Natalia Vargas se encontraba en la comic-con a punto de conocer a sus ídolos, junto a su mejor amiga Lorena González, pero de repente algo sucedió
¿Qué será?
¿Es algo malo?
Léanlo para descubrirlo
Loki x OC
¡¡Advertencia!! Este historia es larga, l...
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Realidad Avengers
Lugar y hora desconocidas
Naty's POV
Oscuridad total.
El primer pensamiento que cruzó por mi mente fue: "Qué feo sueño...", pero luego empecé a recuperar la conciencia. Todo daba vueltas. La cabeza me pesaba como si me hubiera pasado la noche tomando Red Bulls con azúcar líquida y sin dormir.
Al abrir los ojos, lo primero que vi fue el techo mugriento de una habitación. No era el de mi cuarto. No estaban mis posters de Marvel, ni mis estantes llenos de cómics. Parpadeé un par de veces. Estaba sobre una cama dura, sola, con un leve dolor en la espalda. Genial.
"Esto no se parece en nada a mi habitación...", pensé, mientras mis ojos recorrían las paredes grises y vacías, la única cama en una esquina, y una puerta metálica cerrada. Tragué saliva. Estaba oficialmente despertando dentro de un cliché de ciencia ficción.
Me senté con lentitud. Todo parecía real, demasiado real. Recordé todo de golpe: la Comic-Con, la luz brillante, Lorena gritando algo, y Loki...
—Jajaja... qué sueño más loco —murmuré, acariciándome el cabello.
Estaba por levantarme cuando la puerta se abrió de golpe, haciéndome pegar un salto del susto.
—¡¿Pero qué—?! —me atraganté de la impresión.
El agente Barton, con cara de piedra, entró y sin decir mucho me obligó a caminar. Genial, otro sueño raro donde me secuestran. ¿Por qué no uno donde beso a Loki y salvamos el mundo juntos? No pido tanto.
Me llevó a un laboratorio. Allí estaba Erik Selvig, el científico amigo de Thor, y al fondo... él. Loki. Mi villano favorito. Mi crush desde que tengo uso de razón y obsesión con Marvel. Me brillaron los ojos.
Me soltaron cerca de él. Estaba más guapo que en HD.
—Veo que despertaste —dijo con tono altivo.
Le sonreí como una fangirl en modo extremo.
—S-sí, g-gracias —contesté nerviosa. Cielos, qué voz... y qué cejas.
Él frunció el ceño, sorprendido.
—No creo que me sirvas mucho... pero podrías ser una buena rata de laboratorio para el doctor Selvig.
Tragué saliva. ¿Rata de laboratorio? ¿Eso fue una amenaza o un piropo?
—Está bien —respondí, como si me acabara de ofrecer un trabajo en Starbucks.