La puerta está cerrada y estoy sola, he soñado que eras insaciable por mis pecados, sumerjo mis brazos entrelazados en la bañera y escondo tu llave de repuesto en mi boca.
El sueño que hablamos y el rosario que elegimos, en mi nuca quedan las marca...
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Una figura pequeña estaba cubierta por un vestido frondoso de un azul muy oscuro, el cabello ondulado y negro le ondeaba mientras corría sin intención de detenerse pronto.
Los edificios de ladrillo la rodeaban y sólo podía ver el fin de los pequeños callejones que se hacían entre edificación y edificación. Una luz brillante, que sabía llegaba a la zona de entrenamiento de los soldados, se asomaba al final de cada pasillo por el que iba.
En cierto punto le pareció extraño no haber encontrado a nadie por el camino, siempre estaba lleno de gente y normalmente saludaba cada dos minutos durante un trayecto como aquel, pero estaba tan desolado que incluso se sentía extraño.
- ¿Qué? ¿Se fueron todos a casa? - se preguntó mirando a su alrededor después de haberse detenido por un momento.
Levanto los hombros con incredulidad y continuó corriendo sin rumbo aparente, bajando y subiendo escaleras, doblando pasillos y recorriendo callejones, no se cansaba de correr a un buen ritmo por lo que fue un poco tarde cuando se dio cuenta que los edificios habían cambiado y el suelo estaba más desgastado.