6

610 75 1
                                        

Sunoo sentía que las lágrimas iban a brotar; se asomaban en sus ojos, aunque ninguna llegaba a caer. Nunca antes le habían dicho cosas tan bonitas ni lo habían tratado como a un príncipe.

Como si... realmente fuera alguien especial e importante. Jamás se había sentido así con las personas cercanas a él, excepto con su mejor amigo Jungwon. Pero ahora, Sunghoon lo hacía sentir de esa manera con solo unas palabras, con la atención que le brindaba y con la forma en que lo miraba y trataba.

Sunghoon lo hacía sentir tan especial que quería llorar como un niño pequeño, porque ni siquiera su familia alguna vez lo había hecho sentir así.

—Te lo agradezco mucho, Sunghoon-ah —susurró tímidamente, con las mejillas sonrojadas, ignorando el temblor que recorrió su cuerpo cuando Sunghoon tomó una de sus manos y la entrelazó con la suya—. Nunca nadie había hecho tantas cosas lindas por mí hasta que llegaste tú... En serio, gracias. Me haces sentir especial e importante.

—Es que lo eres, Sunoo. Eres especial e importante. Y si tengo que recordártelo todos los días para que me creas, no dudes que lo haré —la voz firme de Sunghoon le daba a entender que podía confiar plenamente en sus palabras.

Sunoo quiso gritar de emoción. Quiso levantarse de su silla y saltar de felicidad porque nunca antes alguien lo había hecho sentir así.

Aunque él y Sunghoon apenas se conocían, se sentía tan seguro, querido y protegido cuando estaba con el mayor, que no dudaba ni un segundo en entregarle su confianza y su corazón.

Desde la primera vez que lo vio, cuando se acercó a su mesa para hablarle, Sunoo sintió que había encontrado a esa persona con la que tanto había soñado: ese "príncipe azul" de las historias que su madre le contaba de niño, alguien con quien quería estar hasta el fin del mundo... y más si fuera posible.

Park Sung-hoon era esa persona.

Sunoo no pudo evitar romperse. Comenzó a sollozar suavemente, abrumado por tantas emociones hermosas que jamás había sentido hasta el día en que conoció a Sunghoon, el día en que le permitió entrar en su vida y en su corazón.

—Sunoo, bebé, ¿qué pasa? —Sunghoon se había acercado rápidamente a su lado, abrazándolo fuerte, mientras el rostro de Sunoo se ocultaba en su pecho, sintiendo los latidos tranquilos del pelinegro.

—N-nada... es solo que me haces sentir tan bonito que no pude evitar llorar —apartó el rostro y miró los ojos llenos de preocupación de Sunghoon.

—No quiero verte llorar. Los angelitos como tú nunca deberían llorar, ni siquiera por cosas bonitas —una mano de Sunghoon llegó hasta el rostro de Sunoo para secar las lágrimas que habían caído.

—G-gracias, Sunghoon. No sé qué haría sin ti. Si no te hubiera conocido, mi vida seguiría siendo la misma, aburrida y solitaria. Con esa inseguridad de sentir que no eres querido ni amado por nadie, olvidado por tu familia y dejado de lado por quienes llamaban amigos. Pero tú lo cambiaste todo —levantó el rostro, acercándose al de Sunghoon, y le dejó un beso suave en la mejilla.

Sunghoon no pudo evitar sonreír ampliamente, abrazando de nuevo al pequeño y tierno rubio, esperando que el ambiente se calmara para continuar con la cita que, aunque no era lo que ambos habían planeado, iba perfectamente a su manera.

𝗰𝘂𝘁𝗲 𝗯𝗼𝘆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora