Capítulo veinticinco ✔

1K 125 23
                                        

025: Ha despertado.

Narra Jael.

Veinte días después...

Hoy la primera noticia que recibí era que Cassidy había despertado, me levanté disparado de la cama, me di una rápida ducha, me vestí con lo primero que vi y salí al hospital.

─¿Puedo verla? ─Le pregunto a Elizabeth.

─Tu padre está con ella, apenas salga puedes entrar.

¿Mi padre?, claro, mi padre...

─¿Ya usted la vio?

─No. ─Esta vez fue Fabiola quien respondió. ─Insistió en pasar él primero.

Astuto.

─¿Está de acuerdo con que pase yo primero que usted? ─Le pregunto.

─Tranquilo Jael, necesito sólo un poco de tiempo.

Asiento y me siento a esperar en una de las sillas. Elizabeth se pasea de un lado a otro y Fabiola muerde sus dedos a mi lado.

─Los dedos no son comida. ─Bromeo.

Me mira y parece estar en otro mundo y luego vuelve a la realidad.

─Disculpa, estoy nerviosa.

─No hay porqué estarlo, ya ella está bien, ha despertado.

Estoy tan feliz. ─Suspira aliviada. ─Deberíamos celebrarlo yendo por algo de tomar.

─Me parece más correcto celebrarlo acompañando a Cassidy.

Iba a hablar pero me levanté interrumpiendola, papá salió de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja.

─Me alegra tanto que haya despertado. ─Dice.

Hipócrita.

─Gracias por todo lo que haz hecho por nuestra familia, Alan.

─No es nada.

Me retiro antes de seguir escuchando cómo el hipócrita de mi padre recibe agradecimientos por nada.

─Jael... ─Susurra al verme.

─No sabes cuanto nos alegra que hayas despertado. ─Acerco una silla a la camilla y me siento.

─¿Leíste lo que te envié? ─Habla despacio, se nota cansada.

─Así es. ¿Qué te ha dicho mi padre?

Suspira:
─Que iba a matar a Elena si abro la boca, tengo que decir la verdad Jael.

─Él no tiene a Elena.

─¿Cómo? ─Frunce el ceño.

─Sé dónde está, él no la tiene. Está a salvo, me estoy haciendo cargo de todo.

─Por Dios, ¿Cuándo piensas decirle al comisario?

─No por ahora, tanto ella como tú aún corren peligro. Elena estará escondida, hay que velar por su salud y la de su bebé, y tú, no digas ni una sola palabra si no quieres que esto empeore. Tengo un plan.

─¿Estás loco?, ¿qué se supone que diré?

─Que no recuerdas nada, no lo sé, inventa algo. Confía en mí, Cassidy.

─¿Al menos podré verla?

─Claro, pero debes tener calma.

Asintió y Elizabeth entró a la habitación, salí para darles su espacio.

Raptada | LIBRO 1 |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora