- Pásame el balón cabrón. Llevó todo el medio tiempo pidiéndote una buena bola y nomás no das ni una. ¿Qué te está pasando, acaso ya te vas volviste putito? -
- No wey, lo he intentado, pero por más que los trato driblear todos me quitan el chingado balón.-
- Ya pues, a ver que tal sale el segundo tiempo, nomás no me salgas con más pendejadas que si perdemos esto, tú pagas el doce. -
-Aaay, ya te vas a poner perra. Sale, ahorita saco a mi Cristiano interior y te anoto cuatro, nomás fíjate. -
-Cámara perro, confío en ti. -
Era viernes por la tarde y el sol pegaba, se sentía como lumbre y las nubes se desaparecían. El gran estadio, una canchita pequeña del parque de la esquina. La cancha era delimitada por sal que traían en costales, las porterías con los costales vacíos y el árbitro, el más gordo de todos. Eso no importaba, la pasión dentro del juego se sentía como la de un clásico español y el público se hacía notar. La afición lanzaba unas cuantas frases alentadoras para motivar tanto a su equipo, como al árbitro.
- Pendejo, tírale bien. ¿Pues pa qué te pago? -
- Chinga tu madre pues, tú no pagas ni madres. –
- El árbitro está vendido. ¿Pues con qué creen que ha pagado esa pinche pancita? –
- Ahhhh no seas mamón, yo no te digo nada de tu jeta de mandril. -
Regresaban al campo de juego Julio y Javier. Los dos mejores detectives del país, se jugaban el pellejo en un siete vs siete contra policías comunes y corrientes por lo que, para muchos,duele más que una hermana. Dos doces de Tecate bien frescas. Verlos jugar era el peor martirio para los ojos del público, y eso que el sol les daba de frente en un viernes a las 3 pm. Lo buenos que eran para investigar y descifrar los más intensos crímenes del país, era totalmente proporcional a lo malo que eran para jugar fútbol, pero el esfuerzo se sentía igual. El público estaba enardecido por ver cuál de los dos equipos era el victorioso. Todos los viernes se armaba una especie de campal dentro del parque porque nadie aceptaba el gol del equipo contrario.
- Eso era pinche fuera de lugar cabrón. –
- Si serás pendejo, en los sietes no hay fueras de lugar wey. -
Eran algunas de las riñas que empezaban la campal. La mayoría de ellos lanzaba sus tenis para atacar al equipo rival mientras que los contrarios les aventaban balones. Era sinceramente patético y triste ver a tanto hombre, macho, agente de seguridad, impartidor de justicia y protector de vidas, peleándose de esa manera. Una vez que la calentura del partido terminaba, se armaba la buena, las carnitas asadas.
Saber cuál era Julio y cual era Javier era muy sencillo de saber, uno cambiaba las bombillas de los focos mientras que el otro prendía y apagaba la luz para ver si funcionaba. La gente hablaba de ellos como Don Quijote y su Sancho. Uno era lo que cualquier hombre desea ser y el otro, lo que cualquier hombre es. Eran hermanos de padres distintos, eran como uña y mugre y se tenían tanto cariño y respeto, que podían arriesgar su vida para salvar la del otro.
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Hasta donde llegan tus sueños
Mystery / ThrillerEsta es la historia de un ser maldito. Julio Altamirano. ¿En qué momento logrará entender la intensidad de sus sueños?