Después de que la Segunda Guerra Mágica llegara a su fin, y con tanto por reconstruir y restaurar, es natural que todos busquen refugio en la Sede. Los caminos se cruzan y se toman decisiones, y Harry se encuentra compartiendo la misma habitación de...
-Estarás brillante-, aseguró Tonks a su novia mientras se acercaban a la Madriguera. -Ella tiene que saberlo-.
-Sí que lo sabe-, asintió Ginny, con la piel enrojecida por la expectación. -¿Seguro que quieres estar cerca de esto? Va a ser una locura ahí dentro-.
-¿Crees que no conozco a Molly? Pssh. Intentó enrollarme con Bill, puede soportar que me enrolle con su hermana-.
Ginny tiró de la mano de Tonks, arrastrándola hasta que se escondieron detrás de un gran árbol justo al lado del garaje. La pelirroja mordió el labio de la otra mujer, chupándolo hasta que gimió.
-¿Así que sólo soy un enganche?- se burló Ginny, deslizando su pierna entre las de su novia.
-Sí, una maldita caliente...- siseó cuando la rodilla de Ginny presionó su ingle. -Has estado perdiendo demasiado tiempo con los chicos, amor-.
-Tú eres una de las que habla-. Besó el lóbulo de la oreja de Tonks y lamió a lo largo de la concha.
-¿Qué, te refieres a Remus? Estábamos solos... Siempre he preferido a las chicas-.
-Bien-.
Tonks pellizcó el cuello de Ginny, chupando la tierna y pecosa piel de allí como si no se hubieran visto en meses. Rozó con sus manos los pechos turgentes de su novia, ahuecándolos con su pequeña mano.
-Nooo, ¡me vas a hacer un chupón! No puedo ir con mamá así!-.
Tonks se rió. -Más vale que así sea-. Soltó la suave piel y la masajeó con el pulgar. -Vamos, tortillera-.
-¡Oye!-.
Tonks corrió hacia la casa mientras Ginny trotaba tras ella, riendo. Se alegraba de que Tonks la hubiera acompañado, sería un manojo de nervios si no lo hubiera hecho. Al empujar la puerta, la mano de su novia se acercó a la suya. Respiró y saludó a su madre.
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-Un país precioso-, observó Remus mientras él y su novia se sentaban en un pequeño pub a lo largo de la costa australiana. Su Traslador, la vieja bicicleta, había sido desactivada por ahora y la bicicleta encogida y guardada en el bolsillo de Remus. Podría reactivar fácilmente el hechizo cuando encontraran a los Granger... er... los Wilkins, como se llamaban ahora. Wendell y Mónica, que se habían mudado de Gran Bretaña a Australia, llevándose su negocio de odontología.
-Encantador-, dijo Hermione, sin prestarle mucha atención. Estaba buscando en la guía telefónica los nombres falsos de sus padres o las consultas de los dentistas donde trabajaba al menos un Wilkins.
-Hermione, cariño-. Remus suspiró. -Mírame-, ordenó y sonrió cuando sus ojos marrones se encontraron con los suyos. -Ahí está mi chica. Relájate y come algo. Has estado tan estresada que has descuidado varias comidas. Encontraremos...- sonó el timbre sobre la puerta y una feliz pareja entró. Hermione se congeló, al oír sus voces familiares.