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Nabiki Tendo, pese a lo que todos los que creían conocerla pudieran pensar, tenía su propia ética de vida. Esto quería decir que aunque a menudo se la viera traficando con los trapos sucios de sus más allegados o vendiendo todo tipo de secretos a terceros para ganarse un buen dinero sin, aparentemente, mostrar arrepentimiento o compasión alguna, en verdad, la joven tenía ciertos límites.
Límites que solo ella conocía y que podía mover ligeramente en una dirección u otra según le conviniera.
Pero esos límites existían y los respetaba.
En la mayoría de los casos (que no eran muchos) en que Nabiki echaba mano de estos límites para decidir su conducta, tenían que ver con su familia. Más concretamente con sus hermanas que eran, y tal afirmación jamás fue dicha en voz alta, lo que más quería en el mundo. Sí, incluso por encima del poder y del dinero.
Nabiki podía, a veces, aprovecharse de la amabilidad de Kasumi y burlarse de la inocencia de Akane; pero nunca jamás cruzaría la línea que supusiera llegar a hacerlas daño de verdad. Lo que ocurría era que ella podía ver con claridad, más incluso que sus hermanas, lo fuertes que eran las otras dos Tendo en realidad. Sabía lo que podían soportar y por eso, en ocasiones, se concedía pequeñas licencias con ellas.
Nabiki era astuta, observadora e intuitiva. Podía ver la preocupación magistralmente oculta tras la sonrisa radiante de su hermana mayor cuando algo malo le rondaba la mente. También sabía distinguir el auténtico sufrimiento tras las continuas rabietas de Akane; y en esos casos, los de gravedad, no dudaba en intervenir del lado del bien. De la generosidad. Incluso sí, del altruismo.
Durante ese día Nabiki había estado vigilando intermitente a su hermana pequeña en el instituto y había sido testigo de cómo la ansiedad crecía lentamente en ella, por más esfuerzos que la pequeña hacía para ignorarla. Oyó del pequeño accidente que Akane tuvo en clase de gimnasia y que había sido llevada a la enfermería por su prometido. Prefirió no molestarles, pero se quedó al fondo del pasillo de la clase de la chica para ver en qué estado volvía y entonces se dio cuenta de que los nervios de Akane estaban a una diminuta gota de rebosar... más acertado sería decir "estallar".
Algo había pasado en la enfermería. Nabiki pudo imaginar qué, pero tampoco se impuso la tarea de descubrirlo.
Al final del día, tal y como esperaba que ocurriera, Akane se escabulló de su clase en cuanto sonó la campana que anunciaba el fin de las clases; pero en lugar de correr sola de vuelta al dojo, subió de dos en dos los escalones hasta el cuarto piso del instituto, normalmente desierto debido a que las aulas no se usaban y no tenía cuartos de baño.
Nabiki fue tras ella y la encontró sentada en las escaleras, oculta en un recodo, con el rostro hundido en sus rodillas y respirando tan hondamente que todo su cuerpo se balanceaba pesadamente.
La miró largamente, primero en silencio, apoyada en el muro hasta que se decidió a hablar.
—Resiste, Akane —Le dijo sin más explicaciones. La pequeña dio un respingo y levantó la cara, alertada—. Tienes que aguantar un poco más. Todo habrá pasado en unas horas.
—Ya lo sé —respondió la otra. Habló sin soltarse las piernas, ni separar apenas la barbilla de sus rodillas—. Es que todo se está complicando mucho...
En un par de minutos y sin que Nabiki se lo pidiera, la joven le contó lo que había ocurrido en la enfermería con su prometido para después volver a ocultar su rostro, ahora rojo, del mundo. Se balanceó un poco más, de un modo rígido, como si se golpeara contra el suelo pero con suavidad. Que lo hubiera soltado todo sin dudar ante ella le confirmó el estado histérico en que se encontrada.
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¡Te la debía! (Ranma 1/2)
FanfictionFanfic de Ranma 1/2 Todos los personajes y parte de la trama son propiedad de Rumiko Takahashi. Fanfic basado en el capítulo del anime/manga "Las pastillas del amor" ¿Recordais aquella vez que Ranma creyó que Akane se había tragado una píldora mágic...