Interferir en una historia ya contada es malo, cuando no puede ser demostrado que es buena. ¿Qué sucesos llevaron a estas historias a?... Volverse completamente diferentes, dándoles a todos un destino que no estaba escrito...
El Hospital de Nueva York siempre olía igual, desinfectante barato, café recalentado y algo más... algo viejo, como si las paredes hubieran absorbido demasiadas despedidas. Sus pasos resonaban despacio, más por costumbre que por cansancio. Cada jueves, sin falta, Durante más de diez años.
Ben Grimm conocía ese pasillo mejor que su propio departamento.
La puerta de la habitación 617 estaba entreabierta.
Ben empujó con cuidado, como si incluso su fuerza reducida pudiera hacerle daño a alguien. El pitido constante del monitor cardíaco lo recibió primero. Luego, la figura inmóvil en la cama.
—"Hola, Reed..."— Ben murmuró.
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[Ben Grimm // Tierra 617]
Reed Richards yacía pálido, demasiado quieto para alguien cuya mente había sido capaz de doblar la realidad con ecuaciones. Tubos, cables, máquinas respirando por él. El hombre más inteligente del mundo, reducido a números verdes en una pantalla.
Ben cerró la puerta tras de sí y se acercó a la cama. Dejó su abrigo sobre la silla, la misma silla de siempre. El cuero estaba gastado donde su peso había presionado año tras año.
—"Jueves otra vez, Johnny se fue hace un rato... dice que hoy el sol estaba lindo afuera. Pensé que te gustaría saberlo"— El hombre de piedra dijo forzando una sonrisa.
No hubo respuesta. Nunca la había.
Ben apoyó los codos en las rodillas y entrelazó sus enormes manos de piedra. Por un momento no dijo nada. El monitor seguía marcando el ritmo, constante, indiferente.
—"¿Sabés? Todavía me acuerdo de lo que gritaste"—Ben dijo suavemente.
—"No son dioses. Eso dijiste a los Elegidos, en Frente de todos"— Ben Tragó saliva. Sus ojos comenzaron a arder.