❝Renaces como una flor marchita después de la fiera lluvia, pero buscas escapar de tu antiguo reino, sollozando de forma casi inaudible por auxilio, en una voz más dulce que aquella que puedo recordar❞.
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❦Un Fanfic en honor al hermano de Karlheinz...
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Dedicación, goce, disfrute y seducción, esos eran algunos de los aspectos que caracterizaban el idilio entre el par de cuñados, el hermano del Rey Vampiro y la esposa del susodicho.
Cada momento que pasaban esos amantes podía considerarse exquisito. Y, a pesar de que el tiempo pasase, Richter no dejaba de admirar a Cordelia como su musa... Una mujer divina, digna de su completa atención y adoración.
—Eres la encarnación del encanto, es obvio que tantos te amen —expresó el de mirar jaspe, haciendo conexión con los orbes esmeraldas mientras caminaban por los alrededores del lugar de residencia de ella, y "el resto".
—Ah... —suspiró Cordelia con brevedad y ligereza— Deseo que no estés ausente, para seguir escuchando tales pensamientos tuyos. No dejes de dedicarme esas palabras dulces ¿Bien?
Aunque la relación entre ellos no podía ser tan estrecha como él deseaba con todo su ser, aceptaba el romance furtivo que tenían. Aquello era algo más que auto-condenarse durante toda la eternidad o gran parte de su vida en ella. Eso significaba una entrada temporal al cielo, lo era si pensaba en que no podían desearse gracias a la derrota que sufrió ante su hermano mayor.
La de largos y lacios cabellos violáceos, la dueña de su devoción, tenía todo de él, aunque Richter no tuviera el entero amor de ella, desgraciadamente. Pero, el de cabellos verdosos lograba olvidar eso en gran parte, lo hacía cuando se entregaban de forma absoluta a las caricias y el placer, pero en el caso de él, la temperatura no sólo aumentaba en el ambiente, sino en una parte interna de su ser. Él sabía que la amaba de forma ciega, pero en ese entonces no sabía si interpretarlo como una bendición o una condena.
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Besos en el cuello, un contacto hambriento y deseoso entre bocas, toques, caricias desde su espalda hasta los muslos y largas piernas.
Para el varón no existía impedimento alguno al entregarse a ella y fundirse juntos por todo el rato que se pudiese. No importaba que ella pensaba en su hermano, él confiaba en que lograría borrarlo de su mente.
—Richter, no te contengas —pidió ella con firmeza, pero suavidad. Había sido completamente despojada de aquello que la cubriese, estando expuesta ante su contrario, algo que no le molestaba en absoluto.
—Mgh, Cordelia... Eres fascinante —elogió el vampiro, recorriendo el panorama femenino ante él, la veía y apreciaba como una auténtica y magnífica obra de arte, algo mucho más allá del alcance de cualquiera que pudiese desearla.
—¿Sí? ¿Qué tanto? —Interrogó, con una sonrisa socarrona mientras era admirada por su fiel amante.
—Desde las yemas de tus dedos hasta cada punta de tus cabellos —respondió él con total sinceridad, sonriendo de forma leve.
—Ah, si sigues moviendo esa boca tuya de tal forma, creo que no podré evitar quedar más encantada cada vez, nfu~ —admitió la fémina con su característica voz sensual, esa que invitaba y hacía a su cuñado sucumbir aún más ante ella.