Capitulo 6.

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Louis no salió de su despacho durante el resto del día, el que no comiera con la familia ya era algo muy común, así que no les extrañaba como al principio. Aquella noche, las tres mujeres, cuando terminaron de cenar, pasaron al salón, solían charlar durante un buen rato, antes de irse a dormir.
- ¿Sabías que Louis sale para Londres mañana? - preguntó Geraldine dirigiéndose a Melanie.
- No, no tenía la menor idea de sus planes -respondió -, pero no me extraña, porque nunca me comenta nada - añadió bromeando y miró a Mia que estaba hojeando una revista -. ¿Y Mia, va con él?
-No, ella se queda con nosotras -respondió Geraldine.
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Louis de hoy a mañana puede cambiar de opinión y llevarla con él -insistió Melanie.
-Te digo que Mia se queda -contestó la señora Tomlinson molesta, y mirando a la pupila de su hijo añadió -: Mia, ¿serías tan amable de acercarme un cigarrillo?
Se levantó y lentamente se acercó a la mesa, cogió la cajetilla y le ofreció uno, se lo encendió y Geraldine sonriendo preguntó:
- ¿Fumas, Mia?
- Alguna vez -respondió, volviendo a su asiento -. En el convento lo hacía sin que las hermanas lo supieran, nos tenían prohibido fumar dentro del recinto.
- Es normal -y tratando de parecer indiferente, preguntó -. ¿Conoces las razones que movieron a Henry a sacarte del orfanato?
- Creo que eso no tiene importancia, tía - intervino Melanie, últimamente siempre defendía a Mia de los comentarios maliciosos de Geraldine.
- Yo opino lo contrario, sobrina - y mirando a Mia, insistió -: ¿Y bien, Mia?
La joven suspiró echando la cabeza hacia atrás, cerró la revista y dijo tranquilamente:
- Supongo que lo que le indujo a obrar de esa manera fue el parentesco que le unía a mi padre, como usted sabe éste era su sobrino.
- Lo sé - contestó con ironía -, estoy al tanto de la relación familiar que te unía a Henry, pero no entiendo ese repentino interés; por lo que sé, nunca mantuvo relaciones con tus padres.
- A decir verdad, teníamos noticias suyas sólo en Navidad, todos los años nos felicitaba en las fiestas -comentó Mia.
- Entonces estarás de acuerdo conmigo en que fue muy extraño su comportamiento cuando te quedaste huérfana.

- Cuando murieron mis padres, me imagino que pensó que era cuando su presencia hacía falta.
- No consigo entender sus motivos - insistió Geraldine.
- ¿Y usted piensa qué debió tener alguno? -preguntó Mia.
- ¡Por supuesto! Si le hubieses conocido tan bien como yo, pensarías lo mismo.
Melanie miró Mia y pensó que hacía falta su intervención.
-Tal vez le acosabas tanto, que lo hizo para alejarse de ti- dijo en tono burlón -. Con Louis está sucediendo lo mismo - recalcó Melanie.
- ¡Cállate! -ordenó la señora -. Sabes que tu primo tiene que viajar a Londres por su trabajo.
- ¿De veras? -Preguntó Melanie, retándola con la mirada-. Él sabe muy bien que si sale de su despacho, tú te encargarás de que Yvonne lo sepa y se convierta en su sombra.

- ¿Cómo te atreves? Exijo que te disculpes por lo que has dicho.
- De acuerdo -contestó Melanie cruzando las piernas y apoyándose en el respaldo -, creo que he hablado demasiado, pero sigo pensando que a las personas les molesta estar tan controladas. Y a ti te encanta controlarlas.
- ¡Nadie controló nunca a Henry Farriday! -exclamó Geraldine tratando de calmar su ánimo.
- Puede ser. Pero insisto en que haciéndose cargo de su sobrina, encontró una buena excusa para alejarse de Grey Witches.
Mia las escuchaba resignada, tía y sobrina se pasaban la vida discutiendo constantemente, y el tema de sus discusiones era Louis. Ella estaba de acuerdo con Melanie, Geraldine era una mujer ambiciosa, sobre todo cuando se trataba de su hijo.
- Espero que las intenciones que movieron a Henry fueran sólo esas -añadió Geraldine.
- ¿Y qué otras podrían ser? - pregunto Mia.
- ¡Cualquiera sabe! -dijo Melanie sonriéndole -. Mi tía cree que el resto del mundo piensa como ella.
- ¡Melanie! - Exclamó la señora -, te suplico que si no puedes abstenerte de emitir tu opinión, desaparezcas de mi vista.
Melanie no se inmutó por las palabras de su tía, se acomodó en el sillón y se dispuso a hojear la revista que había dejado Mia minutos antes. Ésta estaba incómoda por la discusión que presenciaba; su ánimo ya había decaído lo suficiente al saber que Louis partiría para Londres como para presenciar las peleas rutinarias de las dos mujeres, con las que vivía.
Se puso de pie dispuesta a abandonar la habitación.

El sueño de una adolescente | l.t|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora