Capítulo 12. Grace.

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Capítulo 12.

Grace.

—Entiendo tu punto —respondí a Gregory, que estaba al fondo señalando los códigos que habían estado interfiriendo en el nuevo prototipo—. ¿Y si fuera al contrario?

Me miró entre risas.

—Nico, si fuera al contrario, ambas partes colapsarían —respondió—. ¿Dónde has estado últimamente?

Lo miré sin entender a qué se refería.

—He estado aquí todo el tiempo.

—No —negó, dejando a un lado el bolígrafo—. Estás presente, pero ausente. ¿Puedo saber por qué?

Gregory había sido un gran apoyo desde que llegué a Seattle. Durante los últimos años nos habíamos asociado para crear una empresa externa, al margen de los negocios de los Louviére. Él no tenía dinero, pero sí conocimiento, y eso había sido suficiente.

—Ella está de regreso —murmuré, alzando la vista hacia el cielo que se veía tras la ventana.

—Santo Cristo, Nico —dijo—. ¿Está casada?

Negué con la cabeza.

—Entonces no veo cuál es el problema.

—Tiene una hija de unos meses —respondí—. Ese es el principal problema. El segundo es que están mis empresas de por medio... y su vida está aquí, en París.

No quería perder a Annette, pero debía pensar con claridad antes de que mis sentimientos se apoderaran de mí. No podía volver a hacerle daño como lo hice años atrás.

—No la he visto desde hace unos días —añadí—. Hemos intercambiado un par de mensajes, pero nada fuera de lo normal.

Miré mi teléfono esperando algún mensaje suyo. No había nada.

—¿Y por qué no la buscas? —preguntó.

Lo observé sin saber qué responder.

—Yo me haré cargo de todo —dijo Gregory—. Tú ve.

Sonreí, tomando mi bolsa antes de salir del edificio.

Empecé a caminar por las calles de París, dejando que la ciudad me envolviera, preguntándome si esta vez tendría el valor de elegir distinto...

Una juguetería. ¿Sería buena idea llevarle un presente a Grace? No lo sabía con certeza, pero dudaba que lo rechazaran. Observé un pequeño oso polar con una bufanda; era precioso.

No tenía claro qué se le podía regalar a una niña de apenas unos meses.

Me detuve frente al edificio de Annette.

—¿Se encuentra Annette? —pregunté en recepción.

—¿Usted es...? —inquirió la señora que se encontraba allí—. Solo las personas autorizadas pueden ingresar al edificio.

—Nicola Louviére —respondí.

¿Annette me habría agregado a la lista? Lo dudaba. No nos habíamos visto desde aquel día.

Miré el regalo que sostenía entre mis manos. Me sentía nerviosa.

—Señorita Louviére, puede ingresar.

Asentí y me dirigí al ascensor. 

—¿Nicola? —dijo Annette al verme, con una sonrisa hermosa dibujada en el rostro—. Es una sorpresa verte.

Sentí cómo el rubor se apoderaba de mis mejillas con solo verla.

—Hola, Annette —murmuré—. ¿Cómo estás?

Blue. (LGBT)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora