Sin corregir.
Elena Collins, una chica de 23 años, es raptada por narcotraficantes, usada contra su voluntad y maltratada por negarse a cumplir sus órdenes.
¿Podrá Elena liberarse de esa peligrosa mafia, o morirá en el intento?
***
1ER LUGAR EN EX...
Me encontraba en casa hablando con Cassidy y mamá cuando empezaron a darme las fuertes contracciones, me asusté tanto porque ya sabía que al fin había llegado el día que nacería Aiden.
─Todo saldrá bien, tranquila. ─Me decía Cassidy mientras íbamos en el auto rumbo al hospital. ─Ya le textee a Jael, todo saldrá bien, Lena.
El sudor recorría mi rostro, el aire acondicionado estaba encendido y yo sentía como si no, cada vez mi cuerpo estaba más caliente y cansando, las contracciones eran más fuerte y seguida con el pasar de los minutos.
─Vamos, respira. ─Me decía el doctor.
En un rato ya tenía a Jael dándome su mano, la cual apretaba con todas mis fuerzas en cada contracción. No sé cuánto tiempo llevaba en la sala, pero ya me estaba desesperando. Sentía que no iba a poder, tenía miedo, estaba echa un mar de lágrimas, intentaba pensar en otra cosa pero el dolor de parto es demasiado intenso y no me lo permitían. Mis pensamientos se basaban en no volver a tener un bebé nunca más, hasta que escuché ese angelical llanto; el llanto de mi hijo. Jael lo tenía en sus brazos, y les juro que era la imagen más hermosa que nunca antes había visto, mi corazón bombeaba con fuerza y no sólo por lo agitada que me encontraba, sino porque por alguna razón me sentía feliz. Cuando recibí la noticia de que esperaba un bebé y ya todos saben por producto de qué, sentí que mi mundo se desmoronaba por completo, pensé que mi vida ya estaba arruinada, pero es todo lo contrario, verlo a él, al chico que me gusta con mi bebé en sus brazos me llenaba de felicidad. Ya no lloraba por dolor; el dolor se había ido, ahora lloraba de felicidad; mi bebé ha nacido.
Veintiuno de diciembre... creo que mi tatuaje desde hoy empieza a tener un nuevo significado.
─Es precioso. ─Comentó mirándolo con ojos de admiración mientras lo mecía para que dejara de llorar.
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Ya me encontraba instalada en una de las habitaciones, mientras traían a Aiden para que lo alimentara, Jael no dejó de parlotear sobre lo hermoso que era nuestro hijo ─sí así lo llamó, imaginen lo feliz que me sentí.─ y de lo feliz que se encontraba.
Tenía al pequeño Aiden entre mis brazos mientras lo amamantaba, su cabello era negro y tenía gran cantidad, sus ojos eran expresivos de un color marrón como los míos, su piel era tan pálida y suave; era precioso.
─Es tan hermoso. ─Dijo Cassidy mientra tomaba su pequeña manita.
─Estoy tan feliz. ─Esa fue mamá quien lloraba y con un pañuelo secaba su rostro.
Jael estaba a mi lado viendo como alimentaba a mi pequeño, no dejó de acariciar mi cabello mientras lo hacía.
─¿A quién llamas? ─Le pregunto a Cass cuando noto que empieza a andar su celular.
─Es Fabiola, no me contesta.
Después de lo que ocurrió aquel día ella no ha vuelto a la casa.
Al cabo de un rato hicimos todo el papeleo para registrar al pequeño Aiden y así poder irnos todos a casa. Cassidy me ayudó a recoger mis cosas y a sentarme en la silla de ruedas que trajo una enfermera, aún dolía y más cuando intentaba caminar.
Al llegar a casa Jael me cargó y me subió hasta mi habitación, debo confesar que no pude evitar sonrojarme cuando lo hizo. El pequeño Aiden estaba dormido, mamá lo acostó en su cuna y luego me dejó sola con Jael.
─¿Te gustaría merendar algo? ─Me pregunta sentándose a mi lado.
─Gracias, no tengo hambre. ─Sonrío.
─¿Cómo te sientes?
─Un poco adolorida, pero del resto muy bien.
─Es precioso. ─Mira hacia la cuna.
─Como su mamá.
Sonríe:
─Es cierto.
Se acerca a mí y une nuestros labios; sus labios eran cálidos y suaves, eran como una droga, los pruebas y no quieres dejar de hacerlo jamás. Posé mi mano derecha detrás de su cuello para atraerlo más hacia mí.
Al separarnos él estaba completamente sonrojado.
─Iré por algo de comer, yo sí tengo hambre.
Asiento y antes de irse me da un beso rápido.
La noche había sido tranquila, Aiden sólo despertó llorando una vez, lo amamanté y luego durmió tan tranquilo, parecía un angelito. Jael me hizo compañía por supuesto, de hecho, desde que llegamos la pasó en mi habitación, vimos una película mientras me tenía recostada en su pecho, sí, así como lo leen.
Si soy sincera no sé qué somos, pero esto que tenemos me está gustando, pensé que luego de ese otro beso todo se tornaría tenso, pero no fue así. Algo dentro de mí me dice que él también está sintiendo cosas al igual que yo, temo a que no sea así, sería difícil criar a Aiden; me gusta mucho y que él no vaya a sentir lo mismo me rompería por completo.
─Lena. ─Dice mamá entrando a la habitación sin tocar. ─Perdona que entre así, pero hay alguien que quiere verte.
Se veía nerviosa, sinceramente no se quién podría venir.
─Está bien, que pase. ─Digo.
Connor Collins.
Estaba parado en la puerta de mi habitación, no sabría describir lo que siento en este preciso momento, desde aquella vez que lo fui a visitar no había vuelto a verlo, pensé muchas veces en volver pero tenía muy presente que sería igual o incluso peor que la última vez.
─Lena... ─Susurró.
Estaba sentada en mi cama sin moverme, Jael tenía los ojos clavados en mí al igual que papá. ¿Debería decir algo?
Al notar que no diría nada se acercó hacia Jael que tenía a mi pequeño en sus brazos porque se había despertado.
─Se parece mucho a Cassie cuando pequeña. ─Dice tomando su manita. ─¿Podría quedarme a solas con mi hija?
Jael me echa una mirada y le hago un gesto para que sepa que todo estará bien, se acerca, besa mi frente y luego sale de la habitación cerrando la puerta detrás de él, aún con Aiden en sus brazos.
─¿Dejaste que él le diera su apellido? ─Pregunta tratando se sonar paciente.
─Sí, y no lleva el apellido de Alan si es lo que crees. Además, lo que haga o no con mi hijo no es tu asunto.
Quizá estoy siendo grosera con él, pero por Dios, ¿De verdad sólo viene para reprocharme eso?
─Por Dios, Lena, eres mi hija...
─¿Soy tu hija, Connor?, ¿De verdad? ─Río con sarcasmo.─Para ser tu hija creo que te importo muy poco, vienes aquí sólo a reprochar qué apellido lleva mi hijo y ni siquiera te preocupas por el infierno que viví gracias a tu queridísimo socio. En primer lugar, no debiste venir aquí, no eres bienvenido.
Esas palabras me dolían y si así era podría imaginar cuanto le dolían a él.
─Lena, ese niño no fue planeado... ─Interrumpo.
─Es mi hijo, yo decidí traerlo al mundo, esa pobre criatura no tiene culpa de todo lo que viví. Será mejor que te vayas.
─Elena...
─No te quiero escuchar, vete. ─Aparté mi mirada de él.
Salió sin decir más.
Mamá me comentó que el comisario Smith le había permitido venir a vernos acompañado de unos oficiales. Tuve una pequeña discusión con ella, de verdad no quería ver a mi padre, al menos no ahora y mucho menos con esa actitud que tenía.