Wandering

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"Porque fuego se ha encendido en mi ira, que quema hasta las profundidades del Seol, consume la tierra con su fruto, e incendia los fundamentos de los montes".

Era asfixiante la mortandad que llenaba el reducido espacio. Difícil respirar a través de ese vaho de muerte que emanaba como un arroyo.

"Amontonaré calamidades sobre ellos, emplearé en ellos mis flechas".

La gula que lo poseía iba en deceso, y pronto su cuerpo antes fatigado recuperó todo su esplendor.

"Serán debilitados por el hambre, y consumidos por la plaga y destrucción amarga; dientes de fieras enviaré sobre ellos, con veneno de serpientes que se arrastran en el polvo".

De fondo la recitación prolija y llena de entusiasmo comenzaba a avivar su irritación.

"La bestia fue capturada y con ella el falso profeta que había realizado maravillas al servicio de la bestia, engañando con ellas a los que habían aceptado la marca de la bestia y a los que adoraban su estatua".

Los ecos siseantes de su voz danzaban, burlones y así mismo solemnes, lo suficiente como para abrir esa pesada cortina rubí de par en par. Dentro de la opacidad del interior, los ojos carmesí centelleaban.

—"Los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre".

—Apreciaría que realizaras tu lectura en otra parte. —dijo con voz molesta y de comando.

Entonces el hombre mayor se detuvo fingiendo desentendimiento por la interrupción. El libro negro que reposaba en sus manos fue dejado a su lado mientras le sonreía con mofa.

—¿Te incomoda? Yo solo busco traer calma a tu corazón con estas bellas y esperanzadoras palabras.

Si tuviera la paciencia, probablemente el joven hubiese agregado un comentario sarcástico, sin embargo; sus cejas se fruncieron mostrando su inconformidad y tan pronto como pudo, regresó a su tarea sin más dilación.

—Opino que deberías disfrutar un poco más de tus alimentos. Comer tan apresurado apenas te deja la oportunidad para disfrutar —el padre hojeó su biblia en busca de un texto aún más devastador que el otro—. Ni siquiera los estás tocando, que aburrido…

Se escuchó dentro un resoplido.

—No busco divertirme ahora mismo. —respondió la voz seca de Hongjoong. El sacerdote carcajeó.

—¿Tuviste suficiente con el muchacho? —preguntó con la clara intención de molestar.

El sonido contundente de un golpe en el confesionario fue suficiente para que el párroco dejase ahí el asunto y tras unos minutos de espera el joven pelirrojo abrió una vez más las cortinas dejando entrever a un joven adulto que dormitaba plácidamente ahí dentro.

—Ya no puedo tomar más de este… —murmuró.

El sacerdote se levantó de la banca en la que reposaba con toda la calma que pudo, fue hasta el hombre y lo tomó entre sus brazos, cargándolo como si no fuese nada para alguien con la apariencia de un adulto de la tercera edad.

—El suave toque de Thanatos y el letal aliento de las Keres… —musitó llevando en brazos al hombre—. Contrastan como el cielo y el infierno. Tan solo mira lo pacífico que luce…

Enfatizó el padre dejando el cuerpo del hombre en la banca, de manera que reposara sentado ahí.

—¡Fiu! No veas a cuántos adeptos tuve que usar, me debes varias ya, Hongjoong. —emuló observando con fingida sorpresa la larga fila de personas apiladas una junto a otra en las bancas—. ¡Oh! Ahí viene uno más, ¿Qué tal el banquete, Seonghwa?

Vendaval [Woojoong/Hongwoo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora