El Dragón y el lobo

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Olenna Tyrell miró el nevado paisaje del norte con una leve expresión de disgusto, no por el Norte, ella jamás lo admitiría pero le parecían tierras hermosas aunque toscas y algo oscuras. Sentía disgusto por como Cersei Lannister había destrozado todo lo que su familia había logrado en siglos pasados. Pasaron de ser mayordomos a ser los señores de una gran casa y ahora no son más que mendigos en busca de un lugar seguro.

Al menos su familia no había muerto en su totalidad, solo su querida nieta Margaery había tenido la mala suerte de cruzarse con la locura desenfrenada de la Reina León y eso había acabado por matarla. Olenna se prometió que vengaría la muerte de su nieta por eso en ese momento se acercaba al oscuro castillo de Invernalia.

Jamás llegó a pensar que Sansa Stark, la dulce niña ingenua que había conocido en Desembarco del Rey hubiese subido tan alto en el Juego de Tronos. Sansa era Reina en el Norte, el Valle y las montañas y también del Tridente. Olenna admitía que estaba muy sorprendida y se podría decir que admiraba bastante a la pelirroja.

Siempre supo del amorío que su dulce nieta y la chica Stark habían tenido en su tiempo en la capital por lo que seguramente Sansa estaría dispuesta a aliarse con la casa Tyrell para poder destruir a Cersei y vengar no solo a Margaery, también a la familia Stark.

- ¿Crees que nos recibirá de buena manera, abuela? Ya sabes que pasó con ella y Margaery. Margaery eligió ese maldito trono... - Loras miró a su abuela quien seguía mirando por la ventana.

- Si algo he aprendido de los Stark, Loras, es que cuando aman, lo hacen de verdad y no hay nada que pueda reemplazarlo. Margaery estará muerta y puede que Sansa vuelva a hacer su vida, pero ese amor siempre estará allí. Sansa Stark es la clave para nuestra familia, para derrotar a Cersei - Olenna siguió mirando por la ventana, pensando en su dulce nieta.

- Estamos apunto de llegar, abuela... - Willas suspiró apretando su bastón con fuerza, viendo a Garlan y su mujer colocarse mejor las capas para intentar calentarse un poco en el frío del Norte.

Olenna vio los muros del castillo alzarse ante sus ojos, eso no quitaba el aspecto lúgubre de la fortaleza aunque imponía bastante más respeto de lo que Alto Jardín podía y es algo que Olenna aceptó a regañadientes.

Cuando el carruaje que los transportaba tocó el suelo, la puerta fue abierta de inmediato y uno de los mozos ayudó a la abuela Tyrell a bajar de él, seguido de sus nietos, su hijo y su nuera.

Se colocó la capa mientras observaba todo a su alrededor, observó a Jon Nieve en el centro del patio con sus dos hermanos, Arya y Brandon Stark pero no había ni rastro de una cabellera roja.

Jon se acercó a ella, cogiéndola de la mano y dándole un suave beso en ella.

- Lady Tyrell, es un honor tenerla aquí en Invernalia. Me temo que tengo malas noticias, mi hermana, la reina Sansa, no se encuentra en este momento en Invernalia. Lo hablaremos mejor en su solar, tendremos mayor privacidad.

Olenna le miró fijamente con ojo crítico, asintiendo mientras le indicaba a Willas y Mace que fueran con ellos. Jon le ordenó a unos sirvientes que llevasen a los Tyrell restantes a conocer sus cuartos mientras le indicaba a Arya y Bran que vinieran con ellos. 

Jon les guio por el castillo hasta que llegaron al solar de Sansa donde ya había comida y bebida en la mesa y el fuego crepitaba, calentando la habitación. Olenna agradeció internamente el calor en ese momento.

- Siéntanse por favor.. - Jon miró como todos se sentaban, carraspeó un poco para llamar la atención de todos.

- Antes de empezar, tienen que saber algo. Primero de todo, ¿Saben algo sobre las sacerdotisas rojas?

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