Capítulo 9. Seattle.

541 28 7
                                        

Capítulo 9. 

Seattle.

Seis años después.

—Las acciones se han desplomado —dijo Jacob a un lado—. ¿Algo más?

Negué.

—Puedes retirarte, Jacob. Gracias.

Sentí la brisa fresca acariciar mi rostro mientras observaba a James correr por el césped con su cachorro. Sophie leía el periódico del día y Victoria estaba frente a la computadora, como siempre, sin decir mucho.

Durante estos últimos años, Victoria se había mantenido alejada del caos. Se centró en su familia y en los negocios familiares, aunque en estos momentos yo era la presidenta de la compañía.

El primer año me quedé en Nueva York, culminando mis estudios y cuidando de James, mientras Sophie se encargaba de Victoria después del accidente que había tenido en Alemania.

El segundo año continué mis estudios en Seattle, pasando la mayor parte del tiempo en la filial de la empresa.

El tercer año decidí conocer el mundo, al menos un poco. Viajé a muchos países, pero no me atreví a poner un pie en París ni en Londres.

Tres años sin verla, sin sentirla... eran una herida que aún estaba fresca, reciente, punzante, aunque la distancia había enseñado a disimular el dolor con rutina y responsabilidades.

El cuarto año, Sophie me había convencido de presentarme como la heredera y directora ejecutiva de la empresa. Todos se sorprendieron al ver nuestros parecidos, aunque yo no le di mayor importancia.

El quinto año, Victoria se retiró invicta de todo, sin tener que demostrarle a nadie su poder. Ella seguía en las sombras, alejada de todo. Sophie se convirtió en un apoyo fundamental para la familia; cuando surgía cualquier discusión, siempre recurríamos a ella. Y, al final, era ella quien tomaba la última palabra, decidiendo los asuntos más importantes.

El sexto año.

—¿Cuándo nos presentarás al chico con el que estás saliendo, Nico? —preguntó Victoria, dejando sus gafas a un lado.

Me encogí de hombros, restándole importancia. Victoria ya sabía todo de él, y aun así se empeñaba en conocerlo en persona.

Conocí a Arthur en una noche de copas, en uno de esos intentos fallidos por sacar a Annette de mi cabeza... y no podía. Arthur era más que una fachada. Sabía que no podía dejar entrar a alguien a mi corazón. No de nuevo. No aún.

La noche había caído finalmente. Observé mi vestido en el reflejo; estaba bien para esta ocasión.

—Nicola, luces hermosa —dijo Arthur al entrar a la habitación—. ¿Chicas o chicos esta noche?

Me encogí de hombros, sirviéndome un poco de whisky con hielo y limón.

—Asumo que irás con Romney, ¿o no? —dije, negando mientras encendía un abanico y contemplaba la ciudad desde la ventana.

Arthur y yo habíamos decidido mudarnos juntos unos meses atrás, en pleno centro. Él era hijo de un senador en la capital y dirigente de la campaña demócrata. Nos llevábamos bien; Arthur tenía un gusto peculiar por las personas de su mismo sexo, y yo también. Nos acostábamos de vez en cuando, cuando alguno de los dos necesitaba desquitarse, sin necesidad de hablar.

Algunos dicen que el peor dolor es despedirse de alguien a quien todavía amas. Yo creo que el peor de todos es seguir esperando.

—¿Cuándo dejarás entrar a alguien en tu vida?

Blue. (LGBT)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora