—JungKook, mira. —sugirió YoonGi.
El castaño quien estaba al otro lado de la oficina, volteó confundido y su compañero le indicó con su mano que se acercara. Éste dudaba si acercarse o no, puesto que su muy buen amigo Min YoonGi solía hacerle bromas en cualquier parte, y era extraño que lo llamara sin antes decir lo que necesitaba.
Caminó dudoso ganándose un apresúrate a regañadientes por parte del mayor. Llegó hasta donde estaba y procedió a mirar por la ventana del área de trabajo del chico.
Tres vehículos llegando, cámaras, muchas personas, seguridad abriendo paso mientras controla a los periodista. Eso era lo que se observaba y podía significar una sola cosa para JungKook.
Kim SeokJin llegó.
Rápidamente se despidió y bajó lo más rápido que su cuerpo le permitía hasta la planta baja. Se había alborotado todo el cabello y su chaleco aun lo sostenía en el brazo. Y es que en la oficina, Kook, no usaba chaleco, siempre estaba con su respectiva camisa blanca y en ciertas ocasiones con corbatas.
Su madre esperaba sonriente a su queridísimo SeokJinnie cuando se dio cuenta de que su hijo estaba prácticamente desorientado. Reaccionó inmediatamente y acomodó su cabello mientras le indicaba que se colocara la pieza que le faltaba, y al terminar besó su frente como era costumbre de la maravillosa mujer.
—Gracias, mamá. —agradeció dulcemente el castaño.
—No es nada, mi pequeño bebé. —respondió de igual manera.
Recuerdos vinieron a su mente al escuchar la palabra pequeño. Le recordaba estos, aunque pocos días, que no había hablado con su nuevo hyung. Se preguntaba si estaría bien. Tal vez más tarde le enviaría un mensaje, pero que conste, solo tal vez ya que no sabría si tendría tiempo por la llegada del modelo estrella.
La puerta principal se abrió y fue cerrada inmediatamente para dejar pasar al esperado Kim SeokJin. Alto, cabello oscuro liso, ojos marrones encantadores y unos perfectos y rellenos labios rosas. Sí, estaba como el castaño lo recordaba, o incluso más guapo.
—SeokJin mírate, los años en vez de restar apariencia, te la suben. Ven y dame un abrazo, hijo —Para la madre de JungKook, SeokJin era como su hijo mayor. Desde que era un infante llegaba a quedarse con éste algunas veces. Se podría decir que él fue como el muñeco de práctica para poder criar bien a el esperado Kook—. ¿Cómo estás? ¿Has comido bien todo este tiempo? Si necesitas comida aquí estoy.
—Ah, SooBin noona, no se preocupe, lo que más hago es eso, aunque me encantaría volver a comer de su deliciosa comida —respondió sonriente separándose del abrazo—. Además, no soy el único que no ha envejecido, está hermosa noona.
—No me mientas Jinnie. —señaló entre risas.
—Lo digo en serio —SeokJin desvió su mirada para notar a su hermano de crianza, quién estaba inquieto por querer abrazarlo—. Mira quién está aquí, el heredero de las secretarias. No sabes cuánto te extrañé. —JungKook se acercó y lo abrazó fuertemente.
—Esperé mucho este momento, hyung.
—Yo igual, hermanito.
Se separaron y el menor se ofreció para mostrarle los cambios realizados a la empresa desde la vez que no venía. Pasando por las oficinas le quiso presentar a su mayor compañía en la empresa. No estaba seguro si su quejoso amigo estaba de humor para conocer personas, pero prefirió arriesgarse.
SeokJin se quedó atrás cuando JungKook dio un paso para abrir la puerta y saludar a su supuesto amigo. Escuchó un pequeño quejido acompañado de una palabrota, pues suponía que con la repentina llegada del castaño se asustó un poco y SeokJin empezó a reír bajito.
