Atardecer

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El día se terminaba, tiñiendo el cielo de tonos cálidos y el sol molestaba mis ojos. Estaba más calmado ante las declaraciones de Calipso pero quería conocer la relación entre la ninfa y mi padre.

De lo poco que yo sabía, Calipso era una ninfa benévola que aparecía cuando la marea amainaba saltando entre la espuma de las olas. Quizá ella no era la ninfa de belleza más hipnótica pero sus ojos azules como el océano y su cabello oscuro resaltaban y embelesaban a quien la mirase. Según otros navegantes, tenía una sonrisa torcida y poco convincente. Mi padre confiaba en la ninfa a diferencia que a sus hermanas. Aún así, sabía que el océano podía ser muy traicionero. Esto incluía a las criaturas que habitaban en sus profundidades.

Tonos ocres sustituyeron los azules del cielo y el sol fue fundiéndose en el horizonte hasta quedar en un rojizo crepúsculo y dejar a la vista la curiosa aparición de las estrellas.
Me sorprendí al sentir un viento proveniente del sur golpear con fuerza mi espalda, como si deseaba volverme al océano. Calipso se levantó inquieta y con un movimiento de su mano obligó al viento a detenerse a lo que las aguas se levantaron empapándonos.

—No esperé verte hoy —gritó con fuerza hacia los peñascos de la cueva.

Otra vez el viento, esta vez proveniente del suroeste. Pensé que era mi imaginación pero pude distinguir un rugido entre el viento. No, no el característico rugir del viento. De algo mucho más grande.

Me coloqué junto a la ninfa y el viento se arremolinó sobre nosotros acorralándonos. La bruma matutina se hizo mucho más espesa y Calipso se mantenía firme a mi lado. Oí el gruñido mucho más cercano y me petrifiqué de miedo.

Calipso tomó un puñado de la bruma con su mano y este se transformó en pequeños cristales translúcidos. Dió un soplido a ellos y la bruma se dispersó tan repentinamente que casi caigo de espaldas. Los pequeños cristales adornaron el alrededor como copos de nieve que jamás caerían al suelo y quedé fascinado ante aquello. Tan fascinado que no me percaté de la enorme bestia frente a mí y de la joven que la montaba.

—Me alegra que hayas acudido a mi llamado, Aura...

4. El mar hostil [BG#4]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora