6. LAS NUBES

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Capítulo seis

Las nubes

ANDREW

Soledad, una palabra complicada pero bastante significativa, creo que me describe mucho, aunque tampoco hay muchas opciones, digo soy hijo único, mis papás siempre me han apoyado en todo, aunque son muy exigentes, controlan toda mi vida, tomar mis propias decisiones es complicado porque termino haciendo lo que ellos quieren, me piden ser el mejor en todo, las mejores calificaciones, estar en un equipo deportivo y destacar.

Muchas de las cosas que me piden se han vuelto parte de mi vida, así que intento tomarle el lado bueno aun sabiendo que no es fácil.

Ellos se defienden diciendo que, si me dan todo, no les puedo fallar, si en todo caso cometo un error grave me reclaman diciendo que ellos se esfuerzan por darme todo y yo no valoro ya que no lo aprovecho como ellos lo esperan, su lado sentimental hacia mi está un poco roto, pero creo que lamentablemente me he acostumbrado.

Me he sentido solo por bastante tiempo, siempre quise un hermano para jugar, distraerme o por lo menos para repartir un poco la exigencia de ellos, solo intento saciar sus grandes expectativas, porque cuando lo consigo de verdad lo valoran. Aunque sea por un día, puedo sentirme un hijo amado.

- ¡Hey! ¿tu también vas para las competencias de básquet? – me dijo un chico de lentes mientras tocaba mi hombro.

- Si, ya verás que me convertiré en el nuevo capitán – choqué mi mano con la suya - ¿quieres unirte a mi equipo? – reí a lo bajo.

- Sí como tu digas – se burló de mi – hagamos la apuesta de que no serás el capitán, yo propongo que $100 ¿aceptas o te rindes de una vez? – me puso el puño.

- ¿Tan poquito? Mejor dime ¿con quién estoy aceptando el trato? ¿cuál es el nombre de la persona que próximamente perderá $100?

- Ya quisieras, me llamo Ezrra y soy tu perdición.

Pasamos a todos los salones por más personas. En mis anteriores escuelas siempre he sido capitán, así que esperaba lo mismo en la preparatoria. Éramos puros hombres hasta que llegamos al C18, recuerdo el salón porque de ahí salió la primera y única chica, se veía graciosa, estaba llena de pintura y apenas era la primera hora como para estar en esa presentación.

- ¿Ya viste a la chica? – le di un codazo a Ezrra.

- Si – rio – ¿cómo es que puede estar llena de pintura tan temprano?

- No tengo idea, pero es muy linda – sonreí.

Nos dirigimos hacía el gimnasio, entrenamos y hasta eso, note que ella jugaba bastante bien, no quería ser obvio al verla, pero puedo decir que se tiene mucha confianza y no sé para los demás, pero para mí es muy atractivo como ella sabe lo buena que es y lo mucho que vale, tendría que esforzarme para llegar a estar a su nivel.

- Hey minion – estábamos en los entrenamientos antes de ser seleccionados.

- ¿Cómo me dijiste? – rio la pelirroja sin dejar de botar el balón.

- Minion, es que no sé si recuerdas, pero la primera vez que te vi, tus pantalones estaban bañados en pintura azul y...

- Mi cabello y blusa de amarillo – interrumpió y siguió la fila, pues estábamos haciendo tiros libres – hagamos algo, el que enceste más canastas decide qué pasa con el apodo – tiró y se fue.

- ¿Qué? eso no está a discusión – tiré y la seguí hasta el final de la fila.

- Ya sé – dijo ella viendo el reloj de la cancha – me puedes decir minion solo si me alcanzas.

La lluvia del eclipseDonde viven las historias. Descúbrelo ahora