Despego mi cara un poco de la cama y enseguida siento un fuerte dolor de cabeza. Frunzo el seño confundida cuando veo que la chica de la cual no tengo ni ídea de cómo se llama, tiene su cabeza apoyada en mis piernas mientras que mi hermana se encuentra babeandome el estómago ya que se quedó dormida así. Hago una mueca de asco y me incorporo, haciendo que ellas gruñan. Autoseguido recuerdo todo lo que pasó la noche anterior.
Pues resulta que terminamos haciendo ruidos extraños, y cuando lo digo, me refiero a que movíamos la cama seguidamente y fingíamos gemidos para que el vecino pensara que estabamos teniendo una noche apasionada.
Oh, no.
Creo nos pasamos.
—¡Despierténse! —exclamo enojada, y no con ellas, si no conmigo misma por no controlar la cantidad que bebía.
Ellas parecen despertarse. Me dan una mirada de desaprobación ya que están sufriendo de resaca al igual que yo. Se soban los ojos todavía adormiladas.
—Genial. Ya volvió mi hermana la ostinada —murmura, Aylen.
—Oh. Hola chicas —habla la pelirroja.
—¿¡Por qué hablan con tanta tranquilidad?! ¿¡No recuerdan lo qué hicimos ayer?! —digo para ver si espabilan.
Las chicas se masajean la sien.
—¡No grites, mi cabeza va a explotar! —dice la pelirroja—. Respondiendo a tu pregunta, por lo menos yo si lo recuerdo bastante bien y no le veo ningún problema. Él se lo merecía —se encoje de hombros
—Concuerdo contigo, amiga —le dice Aylen y le choca la mano.
—¡¿Se están escuchando?! —reclamo.
Se escuchan unos golpes en la puerta y me alarmo. Todas nos miramos las caras y fruncimos el seño confundidas. La pelirroja y mi hermana se levantan de la cama y son las primeras que salen de la habitación mientras que yo las sigo. Cuando llegan a la puerta la pelirroja mira por la mirilla y al despegar la vista intercambia su miranda de Aylen a mí, al parecer mi hermana entiende el gesto ya que comparten una risa traviesa entre ellas.
Las observo sin entender nada. Ellas me ignoran y se arreglan un poco las fachas mientras que yo me quedo quieta en el lugar. Aylen abre y se apoya en el marco. Dejo de mirarlas y mi vista va a la persona parada en frente de nosotras.
El chico hormonal.
Tiene una mala cara cómo si hubiera acabado de llegar de un entierro y ni hablar de la mancha de ketchup que tiene en la camiseta. Su vista pasa de las chicas a mí. Se detiene en mi. Mira mis piernas que están descubiertas por el short corto de mi pijama. Se moja los labios con la lengua.
No se en que momento de la noche me cambié de ropa.
¡Tragáme tierra!
—Hola, vecinito —pronuncia Aylen qué sin darse cuenta me salva.
El devuelve su vista a ella.
—¿Vecinito? ¿tienen ídea de lo mal qué lo pasé anoche por culpa de ustedes? ¡no pude dormir! —nos reclama el chico
—¡Jóder, no grites! —lo dentego—Ya era hora de que tomaras un poco de tu propia medicina —digo sin pensarlo.
Luego me arrepiento cuando todos se me quedan mirando, las chicas con admiración mientras que él totalmente sorprendido.
—¡No las soporto, son unas pesadas! —exclama y se gira sobre sus talones para irse y entrar a su piso.
—¡Hemos ganado! —la pelirroja da una sonrisa victoriosa—. Por cierto, me llamo Honey Ferguston —se presenta con la misma sonrisa—Con toda la locura de ayer, se me olvidó mencionarlo
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Una nueva vida
Teen Fiction¿Hasta donde pueden llegar las personas? ¿Cuanto daño pueden llegar a hacer? Cuando ví la situación en la que estabamos. Lo único que pude hacer fué huír. Era la hermana mayor, ¡se suponía que tenía que protegerlas! La pregunta es...¿será tan fácil...