No conoces la verdad. Tus mentiras solo condenan tu alma junto a una verdad que ni tu mismo conoces. ¿Merecedor? Tus palabras podrán derrochar mensajes de paz, pero tu mente y acciones, mantienen contacto con lo que declaraste prohibido. Gozas de tu ego y no notas tu reflejo en el espejo. Tu serenidad engaña, pero tu maldad no encaja. Pretendes que todos crean lo que dices, pero yo lo intenté, y rugiste. No tiene sentido, no podrás mantenerlo ni con un martillo.
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