Hyejoo rezaba el Padre nuestro por tercera vez arrodillada en silencio frente a la monumental estatua de Cristo crucificado frente a ella y tenía el amargo sabor del vino al que no se acostumbraba impregnado en la boca. En silencio total, solamente acompañada por el padre y los vecinos los cuales sus presencias eran casi imperceptibles. Cada uno encerrado en su propia burbuja, encerrados espiritualmente con el hombre de enfrente. Los segundos se convertían en horas y el tiempo parecía estancarse en esa fría capilla de paredes de madera y rosas en el suelo dedicadas al Señor.
Pequeños susurros llenaban el silencio surreal y hasta la más imperceptible respiración hacía eco hasta el lugar más recóndito del lugar. Y entre semejante silencio en el que hasta los fantasmas eran expuestos y la paz era apuñalante el grave gruñido del oxido de la gigantesca puerta siendo abierta reventó la burbuja de tranquilidad imprudentemente casi cómico por su poco respeto. Todos los presentes regresaron a ver hacia donde provenía el chirrido pesado entre curiosos y molestos, incluyendo a Hyejoo perdiendo toda la atención en la cuenta de cuantos Padres Nuestros iba.
La luz solar contrastando con una pequeña, cabezona y esbelta figura juvenil femenina. De largos cabellos rizados semitransparentes a la luz, hombros estrechos, figura frágil y una linda faldita corta que dejaba ver sus delgadas piernas delicadas y algo torcidas. Solo era una silueta oscura y misteriosa, parada y silenciosa observando a todos y nadie al mismo tiempo.
Un paso más dentro del lugar y la claridad reveló su belleza.
Sus rizos eran dorados como el oro más puro, su piel pálida como la porcelana, labios cual rosa carmín vivaz, tal como las que estaban dedicadas a los santos en el lugar y mejillas rosáceas como si un hábil artista las hubiera coloreado. Sus grandes ojos oscuros de muñeca paseaban por todo el lugar como si la arquitectura barata fuera lo mas interesante del mundo, curiosa como una niña e ignoraba olímpicamente a los presentes. Dio una pequeña reverencia silenciosa como saludo y disculpa por la interrupción en la que sus dorados rizos danzaron magníficamente ocultado su pequeño rostro entre ellos, saltaron y volvieron a su lugar perfectamente como si hubieran sido entrenados para tener la habilidad de ser impecables. El padre le dio la bienvenida aunque la misa estaba por terminar. El lindo uniforme grisáceo de colegiala de sweater una o dos tallas más grande de lo que debería y falda de tablones rebotó con suavidad majestuosa con el pomposo caminar de la muchachita sobre su etérea figura fina. Para evitar molestias tomó asiento al último, en el borde de la banca más cercana a la puerta y mostrando con su brillante mirada pena, cerró la vieja puerta chillona antes de tomar asiento. Y como si nada la misa prosiguió con la palabra del padre en frente y la gorda biblia en sus manos.
Aunque todos dejaron de ver a la chiquilla de apariencia brutalmente inocente la curiosa y sin admitir cautivada Hyejoo tenía la mirada fija en la muñeca con vida al fondo. Como si fuera un hechizo en la capilla, los segundos se convirtieron en eternidades y el tiempo se estancaba en la sagrada palabra. Porque a pesar de que fueron fugaces segundos en los que hechizada, admiraba a la misteriosa chiquilla se sintió como si hubiesen pasado cien años y más. Cuando sus ojos se conectaron con los ajenos la vergüenza la atacó y desvió la mirada en un segundo, tratando que no la viera. Sintió la mirada de la muchacha clavada en ella unos segundos más y finalmente la atención ajena se desvió a la palabra del Señor. Ojala ella también hubiera podido hacer lo mismo.
Para cuando acabó la misa y después de haber tomado la poca valentía que tenia y haber meditado si era una buena acción durante todo lo que sobró de la celebración regresó a ver al fondo buscándola encontrando que la misteriosa joven había desaparecido. Sin un hola ni un adiós al aire con su propia boca de cereza se esfumó. Decepcionada por dentro Hyeojoo fingió que no ocurría nada para no confundir a si misma y al resto de despidió del padre al cual conocía desde que era una inocente niña. Dejó el lugar con la imagen de la bella chica en su cabeza impregnada. Distraída y curiosa al atardecer. Se preguntaba que ocurría con la vacía Hyejoo cuyo único sentir en esta vida era la tristeza y hoy, una chispa había en la oscuridad de su alama aterrada.
Los días pasaron y con ellos la ilusión de la chica de rizos de muñeca como la había llamado Hyejoo en su creativo insomnio. La chica se desvaneció de sus pensamientos en un breve lapso de tiempo y para cuando llegó la tarde de Domingo ya no era importante.
Puntual y preparada como siempre, entró antes de que inicie a la capilla y grande fue su sorpresa al notar que unos brillantes rizos contemplaban un cuadro desde el mismo asiento de la última vez con una rosa azul en manos. Silenciosa la miró al percibir el golpeteo de su diminuto tacón sobre la cerámica y dulzona le regaló una sonrisa a la pelinegra en modo de saludo y una pequeña reverencia con la cabeza. Una sonrisa, la más cálida que el frio corazón de Hyeojoo pudo contemplar en su mísera vida. Tan bella, tan vivaz, tan preciosa que su memoria la enmarcaría para siempre en oro y rosas. Iluminada por el Sol ya cansado de la tarde y mezclado con el azul tenue, los ángeles la coronaban con hermosura y Dios le daba alas. Esa maldita sonrisa que jamás dejaría el alma de Hyejoo.
Y aunque al final desapareció antes de lo que deseaba los días transcurrieron y en cada ocasión en la que ponía un pie en esa diminuta edificacion encontraba al fondo, serena y callada, casi inerte a la joven rubia. A veces sonreía, mostraba los dientes o solo torcía sus sonrosados labios, o tan solo sonreía con su preciosa mirada tan dulce como la miel. Estuviera tan solo acompañada por el padre en media semana por la tarde o con centenares de personas en la mañana de Domingo o en fechas especiales ella estaba ahí, mirándola y sonriendo bondadosamente a su persona cada vez que sus miradas conectaban.
Así con la mágica presencia lejana de la muchacha esas tediosas misas a las que había asistido desde que tenia memoria dejaron de ser vacías y se convirtieron en alegres, aunque fuera superficial y fugaz. Era una sensación tan bella y ajena a Hyejoo que su agradable sentir era adictivo, tan esplendido que ni siquiera podía expresarlo con palabras. Como miles de fuegos artificiales, ruidosos y coloridos en medio de la noche. Iluminaba esa oscuridad del vacío de confiar en la nada, coloreaba tan solo con sus gigantescos orbes chocolate todo ese mundo gris antiguo y asfixiante. Como si con esa sonrisa la salvara y le diera en verdad esa vida eterna y pase al cielo que tanto le habían prometido. Incluso la oscuridad se sentía brillante y caminaba feliz por las calles al atardecer sin sentido. El ángel de la capilla de ojos redentores y rizos tiernos era el nuevo nombre que le puso Hyejoo a la chica una madrugada de Domingo a Lunes.
jAKJCDALKSMDQWIN ya se puso jota, como yo. Y traumada con la religión, como yo x2.
Este cap se lo dedico a mi crush, wey mi se estas leyendo te amo we, eres hermosa we, besémonos we. ahre
Enfin que son las dos de la mañana, estoy con indigestión porque doña pendeja se tragó frijoles en la cena y no me quiero dormir. Ojala les haya gustado, ya no sé que decir, coman saludable, stan loona, stream one & only porque le queda como anillo al dedo al cap jaja y nos leemos en la próxima uwu.
Si hay alguna falta gramatical u ortográfica por favor notificar uwu.
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𝐆𝐎𝐃 𝐒𝐀𝐕𝐄 𝐌𝐄 ❛𝓗𝔂𝓮𝔀𝓸𝓷❜
FanficHyejoo es una chica que ha crecido en un ambiente fanático religioso dónde poco sabe lo que es vivir. Y Chaewon una misteriosa chica de lindo cabello rubio y piernas finas que vino a darle un vuelco a todo lo que creía en su vida. ❝No tengas miedo❞ ...