¿Final feliz o el inicio de una nueva aventura?

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Gajeel estaba por perder la paciencia. Llevaban caminando varias calles sumidos en el silencio y Levy no daba el menor indicio de querer entablar una conversación con él.

A diferencia de Natsu que era impulsivo por naturaleza, él era más cauteloso y reservado, sin embargo, sabía que de seguir en la misma situación por más tiempo, llegaría a cometer alguna estupidez propia del pelirrosa.

—Enana —llamó por tercera vez, obteniendo el mismo resultado, silencio.

Caminaron una calle más y el pelinegro pudo ver el hospedaje donde Levy se alojaba junto algunas compañeras del gremio. Era consciente que una vez que ella entrara toda oportunidad de hablar se habría acabado, no tendría modo de seguirla hasta su habitación y aún si pudiera, eso solo empeoraría todo.

Reuniendo el valor que le quedaba, estiró la mano hasta sujetar suavemente el brazo de la peliazul, logrando que dejara de caminar.

—Enana, escúchame —se apresuró en hablar.

Levy le dirigió una mirada enojada.

—No me digas enana —respondió cortante.

—Ah... De acuerdo, bien. Levy, hablemos.

—¿Ahora quieres hablar? —le reprochó sin poder contenerse—. Dijiste que me explicarías todo después de la batalla y te desapareciste. Y para empeorarlo todo, luego se te ocurre aparecer junto a Natsu entrando al vestuario de chicas.

—Igual no vi nada —trató de defenderse el pelinegro e inmediatamente se arrepintió haber abierto la boca.

Las mejillas de Levy se tiñeron de carmín producto de la vergüenza y el enojo. Su mano libre se alzó dispuesta abofetearlo y Gajeel agradeció sus rápidos reflejos que le permitieron sujetar su mano antes de que llegara a su rostro.

—¡Suéltame! —protestó la más baja.

—Escúchame —pidió el Dragon Salyer sin soltarla.

—¡No! ¡Suéltame!

—¡Enana, cálmate!

—¡No me digas enana! —refutó Levy ya al borde de las lágrimas por la frustración que sentía—. ¡Eres un idio...!

La oración jamás llegó a completarse, para sorpresa de ella y del mismo pelinegro, la había apegado hacia su cuerpo y había callado sus protestas con un beso.

Su primera reacción fue la de intentar alejarse, y aunque pataleo en su afán de lograrlo, se rindió a los pocos segundos, dejándose llevar por el tacto de Gajeel. Levy había guardado sus sentimientos por un tiempo creyendo que solo existían desde su dirección y aquel gesto por parte de él, le devolvían una nueva esperanza, más grande y sólida que cualquier otra.

Gajeel no se encontraba mejor, consciente de que al final había terminado dejándose llevar por un impulso como temía. Sin embargo, ver las lágrimas de Levy correr por sus mejillas fue algo con lo que no pudo lidiar, en su desesperación por hacer algo por ella y que le diera la oportunidad de explicarse, su cuerpo había decidido actuar por su cuenta. No era como si besarla le molestara, todo lo contrario, internamente se regocijaba de felicidad y esto aumentó aún más cuando ella dejó de forcejear para corresponderle el beso.

El tiempo dejó de tener alguna importancia, pero tras lo que fueron segundos o minutos, tuvieron que separarse por falta de aire, alejando sus rostros un par de centímetros sin poder apartar la mirada uno del otro.

—Gehe —sonrió el pelinegro, mostrando una expresión llena de orgullo y felicidad—. Ahora que ya te callaste, ¿me escucharás, Levy?

La peliazul fue incapaz de hablar con su mente aún dispersa por lo sucedido, así que se limitó asentir.

Su aromaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora