❝Renaces como una flor marchita después de la fiera lluvia, pero buscas escapar de tu antiguo reino, sollozando de forma casi inaudible por auxilio, en una voz más dulce que aquella que puedo recordar❞.
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❦Un Fanfic en honor al hermano de Karlheinz...
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Rápidamente, la fundadora se teletransportó hasta el laboratorio del segundo hijo de la familia, logrando disimular un poco su agite por lo recién ocurrido.
Al ingresar, se topó con el firme varón de lentes, quien leía un libro de Química— Señorita, llega tres minutos tarde. Se suponía que debíamos iniciar lo más pronto posible —puntualizó él—. Agradecería que trabaje en su puntualidad.
—Es cierto, me disculpo por ello, Reiji-san. Pero debo decir que se presentaron algunos imprevistos —explicó la Tsukinami, que ya quería terminar de despejar su mente, concentrándose en algo más. Además, cabía destacar que la fémina tomaba aquella tutela como una especie de favor para no sentirse tan agobiada con la importante decisión que debía tomar, y como una curiosidad extra, recordaba a su progenitora.
Reiji le ofreció sentarse, y así lo hizo, mientras trataba de volver en sí, ya que su mente se hallaba flotando. Era observada de forma discreta por el contrario, que se mostraba inexpresivo.
—Buena postura, aunque no debería verse tan rígida —explicó, negando con la cabeza. Ella asintió, para proceder a respirar un poco, intentando serenarse, hasta por fin lograrlo—. ¿No ha pensado en alguna decisión? —Inquirió de súbito, colocando un látigo en un lugar visible, acción que causó que una oleada de nervios le recorriera.
—Me temo que no. Resulta aún más difícil escoger si no conozco bien a ninguno —justificó Kaori, observando a la nada por un instante, y luego retomó su enfoque. Tenía los nervios a flor de piel, era obvio que se sentía presionada.
—Debe mantener el contacto visual en todo momento. Si sigue cometiendo tales errores, o cualquier otro, tendré que castigarla severamente, no permitiré nada menos que la perfección —dictó el más alto, con voz gélida—. Seguiremos con estas clases siempre que podamos coincidir con éxito. La mantendré informada, puede retirarse.
—Oh, hay algo que quería preguntarle... ¿Podría hacer uso de la cocina después? Sé hacerlo, además, la mantendría limpia y organizada como se debe, ya que no considero conveniente dejar la práctica —expresó la de aspecto familiar, anhelando una respuesta positiva.
Después de unos momentos de silencio, el de cabellos carbones se dispuso a hablar— Es una petición algo inusual, pero si se compromete a mantenerla tal y como está, entonces está bien —respondió, arreglando sus lentes en el puente de su perfilada nariz—. Me imagino que no debo decirle las consecuencias si un desastre ocurre, ¿verdad? Tomaré las medidas que sean necesarias para disciplinarla adecuadamente —sentenció, mirando a la contraria de forma directa.
—Entendido, gracias —dijo la fémina, dispuesta a cumplir su palabra. Aunque se encontraba temerosa por la advertencia, sabía que no iba a provocarlo para que la cumpliese-. Con su permiso, me retiro -anunció, levantándose del asiento, para después hacer una reverencia e irse de dicho lugar.