Parte III

29 3 1
                                        

Paige

    

     Sábado

 

Nos vemos a las 20.30 fuera de tu edificio, tengo una sorpresa para ti.

Shane.

 

    El resto del día estuve tan ansiosa que me moría de ganas por saber que tenía Shane preparado para los dos.

     Le había enviado mensajes para preguntarle que planeaba y no me quiso responder, lo que hacía que mis nervios aumentarán, fue tanto el estrés, que comencé a sentirme mal, me dio dolor de cabeza y náuseas. Así que no me quedo de otra que avisarle al pelinegro que no podría salir, ya que el ruido de las calles me molestaría.

No te preocupes, subiré a verte dentro de un rato.

Shane.

 

     Pensé que lo había dicho sólo por cortesía, pero me sorprendí cuando al rato de ver su mensaje, el timbre del piso sonó y sentí que el cerebro me palpitaba de dolor.

     Le abrí la puerta y al verlo, me dio un retortijón en el estómago. Su cabello negro desordenado y sus ojos tan oscuros, seguían pareciéndome lo más bello del mundo.

—¿Qué tanto traes ahí?— le pregunté y señalé las bolsas que llevaba en las manos.

—Es para preparar la cena— fruncí el ceño y Shane sonrió—. Anda, déjame pasar.

     Me hago hacia un lado y Shane entra, mientras él hace su camino dentro del piso, cierro la puerta y me permito unos segundos para calmarme y no entrar en pánico.

     Voy a la cocina pensando en encontrar allí al pelinegro, ya que en el salón no estaba y me quedó anonadada viendo como saca todo, deja fuera lo que piensa usar para la cena y guarda lo demás en su respectivo lugar, como si fuera algo de todos los días.

     Me acerco y me paro a su lado con la intención de ayudarlo, pero no me deja. Su mano enrollada en mi muñeca como el día que lo conocí, hace que me dé un escalofrío.

—¿Qué haces?— me pregunta.

—Ayudarte.

—No hace falta, yo me encargaré de todo. Tú mejor ve a ver algo en el salón, dentro de nada te haré compañía.

—Es mi casa, debería atenderte yo— le digo.

—Yo no estoy enfermo, hazme caso.

     El tono serio de su voz, hace que me quedé observándolo. Y en cuanto se da cuenta de como lo ha dicho.

—Perdón, pero es que a veces tu necedad me hace exasperar.

—Vale, vale, ya me voy.

     Doy media vuelta y camino hacía el salón, me siento en el sofá grande y enciendo el televisor, dejo un programa de animales y le coloco poco volumen para que no llegue a molestarme.

     Estoy más concentrada en el ruido que hace Shane en la cocina que en lo que veo, a ratos le echo un vistazo y está tan concentrado en lo que hace que ni se da cuenta de que lo estoy observando.

     Trato de concentrarme en la tele y de ver como dos leones están a punto de iniciar una pelea.

—Quita eso— la voz de Shane hace que me sobresalte un poco y lo observo por encima de mis hombros, esta de pie detrás del sofá y tiene una pinta horrible.

Cuando te conocí ✔Donde viven las historias. Descúbrelo ahora