Capítulo 11.
Mon chéri.
—¿Y entonces? —preguntó al otro extremo de la llamada—. ¿Qué sucedió después?
Me encogí de hombros mientras iba por mi saco.
—Debo ir a verla —respondí.
—¿No sientes nervios? —preguntó—. Yo estaría nerviosa —habló Yvonne al fondo de la llamada.
Volví a encogerme de hombros.
—La perdí una vez. No puedo volver a perderla.
—Nicola —dijo—. Eres una Louviére. Piensa bien lo que harás.
—¿Y?
Rodó los ojos.
—Sabes lo que implica serlo. Obvio que estás lejos de ser como Victoria, pero conoces la vida que llevas.
—Soy capaz de renunciar a todo por ella, aun si me costara la vida —hablé—. No me importa renunciar a lo que soy.
—¿Y qué harás? —preguntó—. ¿Enamorarla como años atrás y, cuando llegue el momento, irte? —inquirió.
Negué, cansada de la conversación.
—Eres lo que eres, y no puedes cambiarlo.
—Pero puedo adaptarme a los cambios —dije.
—¿Y tu vida en Seattle? ¿Arthur?
¿Por qué demonios debía mencionar su patético nombre?
—Arthur es lo que es. Puedo dejarlo en cualquier momento.
—Sigues en palabra con ese hombre, y todos esperan que se afirme el compromiso una vez que regreses a Seattle.
Abrí el armario, evaluando qué saco llevar y cuál combinaría mejor con el día lluvioso.
—No he aceptado casarme con Arthur —aclaré—. Ni siquiera estamos saliendo formalmente.
—Pero te acuestas con él las veces que quieres, sin contar que viven juntos.
—Bueno... ¿y Paul?
—Debe estar por llegar. Los niños están en el otro piso con Mike —dijo—. Sin embargo, me preocupa lo que puedas hacer.
Miré a Yvonne a través de la pantalla. Ella había sido la primera amistad que hice en Nueva York, cuando aún no conocía a nadie.
—¿Qué sugieres?
—No te conviertas en Victoria. No dejes de lado a tu familia por tus negocios —murmuró—. Llegará un momento en el que deberás decidir entre Annette o ser una Louviére.
Si en algo tenía razón Yvonne era en que no existía el amor para los Louviére; era su obstáculo frente al éxito. Pero yo no estaba destinada al éxito.
—Victoria está retirada —volvió a hablar—. Para el mundo en el que vives ahora, ella está muerta, Nicola —dijo—. Pero tú eres su heredera.
—Annette está por encima de todo lo que soy.
—Entonces te deseo suerte. Hablamos mañana, debo entrar a una conferencia. Te quiero.
—Yo igual, besos —dije.
Y con eso último cerré la laptop, caminando hacia el ascensor para ir a ver a Annette.
Al salir del edificio, abrí mi paraguas y alcé la vista al cielo, observando cómo las gotas de la fuerte lluvia caían sin pausa.
Un día así me recordaba a Annette. Los odiaba continuamente; quizá durante los próximos años habría aprendido a amarlos.
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Blue. (LGBT)
RomanceAlgunos dicen que el peor dolor es despedirse de alguien a quién todavía amas, pero siento que el peor, es seguir esperando. Contenido (LGBT) . . . . . Historia 100% mía.
