Capitulo 3

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Nunca había tenido suerte en el amor. Desde pequeño, mi madre me hacía ver películas de distintos géneros, pero el romance siempre fue mi favorito. Cada historia parecía tener algo en común: el amor intenso de Patrick por Kat o, el simple hecho de perseguir el sueño por un futuro juntos, como Noah y Allie. Aunque debo admitir que los apodos cariñosos como "bebe", "amor" o "corazón" siempre me parecieron un poco espantosos. Siempre me sonó tan... vacío. Lo que yo quería era algo real, algo que no tuviera que camuflarse en palabras bonitas para ser creíble.

Mi hermano Dylan era todo lo contrario: un mujeriego y el maestro de las apuestas, ya sea en cartas o en jugar con los sentimientos de las mujeres. A veces me preguntaba si a él realmente le importaba alguien, pero lo que más me molestaba era que parecía tener siempre todo bajo control. Yo, en cambio, prefería observar desde las gradas del gran estadio, donde nadie podía verme. Si me mantenía al margen de todo, nada me podía dañar.

Pero había una chica de la que no quería alejarme por nada en el mundo...Valerie. Siempre me pareció interesante. En clase, solía acercarse para preguntarme cosas y no paraba nunca, y esa rutina se estaba volviendo una parte vital de mi día.

Ahora, mientras miraba alrededor de mi propio funeral, la vi. Comencé a acercarme a ella, esperando que no estuviera llorando, porque eso me destrozaría en mil pedazos. Cuando finalmente la vi, me di cuenta de lo mucho que me preocupaba. Valerie estaba sentada en el banco, encorvada y mirando al suelo. No quería verla triste. Sus ojos se sentian apagados, rojos y un poco hinchados. 

Y recorde...

29/09/2018

— Valerie... —dije suavemente, intentando que mi voz no temblara al acercarme luego de mucho tiempo a ella.

Valerie levantó la mirada, y por un momento, todo el ruido del salon del colegio desapareció. Solo existían sus ojos, y en ellos vi algo que no había visto antes: fragilidad. Era como si una parte de ella se hubiera quebrado, y yo no sabía cómo repararla.

—¿Qué pasa? —le pregunté, temiendo por mis palabras. ¿Cómo le podía hablar sobre su dolor cuando ni siquiera sabía cómo lidiar con el mío?

—Nada —respondió, aunque su voz era débil, apenas un susurro. Se pasó una mano por el cabello, y vi cómo se le caían unas lágrimas, las cuales rápidamente se secó.

—No eres buena mintiendo —dije, sonriendo de manera forzada, pero intentando al menos hacerla sentir un poco mejor.

Ella dejó escapar una pequeña risa, aunque no fue como las que solía escuchar. No era alegre, era como si estuviera forzándola para solo fingir. 

Me quedé en silencio por un momento, observándola.

Valerie respiró hondo, intentando recomponerse, pero el esfuerzo era palpable —Es solo... que a veces las cosas no son como uno espera —dijo, su voz temblaba.

— Lo sé... —respondi, como si de alguna manera la entendiera. 

—Lo que pasa es que... no sé qué hacer, Aiden. No sé a dónde ir, no sé cómo seguir, no sé cómo dejar de sentirme así.—Sus palabras salieron como si lo que habia estado guardando finalmente saliera a la luz. Subio su mano y la apoyo en su pecho, masajeando. Y sin pensarlo dos veces, la tome con mis manos y las sostuve en medio de nosotros. Sus ojos se inundaron de lágrimas otra vez Me agaché a su lado, y acerque mi rostro al suyo, dejando distancia.

—Valerie... no tienes que cargar con todo esto sola —dije finalmente. No sabía si lo que decía era correcto, pero no podia quedarme callado.

Ella levantó la mirada, sorprendida. Un par de segundos pasaron antes de que su expresión cambiara un poco, de la tristeza a una especie de duda. Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

—¿Y qué sabes de eso, Aiden? - preguntó, sus palabras ahora tenian una mezcla de tristeza y algo más. Tal vez enojo. 

—Nada —respondí honesto - Pero no siempre hay que saberlo todo. A veces alcanza con que alguien esté, ¿no?

Sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba, pero fue una sonrisa triste. Asintió lentamente, sin dejar de mirarme.  De repente, cambió de tema.

—¿Por qué siempre te escondes? - preguntó, mirando mis ojos con curiosidad. Una que me volvia loco.

—No me escondo —respondí, pero mi voz fallo. 

—Claro, claro... —dijo ella, apretando sus labios, dando señal de comprensión.

Me acerqué más y, volviendo a la conversacion anterior, le dije:

—Valerie, no sé cómo ayudarte, pero quiero que sepas que no estás sola. No tienes que estarlo. Si alguna vez necesitas hablar, aunque sea de cosas tontas, solo llamame.

—Gracias, Aiden —dijo ella suavemente, casi como si no pudiera creer lo que había escuchado. Su sonrisa tímida fue la única respuesta que necesité.

Dias después...

—Y cuéntame algo de ti, Aid —me dijo Valerie por milésima vez en la semana.

Después de clases, descubrimos que íbamos por el mismo camino a casa, así que siempre que podíamos, volviamos juntos.

—¿Otra vez, Valerie? —detuve nuestra caminata.

—¿Otra vez qué? —se dio la vuelta para mirarme a los ojos.

—Es como la quinta vez en el día que me preguntas eso. ¿Qué pasa? ¿Se te acabaron las preguntas? —le pregunté, dando un paso hacia ella.

—Eso no es verdad, nunca te lo había preguntado. Y no, ya quisieras que mis preguntas se acabaran, Aiden Scott —intentó mirarme a la altura, pero terminó tropezando en el intento.

—No puedo creer que hayas intentado desafiarme, Valerie —la sostuve por los hombros, y fue mi turno de mirarla a los ojos.

—¿De verdad crees que, por mi altura, no soy capaz de desafiarte, Aid?

—¿Me has llamado Aid? —fruncí el ceño, y mi expresión de disgusto fue inmediata.

—Sí, ¿hay algún problema con eso? —se acercó a mí.

Al darme cuenta de lo cerca que estábamos, entendí que no podía hacerle esto a Valerie. Nunca lo haría.

Me separé.

—Lo siento, tengo que irme, Valerie.

—Pero Aid, vamos en la misma dirección —dijo con una risa que podría escuchar durante horas si tuviera la oportunidad.

—Sí, pero esta vez voy a la casa de un amigo cerca de aquí. Hasta mañana, Valerie —la saludé y me fui en dirección contraria, sintiendo como mi corazon se rompia dejandola, pero sabiendo que era lo mejor para ella

Más allá de mi ataúdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora