Cambios repentinos de la pubertad

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Asta sabía que crecer llevaba consigo demasiadas cosas, pero ignoraba la mayoría de estas, para no decir todas.

Cuando la hermana Lilly le habló sobre aquello llamado pubertad, sólo estuvo pensando en el graaaaan estirón que daría. ¿¡Será que dejará de ser tan enano!? Eso lo ponía ansioso, ya quería ver lo que le deparaba el futuro.

Tristemente, había quedado estancado en los 1.55. Era muy decepcionante, pero tampoco era el fin del mundo, tiene cosas peores por las que lidiar. No le generaba complejo su estatura, pero sí odiaba bastante que alguien más se lo recalcara.

Pero no estamos aquí para hablar de la estatura de Asta.

Tal como le dijo la hermana Lilly: la pubertad haría muchos cambios en su vida, ya sean físicos o psicológicos. Aceptó con facilidad el cambio de voz, los granitos molestos y los pelos, porque esos detalles lo traían sin cuidado. Además, al estar en un pueblito tan tranquilo como lo era Hage, favorecía a que todo se lo tomase con más calma.

Sin embargo, aquel cambio en específico fue el que menos se esperó, y el que más confundido lo tenía.

—Yuno, ¿para dónde vas?

Asta ya había terminado de cepillarse los dientes y se dirigió a la habitación para irse a dormir, pero en cuanto cruzó la puerta, vio a Yuno con su almohada en mano, causándole curiosidad.

—A la cama, ¿no?

—Sí, pero... Tu almohada... ¿Por qué la sacas?

Yuno miró al suelo por unos momentos, afirmando el agarre de su almohada. Volvió a ver hacia el albino ceniza, sin dejar su cara de poker.

—Porque ya no podemos dormir juntos, Asta.

—¿Ah? ¿De qué estás hablando?

Asta no entendía porqué de repente decidió eso, obviamente estaría confundido.

—Eso es cierto –De repente había llegado el Padre a la habitación, dándole un susto al ojiverde y se volteó hacia él–. Ya están muy grandes para estar compartiendo cama.

Yuno asintió ante lo dicho, pero Asta siguió arqueando su ceja sin entender aún la relación de crecer y dormir juntos.

—¡Pero llevamos toda la vida así! ¿Qué tiene ahora?

—Asta, deja el berrinche –Le regañó el hombre, haciéndole encoger los hombros–. No podemos darles una habitación separada, pero sí una cama. ¿No te gustaría tener tu propio espacio?

—Te mueves mucho al dormir –Agregó Yuno, por fin yendo a la cama disponible. Dirigió su mirada hacia él, frunciendo el ceño–, eres molesto.

Asta apretó los dientes y también los puños, para luego sacarle la lengua detonando su fastidio.

—¡Ya, pues yo tampoco quiero dormir nunca más contigo! ¡Tonto, tonto, tooonto!

Unos minutos más tarde, los demás niños ya habían llegado a la habitación y fue extraño para ellos no ver a Yuno y Asta juntos, pero le restaron importancia. El gritón, ayudando a Lilly, arropó a sus hermanos mientras ignoraba olímpicamente a Yuno. Al pelinegro no parecía importarle ese detalle, estaba más concentrado en leer.

Fue la primera vez en su vida que dormía solo. Siempre era con Yuno, o todos los niños del orfanato juntos, pero nunca solo. Pero realmente no lo sintió, porque estuvo maldiciendo a Yuno hasta que se quedó dormido.

Al siguiente día seguía molesto con su rival. Bueno, ya no lo estaba tanto, pero sentía que si dejaba de ignorarlo estaría perdiendo, no sabe muy bien qué. Aunque, vamos, conocen a Asta, esa misma tarde volvió a jugar con Yuno como si nada hubiese ocurrido.

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⏰ Última actualización: Feb 06, 2021 ⏰

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