visita inesperada en el balcón

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- no puedes castigarla por tanto tiempo!! - grito con tal molestia y fuerza que hizo que mis oídos dolieran.

- puedo y lo hice, no puedes protestar - lo miro con severidad ante su actitud altanera.

- si quiero lo hago, porque esto es injusto - protestó dejando escapar un ligero gruñido de su garganta.

- Hideki, no me hagas castigarte a ti también - amenazó el hombre de figura imponente.

- David, calma - hablo por primera vez en la tarde mi hermano mayor, Exel - Hide sólo está defendiendo a Xima - defiende el de fría mirada.

Mi padre suspira, dando a entender que se calmara. Su mirada café se centra en mi, a lo que bajo la mía, arrepentida de mis acciones de más temprano, ignorante de que ha mi regresó, mi padre se hallaría buscándome debido a un problema en el colegio de mi hermano, topándose con mi salida del bosque y el putrefo olor de un Tadkazu en mi.

- Trebor será tu guardián a partir de hoy, no habra movimiento que el no sepa y me informe - sentenció el hombre frente a mi - si no puedes defenderte o transformarte, es la mejor opción - aclara.

Aprieto los dientes mientras mis manos intentan no rasgar el sofá de cuero que se halla en la sala de la casa, siento la mirada de mis hermanos sobre mi, trasmitiendo la pena y preocupación que tal recordatorio me causa.

No hablo, no protestó, no hago nada, para que? Los resultados serán los mismos, después de todo, las calculadas palabras de mi padre no pueden ser más ciertas.

Si no puedo defenderme o transformarme, soy inutil.

Cuando mi padre dio la orden de irme a mi cuarto obedecí sin chistar, dirigiéndome a aquella desolada habitación con pasó lento, oyendo como Hideki discute con nuestro padre por sus palabras. Me encierro en mi cuarto, dejándome caer a un costado de la cama, cubriendo mi rostro, dejándome llevar por la tristeza y el doloroso padecimiento que sufro, aquel que me vuelve una carga para mi familia.

No lloro, se que si lo hago mi hermano me oirá, se sentira mal y volverá a discutir con mi padre, lo que lo llevará a un castigo cebero, y no quiero eso.

...

La mañana a llegado tan pronto, tanto que me siento angustiada por tener que levantarme de mi cama, pero el golpetear de mi puerta me hace refunfuñar por lo bajo.

- señorita Xima, tengo que ir urgentemente donde su hermano, por favor, mantengase en casa - oigo del otro lado de la puerta la voz alterada de Trebor, para luego oir sus pasos apurados alejarse.

Me levanto de la cama y me visto con tan sólo un chal que se hallaba sobre la silla del escritorio, la tarde de hoy es fría, pero aún así salgo a mi balcón, odcerbando desde mi baranda el extenso bosque que se halla frente a él. Me apoyo sobre la baranda, sintiendo como el aire helado juega con mi largo y despeinado cabello castaño, mientras mi mirada sin brillo se halla viendo a las aves que vuelan sobre los árboles oscuros de la arboleda extensa.

Ya a pasado dos semanas desde aquella vez que me interne en el, y el castigo impuesto por ello, es mantenerme en casa por un mes, bajo la atenta mirada de Trebor, mi ahora guardián, un chico cinco años mayor que Hideki y yo, de cabello algo rubio y ojos grices como el metal, que siempre anda con un porte orgulloso y una mirada seria.

Suspiro recordando la primera vez que mi padre me lo presentó, siendo un chico muy malhumorado que me miraba con cierta desaprobación, con el cual mi hermano Hide se llevaba muy mal por su excesivo control sobre el, su constante regaño por lo irresponsable que era y por insistir en que el era demasiado malcriado y desobediente como para ocupar el puesto de mi padre en un futuro, del cual mi hermano no tiene ni mínimo interés de ocupar.

- ese pelo tuyo es peor que melena de Gastachi - oí a mis espaldas.

Voltee sobresaltada, viendo como una figura oscura cruzada de brazos apoyada a un costado de la puerta de mi cuarto parecía mirarme atentamente, como intentando escanear mi alma. Desde pequeña mis padres me han advertido de los extraños, así que no aparto mi vista de el o ella atenta a cada movimiento que hace, creo que es la segunda por su figura, ya que logró ver su figura curvada debajo de aquel manto negro que porta con dificultad.

- no hablas? - inclina la cabeza formulando la pregunta que obviamente no contestó - que mal, y yo que vine a hablar contigo después de lo de aquello en el bosque - dice con cierto desánimo relajando su postura - sabes, eres difícil de encontrar, aunque es bueno saber que hay una aldea aquí - se acerca con cuidado y pasó lento donde estoy - lo anotaré en mi mapa, quien sabe, quizás vuelva algún día a visitarte, quizás cuando no seas una niña tonta y temerosa - su tono burlón y su sonrisa arrogante calan de tal manera mi ser, que estoy tentada a golpearla.

Aprieto mis manos en puños, contraigo mi cuerpo con molestia, todo bajo la atenta y arrogante mirada verde de aquella mujer, que parece deseosa de mi siguiente movimiento, y vaya que se sorprenderá de mi siguiente jugada.

- gracias por informar de su partida, ahora si me lo permite, tengo deberes - digo de una manera inexpresiva y fría que incluso yo misma me sorprendí.

La extraña se queda congelada en su lugar mientras yo tan solo paso por su costado entrando a mi cuarto, como ignorando que existe siquiera, pero lo que oigo a continuación me deja más que impactada.

- me agradas - la oigo decir - en tu décimo octavo siclo ten cuidado niña, puede que venga a visitarte - siento como sonríe junto aquellas palabras.

Para cuando me volteé en su búsqueda, como neblina de mar con el viento despareció. Me quedé anonadada por un momento, analizando sus palabras que provocaban en mi cierta inquietud, pero decidí ignorar aquello al oír como alguien protestaba en la parte baja.

Al llegar a la sala me tope con el casi rubio Trebor regañando a más no poder a al castaño y revoltoso de mi hermano Hide, el cual lo ignoraba de sobre manera como tan solo el sabía hacer.

Hideki había vuelto a intentar escaparse del colegio.

Ella Me PerteneceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora