El Orfanato "Refugio de Ángeles" (Ángel's Haven) ha sido fundado hace décadas, con la principal intención de guiar y enseñar a los niños para su futuro sea de éxito «todo esto es verdad» pero no todos los niños son Ángeles.
Leía la abandonaron y la...
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Adrien Neal
Mi nombre significa “El hombre marinero”, o “El hombre cercano del mar” y aunque es un buen nombre ahora no es lo importante.
Nací con una enfermedad llamada insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis (CIPA) es una enfermedad genética que se caracteriza por la incapacidad de sentir dolor y percibir la temperatura y la falta o disminución del sudor (anhidrosis).
Mis padres se dieron cuenta que algo pasaba conmigo a los seis años «algo tarde eh de decir». Yo era un niño tranquilo, nunca me había caído, no faltaba al reparto a mis padres. Tuve una crianza buena, mis padres nunca me alzaron la voz maltratándome ni mucho menos a pegarme como sucedía en otros casos.
Ese día conocí la sangre, mi propia sangre. Había agarrado un cuchillo sin supervisión para cortar un limón, ya que quería comer mango verde con limón, sal y pepita «que no me pude comer» me había cortado al tratar de cortar el limón, yo obviamente no sentí dolor, solo observé esa mancha roja que se expandía por mi dedo, fui con mi mamá que se encontraba en su habitación.
Al entrar le dije a mi mamá de la forma más calmada del mundo: —Mamá a mi dedo le está saliendo una mancha roja, es algo viscosa. —Le dije en voz alta mientras yo observaba aún mi dedo.
—¡ADRIEN QUE PASO! —Grito alarmada al ver el dedo sangrando, dejando de lado las hojas que tenía en su mesita. — Ven rápido acompáñame al baño, ahí tengo un botiquín.— Me tomo de la mano buena de una forma ágil y me guío al baño.
Mi mamá de forma rápida preparo todo para desinfectar el dedo, ya había visto estos procedimientos antes, con mis compañeros del colegio, cuando se caían y terminaban raspándose, se iban corriendo a ver a la maestra para que les ayudarán. No me gustaba esas lágrimas, no sabía que significaban ¿Porqué lloraban? No entendía.
—Te voy a pasar este pedazo de algodón con alcohol por tu herida, respira profundo, pueda que te duela.
—Me aviso, sin saber que no me dolía nada.
—No me duele mamá, ¿Cómo se siente el dolor? — pregunté con intriga, mi mamá se me quedó viendo sin comprender.
—Es lo que deberías de sentir en este momento hijo, ¿Puedo tocar tu herida? — me pregunto, yo asentí dándole permiso.
Mi mamá destapó mi herida que tenia el algodón aún y presionó de forma leve la herida, no entendía que quería hacer, pues no sentía nada. Me volvió a cubrir la herida y me preguntó: —Adrien te haré otra pregunta. La vez que papá te golpeó accidentalmente la pierna, porque no te vio debajo de la mesa ¿Sentiste algo extraño, incomodidad, dolor quizás? — dijo a la vez que sacaba su celular y buscaba rápidamente en Google.
—Nada, ¿Qué se supone que debía sentir mamá?.
Mi mamá alza la vista de su celular y me mira con una expresión de asombro y me dice: —Adrien creo que tienes insensibilidad al dolor, y no lo digo yo, lo dice Google.
—Podemos ir al doctor, ellos diagnostican esas cosas ¿no? —le sugiero para saber con exactitud.
—Tienes razón, vamos con tu tío. —al decir eso rápidamente lo llamó para hacer una cita.
Cuando llegamos me hicieron exámenes y todo indicaba que tenía la enfermedad que Google le dijo a mi madre.
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Desde que supe de la insensibilidad, no recuerdo haberme puesto nunca como los otros niños que se autolesionan para sentir algo. Aunque no sienta dolor no quería ser tonto como para dañarme y que me quedara cicatriz.
Cuando tenía diez años y ya tenía más conocimiento sobre la CIPA, llego algo inevitable, mis compañeros del colegio lo supieron y me molestaban a cada rato. Me tiraban cosas, obviamente sentía el movimiento, que no me doliera no significaba que era ciego como para no percatarme de lo que hacían.
Un día me tiraron una piedra y yo al tratar de girar mi cabeza para evitar el golpe, hice que la trayectoria de la roca diera justamente en mi cabeza. Al sentir algo caer por mi frente, fui al baño y vi a través del espejo como ese color caía y se deslizaba en mi piel. La sangre era escandalosa, fui a la enfermería del colegio y la enfermera se asustó al ver la sangre salir.
—¿¡Qué sucedió!?— me pregunto asustada por lo que estaba viendo.
—Me golpearon con una roca, ¿Puedo llamar a mi mamá? —dije tranquilo, debía avisarle a mi mamá sobre este incidente, pues ya me había dicho hace años que si sucedía algo similar ella iba a venir por mí.
—Claro pero debo limpiarte esa herida y avisarle a la directora sobre esto.
Tomo su tiempo para limpiarlo y cerrarlo con un clip especial. Se enteró que tengo insensibilidad del dolor y se sorprendió, había escuchado de eso pero nunca había conocido una persona que lo tuviera. Al terminar nuestra plática y la limpieza de la herida me dejó solo en la enfermería para ir hablarle a la directora y a mi madre.
Al llegar mi mamá fue directo a a enfermería y al verme se miraba muy preocupada y enojada. —¿¡Cómo sucedió esto!?—Pregunto indignada mi mamá. —Esto es un colegio de prestigio, no entiendo cómo puede suceder esto.
—Al parecer los compañeros de clase de Adrien supieron que el tiene insensicibilidad al dolor y quisieron ver si era verdad. — respondió la directora— suspenderemos a los niños y le ahora que lleguen los padres les avisaremos.
—No me es suficiente, mire como han dejado a mi hijo, aunque no sienta el dolor, le hace daño.
—Lo sabemos, y sentimos mucho que esto haya sucedido en nuestras instalaciones…
—Disculpe pero suspenderlos no servirá de nada, sacaré a mi hijo de este colegio lo más rápido posible.— la interrumpió.
Al decir eso mi mamá me abrazó y me llevo al estacionamiento para irnos al hospital para que me revisaran más a fondo.
Siempre sucedían problemas así en todos los colegios a donde iba. La gente suele ser estúpida en esos aspectos.