❝Renaces como una flor marchita después de la fiera lluvia, pero buscas escapar de tu antiguo reino, sollozando de forma casi inaudible por auxilio, en una voz más dulce que aquella que puedo recordar❞.
.
❦Un Fanfic en honor al hermano de Karlheinz...
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
Kaori iba caminando por las afueras de la mansión, recorriendo un poco el jardín de Subaru, apreciando el hermoso paisaje y el ambiente que creaban todas aquellas rosas blancas. Estar rodeada de naturaleza le parecía terapéutico, lo consideraba hermoso, ya que podía dejar fluir sus pensamientos con total calma.
Se sentía algo descolocada, pues sabía que debía buscar una mayor interacción con los Sakamaki para poder avanzar en lo que se le había dictado como deber, pero había algo que no le permitía ceder como ella desearía. Quizá era su orgullo, o la desconfianza que le inspiraban los hijos de Cordelia, que provocaban que terminase evadiéndolos involuntariamente, puesto que tampoco notaba un esfuerzo de la parte masculina.
Un poco más adelante, logró divisar al dúo de orbes esmeralda platicando con tranquilidad, y decidió cambiar su rumbo, pero de forma inevitable, los hermanos aparecieron frente a ella.
—Buenas —saludó la fundadora a los varones, curiosa sobre por qué se habían acercado.
—Oi, ¿qué haces, Nūdoru? —Interrogó Ayato, escrutándola, casi como si leyese la mente de la Tsukinami.
—Doy un paseo. ¿Y ustedes? —Dijo tranquilamente la menor.
—Esto no es un sitio turístico, tch... —medio regañó el de cabellos rojos, volteando un poco sus ojos— Nosotros pasábamos el rato, y ya íbamos dentro para hacer alguna otra cosa.
—Ya veo... Está bien —respondió ella, asintiendo con levedad.
—Hey, Ecchi-chan, ¿no te sientes aburrida? —Preguntó el Sakamaki de lunar.
—¿Uh? Un poco —admitió la fémina.
—Entonces ven con nosotros —sugirió el heredero, tomando una de las manos femeninas.
—¡Hagamos algo más interesante! —Canturreó Laito, entusiasmado, antes de que se teletransportaran al cuarto de juegos.
—¿Billar? Y... ¿Dardos? Mmm, me temo que no sé mucho de esto —dijo la de largos cabellos castaños, aunque no se cerraba a aprender del tema, sino lo contrario.
—¿Para qué estamos? Podemos enseñarte, en serio que yo estaría encantado de ser tu maestro~ —comentó Laito animadamente, quitando a la fémina de lado de su hermano.
—¡Eh! ¡No trates de desplazar así como así a Ore-sama! —Se quejó el mayor, alzando una ceja y frunciendo su ceño al darse cuenta.
—Ay, perdón Ayato-kun —se disculpó el de lunar, riendo un poco.
—Bueno, ¿seguimos? —Interrumpió la de mirar ágata, interesada.
—Claro, claro. En realidad es algo muy simple... Tu puntuación dependerá de en qué zona caiga tu dardo. Cada quién tiene tres oportunidades solamente, y si rebota a la diana, no cuenta. El turno se escoge al ver qué jugador acierta más cerca del centro —explicó pacientemente el de fedora, señalando y mostrando cada objeto que mencionaba, para luego quedar al lado de la menor.