cuán valiosa era, ha estado en el proceso de sanar cicatrices, ha llorado conmigo y ha limpiado mis lágrimas, ¿Acaso hay algo más que deba pedir?
Soy feliz con él y con nuestros dos retoños, mis tres hombrecitos me llenan de una felicidad indescriptible.
-Hemos llegado. -soltó y aparcó en el estacionamiento de un enorme edificio que no había visto jamás.
Se bajó él primero del auto y luego me tendió la mano para ayudarme a mí, le agradecí con una sonrisa y caminamos hacia la gran entrada del edificio. Jael sujetaba mi mano con firmeza y no me soltó en ningún momento, yo por mi parte, no dejé de mirar a semejante hombre que tenía en mi vida.
Saludó al vigilante y él nos permitió entrar, el ambiente del edificio era romántico, las luces eran tenues y el aroma a canela era fascinante.
-Con que un hotel... -murmuró y eso lo hizo reír.
-No es sólo un hotel, Elena.
Le dijo algo al recepcionista y luego tomamos el ascensor. Me esperaba un largo pasillo, pero en vez de eso había una enorme sala de estar, con varios sofás rojos y mesitas, también tenía varios materos. Descubrí que sí había unos cuantos pasillos, pero no cómo imaginé, no habían un montón de puertas, sólo una al final de este.
ESTÁS LEYENDO
Raptada | LIBRO 1 |
Misteri / ThrillerSin corregir. Elena Collins, una chica de 23 años, es raptada por narcotraficantes, usada contra su voluntad y maltratada por negarse a cumplir sus órdenes. ¿Podrá Elena liberarse de esa peligrosa mafia, o morirá en el intento? *** 1ER LUGAR EN EX...
