4. Buscando una salida

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Me levanto gracias a que mi móvil empieza a vibrar en la mesita de noche. Lo tomo sintiéndome aun adormitado, desbloqueo la pantalla y tomo la llamada para pegarme el dispositivo al oído.

—¿Bueno? —espero que contesten del otro lado de la línea— Si soy yo... Ya veo, bajo enseguida, si gracias.

Corto la llamada y tiro el móvil entre las sabanas. Me paso las manos por la cara para espantarme el sueño y me despeino un poco para que mi cabello deje de estar aplastado por la almohada, son las siete, aún tenía tiempo para el instituto.

Mi vista viaja a la pequeña criminal que está de espaldas en el sillón. Envuelta en mi sudadera roja y que parece bastante cómoda con la manta que le tapa medio cuerpo.

—¿Sabes? no me gusta que la gente me mire, menos tan temprano por la mañana. Me pone de mal humor.

—No te estaba viendo. —me excuso de forma torpe.

—Siento tu mirada en mi espalda desde hace unos minutos.

Murmura y nervioso apartó la mirada ella, se ríe vagamente y se da la vuelta, se prepara para sentarse en el sillón y crucificarme con su mirada penetrante.

—¿Estabas despierta hace mucho?

—Ha decir verdad no tanto. Desde las seis tal vez.

—No dormiste nada.

—No te preocupes, nunca lo hago. Pero nada grave, nadie se muere por no dormir sus ocho horas, además te escuché hablando por teléfono, mi oído es muy agudo.

Asentí torpemente mientras me quedaba viéndola, las leves ojeras que le daban más profundidad a su mirada, sus ojos cansados, su cabello levemente desarreglado. Ella era indescifrable.

—Supongo que debes ir al instituto, debería irme. —Se levanta del sillón y yo hago lo mismo.

—Se me ha olvidado colocar la ropa en la secadora.

—Sabes, he visto que muchas chicas les roban sudaderas y camisas a sus novios, fetiches usuales. Pero que un chico le robe todo un conjunto a una chica es ¿Raro?

—¡Te lo daré cuando esté seco! —presentía que el calor en mis mejillas era visible para ambos.

—No te preocupes, tengo mucha ropa, además sería un buen intercambio por tu sudadera.

—Puedes quedártela si quieres.

—¿Y quién dijo que no lo haría? Ese siempre fue el plan. —Sonríe divertida mientras me guiña un ojo.

Suspira y repasa el suelo con la mirada para encontrar el mismo par de zapatillas Jordan con negro y blanco que traía por la madrugada, no debía ser un genio para intuir que estarían igual o mas mojadas que su ropa. Pero salir de aquí parecía ser una prioridad para ella en este momento.

Siendo algo obvio, todavía me atrevo a preguntárselo para confirmar.

—¿Te vas tan rápido?

—Aunque quisiera quedarme a tomar el desayuno contigo, tengo que volver a casa y tú ir al instituto.

—Dame diez minutos, iré a cambiarme. Puedes tomar lo que quieras de la nevera.

ANDRA

Asiento y lo veo correr al baño antes de salir de la habitación, cuando estoy cruzando el marco de la puerta escucho la regadera prendida, seguramente se daría un baño antes de todo. Yo también tendría que darme uno al llegar, olía a casa ajena.

Recorrí su departamento, no era tan grande ni tan pequeño. Consistía en una sala, comedor y cocina bastante grande y abierto. Era bonito, aunque la elección de colores y la decoración te gritaba que aquí vivía un chico. Claro faltaba los colores y la calidez de una mujer.

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⏰ Última actualización: Feb 06 ⏰

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Ateos (Libro 2: Trilogía To Lovers)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora