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Todo había sido tan extraño las últimas horas que Akane confiaba en que, en cuanto se iniciara su rutina de todos los días, hallaría algo de normalidad y podría relajarse un poco apoyándose en eso.
Y sí, por un lado todo parecía ser como siempre había sido. El desayuno, prepararse para el instituto, salir con el tiempo justo para llegar a la primera clase, meterle prisas al dormilón de su prometido... nada de eso había cambiado demasiado, pero al mismo tiempo, Akane no se sentía como siempre.
El día anterior se había sentido libre para decir y actuar como quería, motivada por la diversión y el deseo de vengarse de Ranma; casi le había salido de manera natural su actuación de boba enamorada. Pero ahora... se notaba forzada, rígida y destemplada en sus gestos y palabras. Y eso que antes de salir Nabiki le había recordado:
—Es muy importante que te sigas comportando exactamente como ayer para que Ranma no sospeche nada. ¡Es muy importante!
Es muy importante se repetía ella una y otra vez en su mente.
Pero ya no era tan fácil, algo había cambiado. Akane sentía como si una pesada losa se hubiera instalado en sus hombros y cargar con ella era tremendamente cansado, afectaba a su humor y la había arrastrado a un esquivo silencio que no pasaba desapercibido para nadie.
Mientras los prometidos caminaban rumbo al Furinkan, la joven contaba las horas que faltaban para la puesta del sol. Solo quería que llegara ese momento cuanto antes y todo acabara. Había llegado incluso a calcular los minutos restantes o en eso, al menos, tenía ocupada la cabeza cuando su prometido, con una ceja arqueada, volvió el rostro hacia ella.
—Hey, Akane... ¿estás bien?
Ella asintió, casi sin despegar la barbilla de su pecho. Contaba mentalmente y apretaba la tira del maletín sin querer hacer caso a nada más.
—Estás un poco rara... —Insistió él. Se acercó más a ella sin variar el ritmo de sus zancadas—. ¿Es por el hechizo? ¿Está todo bien?
Alzó el rostro y le miró en el instante en que mencionó el condenado hechizo. No se había dado cuenta de que la estaba mirando con clara sospecha en su rostro y eso la puso nerviosa.
—¡Está todo bien! —exclamó y sorprendida por su propio grito se detuvo en medio de la calle. Suspiró y asintió con la cabeza—. No pasa nada.
Irremediablemente sus ojos castaños descendieron de nuevo hasta el suelo. Había perdido la cuenta de los minutos. Ranma calló unos instantes, pensativo, rascándose la mejilla con un dedo hasta que una sonrisa resolutiva asomó por su rostro.
—¡Ah! —Dijo él, dándose cuenta—. ¡Ya sé! No te preocupes Akane; yo también creo que es mejor guardar en secreto lo del hechizo en la escuela.
—¿Eh?
Ni siquiera había pensado en eso.
—Bastante se burlan de nosotros ya como para contar todo lo de las píldoras, el brazalete y tu descomunal e irremediable amor por mí —explicó el chico con bastante satisfacción. Alargó una mano que apoyó en el hombro de la chica con camaradería—. Si tú puedes resistirte a mostrar tus sentimientos, yo te ayudaré para que nadie se dé cuenta de nada.
—¿Resistirme?
—Tendrás que reprimir tus impulsos, al menos hasta que estemos a solas —El chico adoptó una expresión animosa que era igualmente sabihonda—. Será duro para ti, pero tienes que hacer un esfuerzo. ¿Podrás?
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¡Te la debía! (Ranma 1/2)
FanficFanfic de Ranma 1/2 Todos los personajes y parte de la trama son propiedad de Rumiko Takahashi. Fanfic basado en el capítulo del anime/manga "Las pastillas del amor" ¿Recordais aquella vez que Ranma creyó que Akane se había tragado una píldora mágic...