The outsider

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—¡Diecisiete aquí! ¿Qué tal, su alteza?

Paseando entre respiraciones agitadas, el fuerte hedor a muerte y el chapoteo de sus botas contra un cuerpo de agua, Hongjoong se detuvo a mirar a quien le habló. 

—¡Ni de cerca, San-sshi! —canturreó burlón mientras hizo rodar de una patada, una cabeza amorfa y carente de rostro.

—Diecinueve. —dijo otra voz calmada, carente de la energía que tenían los demás, pero lo suficientemente profunda como para llamar la atención del rey.

—¿Tenemos un ganador entre ustedes? ¿Qué dices tú, Seonghwa? —alzó la voz nuevamente el pelirrojo. A su llamado, el alto apartó de sus ojos un mechón de cabello azabache con desinterés.

—Veintidós. 

Una sonrisa triunfante se extendió por el rostro de Kim escuchando de fondo los lloriqueos de San y la risa de Mingi.

Estuvo decepcionado de no haber averiguado el paradero de Casio, no obstante, había pasado un buen momento haciendo añicos a sus perros y aquella satisfacción nadie podría quitársela aunque sus extremidades dolieran. 

—¡Aún falta Hong! —dijo el joven de cabellos púrpura sin darse por vencido. Había quedado en último en número de bajas por distraído y eso lo ponía en una situación de pena.

—Buena idea San, deja que nos humille. —se mofó Mingi. 

Todos miraron en dirección de Hongjoong quien comenzó a salir de ese sitio maloliente.

—Dejé de contar a partir de los treinta. —respondió caminando en dirección a la puerta hecha trizas del edificio abandonado.

—¡Está alardeando! —dijo San fingiendo llanto mientras los otros caminaban fuera.

Ya al aire libre, Hongjoong dió un vistazo a la fachada del hospital y largando una carcajada dijo:

—Ciertamente parece un nido de ratas. 

Las afueras de la ciudad eran tétricas, en especial por la cantidad de lugares en abandono, una zona en la que Hongjoong pensó que sería apropiado para que esas bestias se escondieran. 

Y estuvo en lo cierto, sin embargo; Casio podría ser predecible, pero no idiota.

Si se atrevía a salir durante el día estaba acabado. La maldición del alba que Hongjoong había puesto sobre él se lo impediría y antes de siquiera poder ver los rayos del sol, sufriría una muerte lenta y sobre todo, dolorosa.

Casio tenía toda la desventaja y de hecho sabía que aquella ocasión en el vertedero, sería la única chance de poder terminar con Hongjoong y por supuesto, el rey era consciente de todo, en especial del porqué su némesis buscaba al joven humano.

Si con el chico podía encontrar una apertura para matarlo, por supuesto estaría interesado.

—Debiste haber traído a Jongho, estoy seguro que superaría a Seonghwa sin dudas. —San se burló recibiendo a cambio una risa sarcástica de Seonghwa—. Y al chiquillo de paso, no le haría mal un poco de acción.

La mirada de Hongjoong que vagaba distraída alrededor se detuvo de repente sobre un vivo color en el suelo cubierto de hierba mala.

—Y arriesgarse a que el humano lo arruine, no gracias. —respondió Seonghwa revisando los alrededores en busca de algo extraño.

Escuchando de fondo la charla, el pelirrojo sonrió poniéndose en cuclillas. Con sumo cuidado y lo más que le permitieron sus dedos temblorosos por la adrenalina, tomó aquello que llamó su atención. Un delicado azul brilló contrastante con el carmín de sus ojos al girar entre sus manos aquella bella forma.

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⏰ Última actualización: Jul 31, 2022 ⏰

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Vendaval [Woojoong/Hongwoo]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora