~Dia 1 (parte 3/3)~

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ESPERANZA

(OMEGAVERSE)

 Habían pasado diez años desde aquella boda. Los Prado estaban orgullosos de sus gemelos, un par de cachorros alfa hermosos y competitivos. Martín estaba nuevamente en cinta y Miguel no sólo se había convertido en el alfa jefe de la familia como su padre, él se había convertido en su padre. Un alfa ambicioso, soberbio y poderoso, que sabía que era poderoso y que ya tenía planes a futuro para sus cachorritos que jugaban inocentes.

Manuel continuaba siendo un omega soltero de 27 años. Ningún alfa o beta parecía particularmente interesado en él. Los alfas decían que su aroma era raro, no desagradable pero tampoco muy seductor; Y en sus periodos de celo se volvía un poco más dulce pero seguía teniendo una esencia un tanto ácida. Además, ya tenía la fama de haber sido rechazado por Miguel Prado y si el alfa más importante de la ciudad desechó a ese omega no sería bien visto que otro lo recogiera del basurero para quedárselo. En cuanto a los betas, estos se alejaban de su carácter introvertido y huraño.

Ese día iniciaba su celo y el castaño sufría bastante en esa semana de cada mes. Si bien podía combatir sus síntomas físicos con supresores, no podía escapar de una tristeza inexplicable que inundaba su corazón. Recordaba al mejor amigo que perdió, al alfa que lo amó y ahora lo despreciaba y a ese cachorrito que lo sedujo como ninguno, y que ya lo había olvidado.

Pasaba el celo encerrado en su pieza, con las luces apagadas y construyendo nidos en su cama que estarían por siempre vacíos. No comía nada en esos días y lloraba demasiado. Su madre, ya cansada de ver a su hijo padecer cada semana de cada mes, llegó abriendo la puerta de golpe y también las cortinas.

—¡Levántate, vas a ayudarme en la verdulería! —ordenó siendo severa, pero en el fondo tratando de darle un amoroso consuelo.

Manuel obedeció porque tampoco gustaba de pasar tanto tiempo encerrado en la oscuridad de sus pensamientos. Sin ánimos de nada Manuel se propuso a hacer de todo: Reponer la mercadería, atender en la caja, hacer los cortes de zapallo, calar sandías y sacarle las hojas a las betarragas.

—Hay que llevar este pedido a la banquetería —comentó el papá de Manuel.

—¡Ya, yo voy! —respondió la esposa de este, muy ocupada con la larga fila de clientes.

—¡Yo lo llevo! —se ofreció el hijo.

Pese a las protestas y el temor de su mamá de que su hijo en celo saliera a la calle. Manuel ya estaba montado en el triciclo dando el primer y más difícil pedaleo para poner en marcha el vehículo no motorizado, con la canasta llena de verduras.

—¡Look mommy!—Un pequeño niño rubio apuntó el triciclo de Manuel, cuando este iba pedaleando en la calle.

Yes my dear, es un triciclo con verduras —un omega rubio, claramente un turista europeo tomó en brazos al niño para que viera mejor tan común y a la vez pintoresco vehículo.

—¡Pidámosle una foto! — Su acompañante alfa, quien parecía ser su esposo y padre del niño, Levantó el brazo con su cámara en mano—Hey buddy! ¡Una foto!

—¡Alfred, deja de ponerme en vergüenza! —regañó el omega con el niño entre sus brazos.

—¡Athur, se nos escapa! ¡Vamos tras él! —exclamó el alfa, más preocupado de que el hombre del triciclo no se les fuera a perder.

El turista tomó en brazos a su esposo -que a su vez cargaba al niño- Y se fue corriendo tras el hombre del triciclo. Manuel pedaleó más rápido, huyendo de aquellos turistas curiosos. No le gustaba llamar la atención de esa forma y ver a esa familia tan feliz le provocó un desagradable sentimiento de envidia. Impulsado por su rabia reprimida, el omega pedaleó a toda velocidad y logró escapar de los turistas, aunque no se dio cuenta en qué esquina los perdió. Se había salido de su ruta de entrega y no estaba muy seguro en qué calle estaba.

URUCHI WEEK 2021!!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora