Papá me habías contado incontables veces sobre aquella mítica leyenda, una que todos los lobos ancianos en algún momento le contaban a los niños de sus manadas, y que por generaciones había sido un has de luz y esperanza para cientos de nosotros.
Desde que dictaba la historia, la existencia de los lobos blancos han sido un simbolo de pureza y grandeza, una representación de todo lo que es justo y sagrado, más cuando los primeros lobos aparecieron en la faz de la tierra, simples seres que no sabían de que eran capas y de como vivir, sumergidos en guerras y batallas, muertes y destrucciones.
Fue la luna tan misircordiosa, que tiñó de su manto blanco a un lobo y le guió entre la neblina con el propósito de ser un ejemplo y un pilar, no tan solo para los lobos, sino para toda creatura que perdiera la esperanza y fuera consumido por el dolor. El guiado por la luna, su más leal protector y guerrero, así lo llamaron los sabios.
En la actualidad aún se logra ver hombres lobos de pelaje blanco, gotas de lluvia que dejó el primero, pero que a la época actual, solo son lobos con un color diferente de cabello. Claro que conservan su elgansa, tenacidad y un poco que sabiduría, pero con el tiempo perdieron prestigio y se unieron al montón. Y en su lugar, se empezaron a respetar a los lobos de pelaje oscuro como la noche, negra como el averno, debido a su fuerza, ferocidad y su temeraria actitud, lo que se forjó como años de ser un simbolo de fuerza y temor.
Claro que un no se perdía la esperanza de que en momentos de disputa o conflicto, el gran lobo blanco apareciera para ayudarnos, gritado por la luna en un eterno símbolo de paz. Pero a mí punto de vista, parecía que ese cuento de hadas solo se quedaba en eso para el resto de la gente, solo un cuento.
Y me hubiera gustado que no fuera yo la que lo tragiera a la realidad. Que en vez de despertar en el bosque con la fija mirada de mí hermano y un dolor insoportable en todo mí cuerpo, hubiera despertado en mí cama, con un lindo sueño para escribir en mí cuaderno.
Fueron horas las que pasamos en aquel pardo bello, Hide acariciaba mí cabeza y lomo, tranquilizando el agudo dolor qué sentía por el simple hecho de que todos mis huesos se rompieron y volvieron a formarse para darme está nueva forma, la que consistía en lobos de dos metros de alto y dos imedio de largo, de pelaje sedoso y blanco, que parecía brillar con la poca luz que emanaba la luna. Yo me hallaba oyendo su calmada voz, que me aseguraba que todo estaría bien, mientras yo intentaba controlar mis ahora, súper desarrollados sentidos, con los cuales pude descubrir, que el castaño claro de mí hermano, se hallaba precupado.
Cuando el sol empezó a salir, un manto de humo blanco y brillos me envolvieron dejando otra vez aquella figura delgada, mí cabello castaño teñido en las puntas y mis dispares ojos. Ahora entendía la magia de la trasformación, aquel dos estraño que habían desarrollado los lobos para no pasar mil veces por aquel doloroso proceso para llegar tomar su forma animal.
Claro que ami no me había ayudado mucho, por qué en realidad, si pasas por el mismo proceso pero en reversa, solo que aquella bruma que te embolvia era un encantamiento para hacelerarlo y ocultar lo traumático que es que alguien se deforme frente a ti.
Hide se reía cuando le dije mentiroso y no haberme contado que se sufría tanto, a lo que me replico que a mí me dolía más porque ya estaba en etapa de adultez y mis huesos ya estaban formados, a diferencia de un niño de diez años, edad edad en la que debí traasformarme, pero con la práctica y el tiempo, dejaría de causarme dolor y solo tendría que soportar la fatiga, para el final poder ser una loba en todo mí esplendor.
Esplendor que él decidió que mantuviera en secreto, justo en el momento en que al llegar a casa, papá y Exel nos recibieran precupados, pues habían llegado a horas de la madrugada y Benjamín y Sonic les contaron por lo que había pasado.
- Fue una falza alarma, aún no era el momento - dijo Hide con una seriedad en sus ojos verdes que heló a más de uno ahí presente. Papá tan solo asintió y le pidió a Hide quedarse para que le contará con detalle, mientras que Exel me cargaba y me llevaba a mí cuarto.
Me acuerdo haberle preguntado si el sufría lo mismo al trasformarse en cuervo. Hacía muy poco, me había enterado que el supuesto potencial mágico deciende de mí madre, por lo que Exel lo posee, aunque en una leve cantidad por el motivo de ser un mestizo humano. Había veces que Exel se trasformaba en cuervo para seguirnos en el bosque a Hideki y a mí, o qué incluso hablaba con ellos, ya que como pocos brujos, poseía esa habilidad, aunque más allá de eso el no quiso aprender mucho, había asegurado Hide.
El me miró con su ojo café y me acaricio la mejilla, contesto que no era lo mismo, que lo suyo era magia y que lo mío era más de mí interior, no sabía esplicarlo, pero sabía que eran diferentes. En un momento de silencio, el me preguntó amo como se sentía todo esto, el poseer magia, el trasformarse en lobo y esas cosas.
- agotador - contesté recostada en mí cama. No negaría que era genial poder hacer ese tipo de cosas, el leer hechizos, preparar infusiones, oir a distancia y olfatear todo tan agudamente que asta podía sentir sercano la colonia de papa, pero todo era agotador para mí, más al ser inesperto.
...
Quizás Hide no miente de lo mejor o quizás papá no le creyó nada, porque se que nos vigila. Incontables veces nos hemos topado con Trebor o Exel pisandonos los talones, en algunas oportunidades papá me pregunta si me siento extraña o si me duele algo, a lo que respondo que solo me siento fatigada por las clases de miss Liset. Porque si, volví con sus clases una vez hice la iniciación tiempo después a mí cumpleaños, a lo que ahora tenía clases más intensas que se mezclaban con las de Hide, que consistían en todo el manejo y control sobre mí lobo, desde mis nuevos sentidos agudesados, asta mejorar mí resistencia.
Cada día era un nuevo reto, entre que procurar que nos descubran, estudiar para realizar un hechizo bien y que no explote en mí cara, manejar a mí lobo, que por algún motivo parecía revisarse a charlar, y tener que adstenerme de muchas cosas que según los más grandes no me concernian en adsoluto o qué no me debía preocupar por ellas.
Quiciera no tener que ocultarme, no tener que ser la diferente entre todos y ser yo misma. Quiero correr con mí lobo junto a Hide y papá, hacer hechizos con Exel sobre algo le gusta, entrenar con los das jóvenes de la manada o incluso salir a recorrerla y conocer a los demás. Quiciera que no me hubieran tantos secretos y que yo no tuviera que esconder nada tampoco.
- papá te esconde cosas, por qué no esconderle algo a el? - había contestado el castaño claro de mí heano mayor cuando le pregunté el porque tenía que mantener oculto el hecho de poder ya trasformarme.
Así pasan los días, entre secreto y secreto, entre engaño y engaño. Por lo menos aún hay momentos felices, como el cumpleaños de Exel el 21 de agosto, o los leves entrenamientos que tengo con el casi rubio de Trebor y mis hermanos mayores, o las relajantes charlas con el castaño de mí padre, dónde me platica de las demás manadas, las tradiciones y reglas que tienen los lobos, todas esas enseñanzas que perdí al criarme lejos de ellas. Incluso las clases con Miss Liset, aquella dama de ojos caramelo y cabello tostado que parece saberlo todo, son entretenidas cuando se procura sentarse en mí entrenamiento como bruja y no en asustarme.
En fin, aún están esos bellos Mentos...
Momentos que siento que se esfuman con la llegada del festival aniño de oro que organizará nuestra manada.
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Ella Me Pertenece
WeerwolfSer uno de los seres más temibles, obcecionarte con la hija oculta de uno de los Lindez de la TinKada superiora
