Metanoia

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—Dicen que las personas pueden morir de amor. O enloquecer, en el mejor de los casos.

—Eso es una estupidez.

De vuelta en aquel entonces lo sentía así, un absurdo, e incluso una vil mentira.

Sentado en una banca al exterior de una tienda de conveniencia, con una paleta de hielo que rápidamente se deshacía, un viejo amigo y un cálido verano, un verano que a pesar de ser agradable, no lograba emocionarlo del todo, ni siquiera el profundo azul de un cielo claro, ni el canto de las cigarras.


—¿Por qué una estupidez?— le había preguntado su amigo, Yeonjun.

Wooyoung miró con los ojos entrecerrados la larga carretera, cuyo concreto ardía bajo el sol. No meditó en su respuesta, pues para él estaba claro, aunque por supuesto, nunca se había enamorado realmente.

—Pues, ¿Por qué el amor habría de doler?

¿Sufrir por amor? No, eso era demasiado burdo. Sin embargo, era cierto que no era nada fácil lidiar con cosas como esta. Justo en ese momento, las palabras de Yeonjun vinieron a su mente como si le recriminaran la respuesta de su yo del pasado. Incluso, cobraron algo de sentido a pesar de que el panorama no era tan desolador, no obstante, el sentimiento ya era molesto de por sí.

Se quedó estático, más por gusto que por mera impresión, aferrándose al pomo de la puerta, como si estar parado dependiera de ello; mirándolos con ojos bien abiertos que no pudieron apartarse de ellos aunque así lo quiso.

Se quedó en espera de algo, pero todo se mantuvo tan quieto como él, y lo que más pareció sacarlo de quicio fue ver a Seonghwa una vez más molesto con él, seguramente por interrumpir su momento. Estaba harto, todo ese tiempo sentía que estaba dentro de una olla a presión y esta, estaba a punto de estallar.

Pero mantuvo la calma, y con una sonrisa cortés se disculpó.

—Perdonen la interrupción, volveré después. —dijo, y sin esperar más cerró la puerta.

Miró levemente la habitación contigua, dónde solía descansar, debatiéndose en permanecer ahí pero sabía que encerrarse solo lo martirizaría de más. Caminó pues, apresurado al piso de abajo, dónde había estado minutos atrás con Mingi, a modo de silenciosa compañía. Pasó por su lado, ignorando su confundida mirada cuando lo vio abrir la puerta.

—¿A dónde vas? Te había dicho que no podías salir, además ¿No habías ido a ver a Hongjoong? —le dijo deteniendo la puerta con el pie. Wooyoung resopló.

—Está ocupado y yo necesito salir, aquí dentro me asfixio y ese insoportable olor me dará jaqueca. —Habló, refiriéndose exactamente al ambiente de la habitación.

Mingi negó, sin parecerle una razón suficiente.

—Solo iré a la iglesia a hacer mis plegarias. —mentía, lo único que quería hacer era estar un poco lejos de ahí, y rápido, lo más rápido posible.

A Mingi le pareció raro su comportamiento que de momento a otro era irritante, había algo de desesperación en el chico.

—Cualquiera podría verte.

—Ya lo sé, tendré cuidado ¿Ese lugar es seguro, cierto?

El castaño frunció el ceño, no le agradaba el tono hosco del chico, quien solía hablarle siempre con educación, pero lo dejó ser.

—San y Jongho están vigilando el exterior cualquier cosa, avísanos —Mingi hizo una pausa tomando del perchero un abrigo con gorro que después le obligaría a usar—. Y no dejes que te vean el rostro.

Vendaval [Woojoong/Hongwoo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora