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Akane no pegó ojo aquella noche. Era algo que ya sospechaba mientras se ponía el pijama y apartaba las sabanas, pero fue igualmente molesto confirmarlo.
Lo peor de no poder dormir, más allá del cansancio y el malestar que te acompaña todo el día siguiente, es ese tiempo de vacío de toda actividad y al mismo tiempo repleto de angustia y de pensamientos confusos que se repiten en tu mente cansada y privada de sueño; que generalmente carecen totalmente de utilidad y beneficio.
Cuando las primeras luces del día asomaron por su ventana, Akane se levantó de la cama aliviada por poder escapar de ese cuarto. Se calzó sus zapatillas y golpeándose con las paredes, se dirigió con la agilidad propia de un muerto viviente hasta el cuarto de su hermana Nabiki. Entró sin llamar y se inclinó sobre la cama para zarandear el hombro de la joven castaña que aún dormía profundamente.
Esta entreabrió los ojos y dio un respingo al ver el rostro de la pequeña, pálido y desfigurado por el insomnio. Akane sacudió la cabeza y con un hilillo de voz le indicó.
—Cocina —Y añadió, más agotada si cabe—. Ahora.
Nabiki asintió y su hermana zombie se marchó arrastrando su espíritu agotado para hacer lo mismo en el cuarto de su otra hermana mayor.
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De nuevo, las hermanas Tendo estaban sentadas en la mesa de la cocina con grandes vasos de té humeante frente a ellas. La puerta volvía a estar cerrada y en el piso superior, los hombres de la casa roncaban dulcemente ajenos a cualquier problema.
Por las ventanas de la estancia apenas entraba luz todavía. Si acaso el negro de la madrugada se diluía lentamente en un gris sucio que ofrecía un espectáculo poco halagüeño para el día que estaba por comenzar.
Kasumi esperaba que mejorara, que el sol saliera en un rato y alejara las sombras y los malos pensamientos. Había mucho de eso en aquella cocina.
Akane acababa de contarles la peculiar charla nocturna que había mantenido con su prometido la noche anterior. Expresó sus sinceras intenciones de acabar con la broma y liberar a Ranma del engaño, pero que no había tenido éxito debido a las palabras del chico. Y después de no haber dormido nada, estaba desesperada porque no sabía qué hacer para solucionar aquel problema.
Kasumi y Nabiki escucharon con paciencia y decidieron no echar más leña al fuego recordándole a la pequeña que ellas mismas la avisaron de que algo así podía ocurrir; simplemente intercambiaron una mirada por encima de sus tazas de té y entendieron que eso no serviría de nada.
—La cosa se complica —murmuró Nabiki para romper el silencio que había quedado—. Aún antes de lo que me esperaba...
—¿Qué voy a hacer? —repitió Akane en tono lastimero. Se revolvió el pelo con las manos, sus vendas del día anterior se habían aflojado por sus constantes vueltas en la cama y sus heridas volvían a estar a la vista.
Kasumi le cogió las manos y se dispuso a apretarlas de nuevo.
—Solo puedes hacer una cosa, Akane —Le respondió—. Decir la verdad y pedir disculpas.
La pequeña hizo una mueca que les recordó vagamente a cuando de niña hacía pucheros para protestar contra lo que no le gustaba.
—¡Pero no puedo! —Se quejó—. ¡Ahora ya no! —Negó con la cabeza con vehemencia—. ¡Es tarde!
—Por supuesto que no.
—¡Sí! Después de lo que me dijo anoche... ¡Ranma se enfadará mucho conmigo cuando sepa que todo ha sido falso!
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¡Te la debía! (Ranma 1/2)
FanficFanfic de Ranma 1/2 Todos los personajes y parte de la trama son propiedad de Rumiko Takahashi. Fanfic basado en el capítulo del anime/manga "Las pastillas del amor" ¿Recordais aquella vez que Ranma creyó que Akane se había tragado una píldora mágic...