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—No... no... tampoco... menos... este tal vez, pero no.

Los dedos del tierno castaño estaban que dolían de tantas veces que presionó el índice en la pantalla para mostrarle las imágenes a su padre, el inconforme.

Posteriormente de llegar al trabajo se tomó la molestia de ofrecerse para enseñarlas, mismamente SunHee tendría más tiempo para encargarse de otras cosas, pero desde que colocó la primera fotografía, su progenitor solamente ha votado unas ocho.

—Esas son todas. —dijo fatigoso.

JungBae posó sus manos en el escritorio, las deslizó por éste, y las volvió a colocar en su cuello para próximamente morderse un poco sus uñas. Pensaba en cómo ingeniárselas con objeto de poder mostrar su revista de aniversario al mundo. Tenía que ser perfecta desde la primera hasta la última página. Nada podía salir mal.

—No me queda más opción, hijo. Llámalo.

Los ojos del chico se iluminaron, haciendo que olvidara por completo su malestar en los dedos. Su padre evitaba a toda costa utilizar su carta bajo la manga en cuanto a los modelos. Había uno en particular, que para cualquier cosa que necesitara encajaba perfectamente.

JungKook estuvo esperando por mucho tiempo el regreso de su viejo amigo, con el que compartió muchos momentos de su vida. Desde que era un chiquillo se conocían y mantenían una gran amistad, los dos siendo modelos desde pequeños se entendían el uno al otro.

—¿Lo dices en serio?

—Por supuesto, no me queda de otra. Llama a Kim antes de que me arrepienta.

Salió lo más rápido que pudo y buscó el número para proceder a llamarlo. Del otro lado de la línea el chico aceptó gustosamente avisando que iría a la mañana siguiente para acabar con el problema. Una sonrisa se le formó en el rostro inconscientemente. Estaba feliz de verlo de nuevo.

YoonGi quién pasaba con su taza de café puro, costumbre del mayor, lo miró extrañado.

—¿A ti que te pasa? —interrogó para seguir caminando y entrar a su oficina. JungKook lo siguió.

—¡Estoy feliz, hyung! —exclamó haciendo que el pelinegro se inclinara hacia atrás más extrañado—. Pregúnteme el por qué. — mangoneó como niño.

—¿Por qué? —cuestionó sin ganas.

—Papá se quedó sin más opciones y optó por traer a su modelo estrella, que por cierto es un muy buen amigo mío, ¿puede creerlo, hyung?

El pelinegro se lo quedó mirando con su taza en las manos analizando su supuesta estupidez. Para él, la llegada de un amigo no era la gran cosa, nada era tan grande como para gritárselo a todo el mundo.

—No puedo creer hasta dónde llegaron mis amistades —bebió de su taza—. Necesito otra vida.

—Sí, yo creo lo mismo, hyung. Necesita otra vida para ser un poquito más amable. —comentó entre risas mientras salía de la oficina felizmente.

—Mocoso. —masculló para volver a lo suyo.





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El auto pitó dos veces indicando de que se había cerrado, el correcto chico estaba listo para visitar a su hermano menor en casa de su madre. Tras una mañana de trabajo se tomaba el tiempo para pasar tiempo con su familia.

—¡TaeTae! —gritó arrojándose encima un pequeño de mofletes carmesíes—. ¡Mamá, Tae llegó!

—¡Dae-Dae! —emitió entre risas para luego cargar al pequeño y abrazarlo enérgicamente.

RAMÉ ↪ kth + jjkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora