ASHLEY
Hacía un par de días que no sabía nada de Justin, solamente lo veía en clases. Y en cuanto a Kendall siempre que le preguntaba a dónde habia ido me cambiaba de tema.
—¡Zanahoria! Unos amigos míos van a venir.
—Imposible, he quedado con Laya para estudiar —a penas lo miré, estaba concentrada en mi libro.
—No era una pregunta.
Kendall se dirigió a la puerta y al abrirla entraron dos chicas muy parecidas con el pelo rizado castaño, diría que eran la misma persona pero cada una tenía los ojos de un color. También entraron tres chicos, uno rubio, uno castaño y uno moreno.
Me levanté para recibirlos y preguntar por qué estaban en mi casa.
—¿Hola?
—Tú eres Ashley, ¿verdad? —La de ojos azules me miró sonriendo.
—Eh... Sí.
—Kendall nos ha hablado de tí —lo miré divertida y le echó una mirada fulminante a la de ojos marrones que me miraba con adoración.
—¿Os vais a presentar o qué?
—Oh sí, ellas son Iris y Emma —Kendall señaló a las chicas frente a mí —. Y ellos son Dash, Leo y Asher, mis mejores amigos. —Los tres me saludaron con la con la mano recién los nombraba.
Los invité a pasar al salón y recogí rápidamente mis libros.
—Me gusta esta casa, es muy bonita —Emma me sonrió dulcemente mientras tomaba asiento e Iris rodó los ojos.
—Pelota... —Susurró Iris y Emma la miró mal.
—Sí, la verdad es que es mucho mejor que esa caravana.
Todos nos repartimos en los sofás; Leo, Dash y Emma en un sofá, Iris y Asher en los sillones y Kendall y yo en otro sofá.
Estuvimos un rato hablando y para nada eran lo que esperaba, eran muy agradables.
Tocaron al timbre y me levanté dispuesta a abrir, puess sabía quién era.
—¿Quién es? —Emma me miró con curiosidad.
—Una amiga hemos quedado para estudiar.
En cuanto abrí la puerta Laya entró muy contenta hablando de algo que le habia pasado por el camino. Estoy segura de que si supiera que había invitados no hubiera dicho ni una palabra, y asi fue. En cuanto los vio se quedó como una estatua. Todos la miraron en silencio y Emma sacudió levemente la mano en forma de saludo.
—Me ha encantado conoceros pero tenemos que estudiar —sonreí en modo de despedida y me encontré con la mirada de Kendall, me miraba de forma tan penetrante que creía que me iba a atravesar, su semblante era serio, le sostuve la mirada un par de segundos que me parecieron horas hasta que me giré hacia Laya, la tome de la mano y nos fuimos a mi habitación.
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El examen me salió genial, en cuanto terminé y guardé los libros en la taquilla fui a la cafetería acompañada de Kendall y Laya.
Estábamos comiendo mientras hablábamos amigablemente.
—Me voy a apuntar al equipo de fútbol —nos anunció Kendall.
Laya y yo lo miramos sonriendo.
—¡Eso es genial!Yo antes estaba en las animadoras pero era demasiado tóxico, sobretodo con Addison al mando.
Reímos y seguimos hablando hasta que noté que se hacía un silencio sepulcral en la cafetería y muchos miraban detrás mía.
No me dio tiempo a girarme pues cuando lo iba a hacer me cayó un líquido frío por, me di la vuelta y vi a Addison con un envase de batido de fresa vacío en la mano. Me miraba de forma fija y fría.
Todo el mundo estaba grabando y haciendo fotos que luego subirían a quién sabe dónde
Me levanté con los ojos llorosos y me quedé frente a Addison sin ser capaz de creer lo que había hecho. Kendall y Laya se levantaron a mis espaldas e intentaron acercarse a mi pero salí corriendo en dirección a los baños para limpiarme.
Me habría gustado volver ahí y plantarle cara, pero no podía, me había bloqueado, no podía creer que ella hubiera hecho eso, nunca antes me habian humillado de ese modo.
Entonces un recuerdo me vino a la mente:
Me encontraba llorando en una esquina del patio porque los niños decían que no querían jugar con una niña con pelo raro, hasta que se me acercó una niña rubia sonriendo.
—¿Por qué lloras?
—Estoy sola...— fue lo único que pude pronunciar.
—Pues... si me quedo contigo ya no lo estarás —la niña se sentó a mi lado —. Soy Addison Woods.
La miré dejando de llorar.
—Ashley Harrison.
Reí ante el recuerdo mientras me intentaba limpiar el pelo sin mucho éxito.
A penas teníamos 6 años cuando nos conocimos.
Me eché a llorar frente al espejo del lavabo viéndome ridícula.
Estaba a punto de desplomarme sobre el suelo cuando unos brazos fuertes me sujetaron desde atrás.
Kendall me dio la vuelta y me abrazó mientras yo sollozaba en su pecho.
—Si quieres, ahora mismo vamos y le tiramos otro batido a ella.
Reí ante su comentario.
—Solo vamonos a casa, le dire a la directora que me encuentro mal.
Y eso hicimos; dije que me encontraba mal y Kendall me acompañó a casa ya que mi madre trabajaba.
Lo primero que hice cuando llegué fue tirar la mochila por ahí e irme directa a la ducha.
Estaba viendo una peli en el salón cuando me llegó una llamada de mi madre.
—Hola mamá, ¿qué pasa?
—Me han dicho que has salido antes del instituto, ¿te encuentras bien? ¿Necesitas que vaya?
—Tranquila mamá, estoy bien, solo me dolía un poco la cabeza.
—¿Quieres palomitas? —Habló una voz a mis espaldas que reconocía muy bien.
—Shhh, estoy hablando con mi madre.
—Hija tambien quería decirte que doblo turno y trabajo todo el día, llego mañana sobre las 8 de la mañana, hay comida en la nevera.
—Está bien mama, adiós.
—Adiós cariño.
Colgué el teléfono y miré a Kendall que me miraba con un cuenco de palomitas entre sus manos.
Nos sonreímos mutuamente hasta que sonó el timbre.
Me dirigí a la puerta y cuando abrí, vi a la persona que menos esperaba: Addison, con el rímel corrido y la cara llena de lágrimas.
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Familia de acogida
Teen Fiction¿Qué pasaría si de repente te enteras de que tu madre se ha ofrecido a cuidar a un chico de 17 años? Pues eso es lo que me ha pasado a mí, mi vida ha dado un giro de 180 grados y y ni idea de como sobrellevarlo, ¿alguna idea?
