-Todo es Extraño-

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Ranma despertó a Akane cuando por fin llegaron a Nerima y se las arregló para hacerse con la mochila de la chica antes de bajar del autobús. Akane estaba medio dormida, así que no se molestó en pelear esta vez.

De vuelta en el dojo, los patriarcas se fueron a dormir de inmediato mientras que Kasumi y Nabiki se quedaron en la cocina para ordenar algunas de los utensilios que se habían llevado a la playa.

—Me quedo con ellas un rato —Le dijo Akane a su prometido cuando este ya se dirigía al piso superior—. Me tomaré un vaso de leche, creo que me he despejado un poco.

—Como quieras —dijo él—. Dejaré la mochila sobre tu cama.

—¡Gracias, Ranma! —Con una sonrisa enorme y somnolienta Akane le dijo adiós con la mano y el chico desapareció por las escaleras.

Kasumi puso un cazo con leche a calentar y sacó tres vasos que dejó sobre la mesa de la cocina. Nabiki se sentó y apoyó un codo mientras miraba a la pequeña con una ceja arqueada.

—Oye, Akane... —Le dijo y la susodicha se volvió hacia sus hermanas, aún sonriente—. Estás fingiendo, ¿verdad?

Kasumi parpadeó, sin entender y observó la larga mirada sin parpadeos que compartieron sus hermanas.

—¿A qué te refieres, Nabiki? —preguntó Akane.

—A que estás fingiendo estar enamorada de Ranma —respondió la otra con simpleza—. No estás hechizada, ¿a qué no?

La mayor fue en busca del cazo y se puso a servir la leche en los tres vasos.

—¡Qué tonterías dices, Nabiki! —Comentó ella con una sonrisa de guasa—. ¿Cómo va a estar Akane fingiendo algo así? —Después se sentó en su lugar y tomó su vaso con los dedos—. Akane, díselo.

La pequeña seguía tan sonriente como antes pero poco a poco sus ojos se entrecerraron y la sonrisa se tornó una mueca de disgusto.

—¿Cómo diantres te has dado cuenta de que fingía, Nabiki?

—¡¿Qué?! —Kasumi dio un respingo, impresionada—. Pero Akane... entonces, ¿no es cierto?

La pequeña resopló y la miró un tanto avergonzada.

—No, no lo es —reconoció—. Os he engañado a todos.

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Las tres hermanas Tendo se sentaron a la mesa y cerraron la puerta de la cocina después de asegurarse que los hombres de la casa seguían en el piso superior. Las tres apuraron sus respectivos vasos de leche y Kasumi propuso preparar un té, pero nadie quiso.

Akane, sentada entre las otras dos, miraba fijamente a la mediana como si de ese modo pretendiera leerle la mente, pero Nabiki sacudió la cabeza acompañada de una risita.

—No me mires de ese modo —le pidió, aunque pareció complacida de algún modo.

—Pero, ¿cómo te diste cuenta? Creí que lo estaba haciendo muy bien...

—Has sido muy convincente —reconoció la otra—. Pero Akane... No deberías intentar engañar a una mentirosa. Jamás te saldrá bien —Akane frunció los labios—. El que desde luego se lo ha tragado todo ha sido Ranma.

—Bien, esa era la idea —confirmó la pequeña.

—Pero no entiendo nada —intervino Kasumi, apoyando las manos sobre la mesa. Hizo una mueca al notar miguillas olvidadas sobre el mantel—. Entonces, ¿no te tragaste la píldora de verdad?

¡Te la debía! (Ranma 1/2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora