Epílogo

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Amagi entró corriendo de prisa a la oficina del cuartel general, asegurándose de que su hermana no le había seguido la pista desde los dormitorios. Justo antes de anunciar su llegada a la representante de la flota Imperial, se las arregló para estabilizar su respiración y compostura.

–Nagato, espero que te encuentres bien. –pronunció Amagi, mientras cerraba la puerta de la oficina detrás de ella.

–Amagi, ¿qué deseas solicitar de mí?

–Si perdona mi rudeza, quisiera hacer una petición de parte de Kaga.

–Muy bien, adelante, habla.

–Como sabes, el tratado permite solamente que dos barcos capitales sean convertidos en portaaviones. Me gustaría evitar el desmantelamiento de la acorazado Kaga en base a las demandas del tratado.

–Amagi... –, Nagato lo pensó un par de segundos y continuó –. Nadie desea que pase esto, pero el tratado ya ha sido firmado. Tu petición sería de tres barcos... a no ser que...

–A no ser que alguien tome su lugar, ¿correcto?

–Desde el comienzo de todo, el mundo nunca ha juzgado quién es débil o fuerte, solamente estás usando eso como una excusa para escapar de la realidad.

–Nagato, ya deberías saber que no estoy en posición de servir como la buque insignia de la Flota Combinada. Tarde o temprano, el rol deberá ser confiado a alguien más. Puede que ella aún no este a la altura del cargo, pero si le pasaras ese rol a Kaga, podría descansar tranquila sabiendo que pude servir al Imperio Sakura, incluso con este cuerpo defectuoso.

Nagato, miró con detenimiento al fantasma del Imperio Sakura.

–¿Realmente deseas esto?

–Sin duda alguna. Justo ahora, Kaga está sola en el Mar Espejo debido a su desesperación, pero yo personalmente me aseguraré de traerla de vuelta. Sí volvemos a salvo, quiero solicitar amablemente que consideres mi decisión, y que hagas otro ejercicio naval para que veas que Kaga puede convertirse en un portaaviones... Gracias por atender mi petición egoísta pero esta es mi...

Antes de poder continuar, el esfuerzo de haber corrido desde los dormitorios hasta el cuartel general le pasó factura, y en consecuencia, Amagi comenzó a toser fuertemente.

–No puede ser... –Nagato, observando el estado de Amagi, asintió –. Entiendo, no hables más... tu petición será concedida.

–Gracias por tu comprensión, Nagato... Ya le he pedido a Houshou que las entrene a las dos en técnicas de aviación. Esas dos tienen la fuerza y talento para convertirse en el núcleo de la Flota Combinada, por favor, confía en mí, Nagato.

Amagi se puso de pie y se preparó para salir a toda velocidad al puerto.

–Rezaré por el regreso a salvo de todas ustedes.

–Muchas gracias, y lamento molestarte.

● ● ●

–Kaga, este broche de jade es para ti. Úsalo, y te mantendrá a salvo –comentó Amagi mientras se lo entregaba –. De hecho, también tengo otro para Akagi, el broche que te estoy dando es un par... quiero decir, un repuesto.

"Amagi, ¿por qué me estás usando dando algo como esto de repente? No me digas que...".

–¿Por qué me miras así, Kaga? Los acabo de comprar mientras pasaba por el mercado... no lo pienses mucho –aseguró Amagi con una sonrisa.

"Habiendo dicho eso, creo que esta es la primera vez que Amagi me regala algo... Me aseguré de atesorarlo siempre".

–Y si, apreciaría mucho que lo usaras todo el tiempo –añadió Amagi mientras agitaba sus colas.

–Si tú lo dices, Amagi...

Kaga ahora estaba en la cima de aquella isla donde había despertado, en el presente. Desde ese "santuario" que había mencionado Akagi, se podía ver un hermoso paisaje de islas cubiertas de flores de cerezo. Mientras observaba lo que yacía ante sus ojos, pensó:

"La era de los portaaviones... es justo como lo dijiste, Amagi. Me he estado esforzando en proteger a Akagi, que ahora también está sirviendo como una portaaviones, justo como me pediste."

«En ese entonces, nadie hubiera pensado que aquella lamebotas se convertiría en una de las líderes del Imperio Sakura... Y de vez en cuando casi puedo ver tu rostro cuando la miro a ella. Pero probablemente sólo sea una ilusión causada por mi propia inmadurez. Pero puedes estar tranquila. Ahora ella es como una verdadera hermana para mí, unida por sangre. Aunque la situación con las Siren quizás... haya escalado lejos de lo que hubieras imaginado».

"Amagi, si estuvieras aquí... ¿qué harías?".

–Parece que una pequeña ratóncita se ha colado en nuestro "santuario"... –Akagi soltó una risa siniestra mientras miraba a un rincón oscuro –. Tester, ¿ya las localizaste?

De ese mismo rincón oscuro, emergió una figura aterradora, una Siren de tipo Tester miró a Akagi a los ojos y respondió:

–Monitoreo a larga distancia... eso es algo en lo que tengo bastante experiencia.

Tester soltó una risa que solo podría ser descrita como malévola.

–Quinta División de Portaaviones... que niñas tan necias... no saben nada aún.

Akagi preparó su cubierta de vuelo y declaró triunfante en la cima de aquel santuario:

–¡Permítanme poner a prueba sus habilidades con esta arma que trasciende a los Dioses!

Fin.

Ecos CarmesíDonde viven las historias. Descúbrelo ahora