Enciendo mi celular que ha estado vibrando hace mucho tiempo. Veo unas cuantas llamadas de números desconocidos. Reviso los números y gracias a que los memorizo me doy cuenta de que es mamá. Antes que pueda añadirla a contactos me llega otra llamada.
Al parecer ya Aylen le dió nuestro nuevo número celular.
En todos estos días la he estado evitando, incluso antes del viaje, de hecho todo lo hice porque ella me conoce demasiado y estoy segura de que si hablabamos antes me iba a notar extraña.
Aprieto los ojos y contesto la llamada sin pensarlo dos veces.
—Hey, ma —digo tratando de sonar lo más bien posible.
—¡Hija! que bueno que me contestas cariño, quería hablar contigo. Te siento muy distante conmigo. No sé si he hecho algo mal, solo quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites y que las amo más que a nadie en mundi —suena desesperada
—Tranquila, madre. Estoy bien. También te amo mucho y te he extrañado.
—¿Te ha pasado algo en casa?
Trago saliva y siento cómo los ojos se me comienzan a llenar de lágrimas.
Por esta razón no quería contestarle.
—Todo está bien, no me pasa nada —sueno segura.
Siento un silencio de unos segundos por el otro lado de la línea.
—Si les pasa algo solo dímelo, para eso soy tu madre. Tampoco he sabido nada de Alissa.
—¿De que hablas? Solo hemos venido porque extrañabamos España y Alissa está en una casa en la playa.
—¿Segura?
-Lo estoy mamá, no pasa nada
¿Para que se lo diría si no hay manera de arreglarlo? Yo puedo sola, siémpre he podido.
—Bueno. Me alegro —se tranquiliza.
Hablamos bastante lo cual me relaja inmensamente. Había olvidado lo terapéutico que se siente.
Al colgar me dirijo al cuarto de baño. Me meto en la bañera que llené con agua fría ya que el ambiente está algo caluroso.
Y es cuando lo recuerdo.
Siento cómo la puerta de mi habitación se abre.
Me cubro con las manos los pechos ya que dormía en ropa interior. Cuando giro la cabeza me percato de que es Miguel.
—Miguel no es el momento, vuelve en unos minutos. Cómo ya ves no estoy vestida descentemente
—De hecho, tu hermana..
Salgo de la bañera rápidamente. Agarro la bata de baño y con ella me cubro para salir. Me visto y antes de salir por completo veo a mi hermana a punto de tocar.
—Craing dice que te espera en su habitación —da una sonrisa atrevida
Frunzo el ceño y abro la boca para decir algo pero ella me interrumpe.
—Es broma, chica, dice que cuando te ayudó a bajar las bolsas de las compras, se te quedó el bolso.
—Ah —suelto aire por la boca.
—Si quieres puedes demorarte, por mí no hay problema.
—Vuelvo enseguida —le hago saber
Toco la puerta de él.
Que despistada soy, dios mío.
Recuesto la cabeza en la puerta.
Y justo en ese momento el idiota abre la por lo cual pierdo el equilibrio y me termino cayendo de culo al suelo.
—Ay, dios santo ¿pero que hacías? —dice mientras me ayuda a levantarme.
Me froto el trasero con dolor. Cuando pasa su vista a mis movimientos automáticamente dejo de hacerlo.
Me observa con completo horror cómo si lo que me acaba de suceder fuera algo sin lógica alguna.
—No me mires cómo si se tratara de una cabra bailando el vals.
Y de la nada se comienza a reír cómo si no estuviera presente. Lo observo con mala cara y lo señalo con un dedo acusatorio. Se atraganta con su propia saliva y tose.
—Me alegro. Eso te pasa por burlarte del dolor ajeno —me cruzo de brazos indignada
Carraspea la garganta y me mira con una risa reprimida.
—Pasa, te buscaré tu bolso.
En cuanto se me acerque, le doy una patada en el trasero.
Sonríe cómo un angelito y me brinda sentarme en sus muebles.
—Ni de puta madre me sentaré, solo dios sabe cuantas cochinadas haz hecho justo ahí —arrugo la nariz.
—No lo he estrenado aún —afirma.
Da la vuelta y sigue por un pasillo recto que debe llevar a las habitaciones.
Admiro los alrededores. Dígamos que me gusta mucho su decoración, algo me dice que no fué hecha por él. Dudo tome su tiempo para adornar. Me lo hace confirmar el hecho de que tiene cositas rosas por todos lados y el mismo dijo que cuando veía ese color le daban ganas nauseas.
—Aquí está —habla—. No entiendo el amor que le tienen las chicas a los bolsos.
-Bueno, adios.
-Adios.
Giro sobre mis talones y me marcho.
Guardo el bolso y el peluche antes encaminarme a la cocina para hacerme un delicioso sandwich pero siento un ruido contra la puerta de cristal que lleva al balcón. Me asomo con cuidado y solo veo oscuridad ya que hace unos minutos se hizo de noche.
¿Y si es él...?
Cojo un cuchillo de cocina y con cuidado abro la puerta. Veo una figura de espaldas en una esquina del balcón. Se voltea pero aún así no puedo distiguir su rostro. En ese momento toda mi valentía se esfuma, suelto el cuchillo de golpe.
—AAAAAAAAAHHHHH —grita la otra persona sacudiendose la cabeza frenéticamente.
Me agarro el pecho por el susto.
—¿Aylen?
Veo cómo algo salta y seguidamente noto un peso sobre mi hombro. Giro la cabeza lentamente y es cuando lo veo.
Una rana.
Suelto un chillido de terror cómo si la vida se me fuera en ello.
—¡Ayúdame Aylen!
Aylen duda si acercarse pero finalmente agarra valentía y lo hace. La rana vuelve a saltar pero esta vez en mi cara.
—¡AY! —grito.
—¡Hija del demonio, aléjate de mi hermana!
Y cómo si la rana nos entendiera. Da un gran salto y se desaparece en la oscuridad. Aylen me abraza cómo si minutos antes me estuviera muriendo y ella hubiera logrado revivirme.
—Entremos —la agarro de la mano mientras que con la otra agarro el cuchillo que se me cayó.
Al entrar ella insiste en dormir conmigo ya que extraña los momentos de pequeñas, a lo que acepto. Ya en la cama le acaricio el cabello con amor, en el proceso se duerme.
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Una nueva vida
Teen Fiction¿Hasta donde pueden llegar las personas? ¿Cuanto daño pueden llegar a hacer? Cuando ví la situación en la que estabamos. Lo único que pude hacer fué huír. Era la hermana mayor, ¡se suponía que tenía que protegerlas! La pregunta es...¿será tan fácil...