6. "EL SECUESTRO"

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Capítulo seis

El café.

MATTHEW

Hablemos de adicciones, ¿bien? Bueno, solo hay una, no existe ni existirá otra cosa con la que me pueda obsesionar más y esta es... vino, si, agarré un cierto gusto por esta bebida, no soy de alcoholizarme pues sé controlar todo a mi alrededor, por lo tanto, me sé controlar a mí, pero si preguntarás por adicciones, aquella bebida roja es un divino placer.

Como ya les conté sé controlar todo, incluso me dejaron a cargo de los negocios familiares, me valen una mierda, pero gracias a mi hermano mayor y sus estúpidas decisiones, el que decide todo ahora soy yo, creo que él no sería el indicado para esto, porque mi mamá siempre lo protegía de todo, los regaños no los recibía y es por eso, que todo lo que hacía terminaba en catástrofe, pero ¿cómo no amar al favorito? el primogénito, la maravilla para todos, niño güero de ojo azul cristal.

Gracias a él tuvimos muchos problemas y por ello ahora no sé casi nada de él, pero así estoy mejor, ya ha hecho suficiente. Solo puedo decir que todo es su culpa.

Todo ha salido excelente estos últimos meses, pero ¿para qué? ya no tengo la vida que quería, ni quisiera estoy donde me gustaría, tuve que mudarme para rehacer mi vida porque mi hermano siempre tiene que dejar su estúpida huella en la vida de todos para arruinarla por completo.

Mi futuro estaba más o menos planeado, todo iba a resultar bien, quería seguir el camino de mi hermano, mi ídolo, pero ahora todo ha perdido rumbo, no sé qué hacer con mi vida.

¿Cómo empiezas de nuevo una vida, si la que tenías no la querías terminar?

Por eso cuando llegué aquí, lo primero que hice fue inscribirme en una escuela francesa muy reconocida para poder cumplir el sueño de mi mamá (que uno de sus hijos tocara el violín).

Sé hablar francés, entonces no me costaría adaptarme, pero después me di cuenta de que se trataba de un campus, nadie hablaba francés, pero aun así podía aprender a tocar el violín.

Fui a la inscripción de IMA, como de costumbre sin ganas de vivir.

Había una chica en mi salón que sentía que conocía de algún lugar, repase por mi mente miles de opciones, la observaba detenidamente, intentaba recordar toda la gente que conozco y que ella tuviera que ver con alguna, pero nada, pasaba algo extraño en mi mente, nublaba cada intento por reconocerla.

De repente la vi caer cerca de la puerta, la hubiera ignorado normalmente, pero no sé qué me paso, corrí a salvarla como si de una flor se tratase.

Estaba seguro de que algo me pasaba, no era normal este comportamiento en mí.

Intenté olvidar lo que estaba pasándome y me fui.

Después de una semana iniciaron formalmente las clases, cuando llegué ella estaba sentada sola en un jardín al cual llamaban "pastos".

- ¡Hola tú! - la mencioné así por no saber su nombre.

- Disculpa ¿qué dijiste? - se quitó sus audífonos azules de diadema.

- ¡Hola extraña! - cambié mis palabras mientras me paraba enfrente de ella.

- ¿Extraña? ¿desde cuándo? creo haberte conocido ya... Matthew - hizo hincapié en mi nombre.

- Es que no me sé tu nombre, pero shhh, no quiero saberlo. Ocupará espacio innecesario en mi cabeza.

Se notaba en su rostro la duda de si lo que había dicho era de broma o de verdad no me importaba en lo más mínimo, frunció el ceño y me miro aún sin levantarse del pasto.

La lluvia del eclipseDonde viven las historias. Descúbrelo ahora