Ririka Momobami
El pueblo celebra la llegada de su nueva reina.
En Duan todo se convierte en alegría y luz. Por todos lados se oyen réplicas y versiones de todas las leyendas que se han creado alrededor de la nueva reina, como que Mary se enfrentó a sirenas y dragones. Pero sólo Runa y yo sabemos qué es verdad y qué no.
- ¿Lo echarás de menos?- me pregunta la hechicera mientras caminamos por las calles.
- No lo creo- le sonrío-. Duan ya no tiene nada más que ofrecerme, de momento. Ahí fuera hay miles de ciudades esperándome.
- ¿Y a ella...?
Sonrío.
- Supongo que la he aguantado demasiado como para no hacerlo.
Las dos soltamos una carcajada y ella estira un bostezo.
- ¿Nos retiramos? Mañana tendremos que madrugar...
- Ve tú.- Le sonrío-. Me quedaré un rato más.
Deja un beso en mi mejilla a modo de despedida. Veo a la muchacha perderse entre la multitud y yo retomo mi camino hacia el edificio que estuvo mi casa durante aquellos años. Está decorado, como todos los demás. Allí vivirá ahora otra familia, o tal vez esté vacío y solitario. Allí despedí a mi padre. Pero también, en una pequeña habitación, nací yo. Y el amor al oficio al que quiero dedicarme. Entre esas paredes se quedarán los primeros años de mi vida.
Retomo el paso. Sé bien adónde me dirijo, aunque una parte de mí me pregunta si de verdad quiero hacerlo. Supongo que estoy despidiéndome de todo lo que he sido, para decirle adiós para siempre. Por eso, cuando veo el callejón en el que está el burdel, no me asusto. No lo piso, porque no hay nada allí para mí. Ahora que Kiwatari está muerto, el negocio ha pasado a otras manos y Mary-san le ha puesto normas al nuevo encargado: nada de violencia contra las chicas y, por supuesto, nada de niñas. Si alguna quiere dejarlo, podrá hacerlo.
Sea como sea, yo ya no estaré dentro para ver si las nuevas pautas se respetan o no, aunque me gustaría creer que lo harán.
Nunca podré cambiar lo que fui, pero está en mis manos convertirme ahora en lo que quiero ser.
Rehago los pasos que hace dos lunas hice a la carrera, huyendo. Me detengo. Aquí, Justo aquí choqué contra Mary y ella me miró con su sonrisa bobalicona. Aquí pensé que nuestra princesa era una imbécil y que podría aprovecharme de ella. Si en ese momento me hubieran dicho que iba a ser la única persona de la que podría enamorarme, habría gritado de puro horror.
Unos pasos más adelante. El callejón donde la besé por primera vez.
Y esta es nuestra última noche.
Hoy nos despedimos hasta... ¿Hasta cuándo? Ni siquiera puedo saberlo. Me gustaría que esto... no terminase esta noche.
Rehago el camino hacia el palacio, colocándome la capucha. Sé que muchos hablan de la chica con la que la princesa pasa su tiempo libre, y sé que muchos saben que fui una prostituta. Por eso me he negado a asistir a la celebración de palacio. No quiero ver la censura en los ojos de las personas que se creen mejores que yo, no necesito explicarle nuestra relación a nadie.
Entro en el castillo por las cocinas, donde todo es algarabía pese a la ya avanzada noche. Finalmente, me dirijo a nuestro cuarto a esperarla.
- ¿Mary-san? Pensé que seguirías en la fiesta...
La princesa (o reina... Qué más da, para mí seguirá siendo princesa toda su real vida) se gira hacia mí y entonces veo que lleva la corona entre sus manos.
- Si la chica que conocí al principio y que me llamaba plebeya te viera ahora...
No me espero su siguiente movimiento. Con cuidado, posa sobre mis cabellos su corona, que me queda un poco grande y termina ladeada sobre mi cabeza.
- ¿Qué haces...?
- Observar a mi futura reina.
Enrojezco un poco más.
- Me queda grande, porque, evidentemente, tú tienes un cabezón imposible.
A ella no sólo le queda mejor, sino que le queda perfecta. Ha luchado por su objetivo y aquí está, con un pueblo admirándole. Pero también con un montón de responsabilidades sobre sus hombros.
Sonrío, orgullosa. Mis brazos se enredan a su cuello.
- Serás una gran reina, Mary Saotome.
Sus manos se posan sobre mis caderas.
- Y tú serás la mejor mujer de negocios que Marabilia hay tenido jamás.
- Oh, bueno, eso será fácil teniendo en cuenta las pocas mujeres de negocios que debe haber.
- Mejor me lo pones: serás la primera mujer conocida aquí y en el resto del mundo.
Lo dice con tanta fe en mí, que es difícil pensar que no lo voy a conseguir. Voy a lograrlo o, al menos, lo intentaré con todas mis fuerzas. Se lo debo a mi padre. A Mary-san. Pero sobre todo, me lo debo a mí misma.
Entonces llega el silencio cuando nos miramos. Esta es la última noche para decirnos lo que queramos, para hacer lo que queramos.
El amanecer nunca me había parecido algo tan horrible.
Mi cuerpo se acerca un poco más al de ella. Alcanzo sus labios, que me están esperando. Suspiramos al mismo tiempo. Ella es la única capaz de esperarme toda una vida si es necesario.
Su boca regresa a la mía reclamando un poco más que en otra ocasiones. Estos besos no quieren robarme nada que yo no les quiera dar. Por eso correspondo. Me dejo llevar y ella se deja llevar por mí. Siento como contiene la respiración. El tacto de sus dedos, delicado, contra mi abdomen. No hay ansia, no hay brusquedad. Su boca toca mi cuello.
Nos encontramos de nuevo sólo para despedirnos. Porque es eso. Una despedida.
- Conviértete en la mejor mercader del mundo.
- Haz que Silfos sea el paraíso del mundo.
- Te estaré esperando.
- Te escribiré.
- Te quiero.
- Te quiero.
En algún momento se nos corta la voz. Nos besamos hasta que se nos agotan los labios. Nos limpiamos las lágrimas con sabor a distancia y despedida y procuramos sonreír.
Un último te quiero.
Sé que dejo a la única persona que me ha hecho creer en mí, a la única que ha conseguido que heridas demasiado profundas comiencen a cicatrizar, la única cuyas caricias nunca podría no querer.
Pero también sé que ahí fuera me espera todo un mundo. Sé que la distancia es un paso más para cumplir un sueño.
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Sueños de Piedra
ФанфикшнÉrase una vez un reino muy, muy lejano donde una princesa premió a una maga por rescatar a una joven en apuros. Encantador. Lástima que nada de esto sea verdad. En realidad, la princesa sueña con gloria y venganza; la maga, con que sus hechizos no s...
