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Emma.
Cuando papá nos llevaba a la playa mis hermanas y yo difícilmente salíamos del agua, nos negábamos a escondernos del sol. Salir de la arena era una tortura. Bajo la enorme bola naranja viví los mejores momentos de mi infancia y con el tiempo el mar se fue convirtiendo en un sinónimo de felicidad. La tristeza, la frustración y la decepción siempre se iban con la brisa marina. Cierro los ojos dejando que el viento toque mi cara. Salamaro me quitó la máscara, fue la única persona que notó que el cuero podía cocerme la piel con el sol. «No sé si se lo pidió Kira», ya que Vlad está absorto con los temas familiares ignorándome por completo. La brisa sopla más fuerte y anhelo ser esa pequeña que se alegraba con el azul del océano que tiene al frente. Pero no, no estoy siendo esa niña con trenzas a cada lado la cual corría a través de la arena dejando que su padre la persiguiera. «Ahora soy una chica de 18, la cual siente que su familia la olvidó». Observo al niño que yace en mis brazos apartando la manta que lo cubre, se ha quedado quieto y sin llorar, pese a que no ha comido es un buen bebé. Las malformaciones no roban el hecho de que sea una criatura tierna. Los ojos son pequeños y achinados, no tiene pestañas, los pies y las manitas son raras, pero compensa todo lo que le falta con la sonrisa que me dedica. Mis labios se extienden correspondiendo el gesto, creo que tiene entre unos cinco o seis meses. El resto de los Romanov se mantienen dentro de las instalaciones del barco mientras a mí me han dejado sola con el niño en la cubierta junto con Cédric que está absorto metros más adelante. Le hago muecas al bebé que vuelve a sonreír y me preocupa el que no coma, por suerte no ha hecho del dos y el pañal solo está un poco cargado.
—Suficiente con eso —aparece el Underboss tapandome con su sombra —. Entregamelo que lo voy a tirar por la borda. Lo ignoro enfocandome en el niño e intenta quitármelo, pero meto el codo. —Tiralo por la borda y también estarás tirando tu cargo, esposo —digo solo para los dos y me toma del nacimiento del cabello. —No me amenaces que tus amigos pueden empezar a morir uno por uno —asegura. —Como tu reputación... La mala mirada no se hace esperar, los acaban de bombardear y hay más bloques de odio hacia mi apellido. Se pone en pie y por un momento siento que me va a patear la cara, pero en vez de eso se lleva la mano a la espalda sacando un móvil con antena. Me quita el bebé a las malas dándoselo a Cédric antes de llevarme a la cabina de mando asegurando la puerta. —Escoge una persona; mamá, papá, hermanita talento o hermanita mentirosa —propone— ¿Con quién te vas a reportar pequeña puta? El rayo de ilusión es pegamento para el alma que se quiebra lentamente. Si llamo a papá me pasará a mamá porque tengo días sin comunicarme y la última vez no hablé con ella o viceversa; mamá me pasará a papá. —Rick —digo temblorosa— ¿Has texteado con ellos últimamente? —¿Qué clase de cazador sería si no? —dice con un tono burlón mientras marca el número con el haladie en la mano— Ya sabes cuales son las normas. Procuro calmarme, necesito esto tanto como respirar y hasta el cabello me arreglo como si me fueran a ver. El rubio se lleva el teléfono a la oreja y espero ansiosa a que me pase el aparato, tardan, pero en el tercer intento capto un "Hola" el cual hace que me entregue el móvil de inmediato. —¿Hola? —repiten. —Sam —el alivio me invade con la voz de mi segunda hermana— ¿Cómo estás?
—Emm, no es un buen momento —se oye una discusión atrás—. No te imaginas lo que hizo Rachel y todos estamos en vilo sin saber para dónde movernos... Llama más tarde o mañana.... —Me es difícil conseguir recepción, así que pásame a mamá o a papá — ruego—. Solo será un segundo... La línea se queda en silencio cuando se mueve y empiezo a desmoronarme con la discusión que empeora mientras mi hermana dice algo que no entiendo, pero todos se oyen alterados... —Emm, mejor llama más tarde en verdad.... —Pasame a mis padres —insisto con los ojos ardiendo—, necesito hablar con ellos. —Están ocupados porque en Londres... —Quiero hablar con ellos. —Te estoy diciendo que... —¡No me importa! —mi pecho colapsa y Vladimir se me viene encima colocándome el filo del haladie contra la garganta— ¡Quiero hablar con papá y mamá, así que dales el maldito teléfono! —¡No me hables en ese tono! ¿Qué pasó? ¿Te caiste de los patines? ¿Te volvieron a descalificar por terca? —me regaña— Emma, sea lo que sea no se compara con la zozobra que estamos viviendo acá y tú solo te comportas como una caprichosa. Las lágrimas bajan por mis pómulos e intento que eso no se vea reflejado en mi voz, que no sienta la bola que me atora y la tristeza que me taladra. —¿Qué pasa? —vuelve a preguntar— ¿Te metiste en algún problema? La mirada del rubio me amenaza sin apartar el filo. —Perdí en una competencia —le digo— y quería que papá, mamá o tú... —siento que la exaspero cuando respira hondo— Olvídalo, ¿Rachel está bien?
—Si, pero no puedo darte detalles ahora. Le informaré a todos que llamaste. «Tu espíritu es grande, pequeñuela». Recuerdo las palabras de mi amigo Death. —Dile a papá que sigo sin buena recepción, cuando pueda les texteo — me despido—. Los quiero. Cuelgo, «Ellos no tienen la culpa». Concilio conmigo misma, ellos no saben lo que pasa realmente... Es solo que... Es solo que no tengo quién mueva el mundo por mi bienestar. Vladimir me saca de nuevo a la cubierta, le quito el bebé a Cédric y el Underboss me arroja un mendrugo de pan el cual recibo solo para tener fuerzas para cargar al niño. —¿Ahora entiendes lo que dice? —pregunta Vladimir— Ella es todo y tú no eres nada. Una lancha se acerca al medio fluvial y el mafioso ruso sale del interior del barco mientras que su hijo se aleja como si no le gustara que lo viera conmigo. Maxi aparece a despedirlo y junto con Vladimir esperan a que se vaya. —Buen viaje padre —le dice Maxi—. Te esperamos en el sitio acordado. El rubio mueve la cabeza en señal de despedida y el Boss se encamina a la baranda dedicándome una leve mirada antes de bajar la escalera que lo conduce a la lancha. Maxi se enfoca en mí cuando su padre desaparece y el Underboss deja caer la mano en su hombro indicandole que entre, pero Maxi se mueve como si le diera demasiado asco. Ambos vuelven adentro mientras yo sigo afuera lidiando con el frío de la noche. Pongo el bebé contra la pared cubriendolo de la helada y con el próximo mendrugo de pan hago que lo chupe para que tenga algo en el estómago.
El príncipe está en la esquina y me da cierto pesar verle el brazo levantado el cual le tiembla como si tuviera mucho dolor todavía. Somos miserables los dos; yo por pagar una condena que no es mía y él por perder lo más preciado para un médico. Siento que mis fuerzas son cada vez más nulas y ahora entiendo a los que me dijeron que morir era lo mejor. El graznido de las gaviotas se hace presente a la mañana siguiente, el calor me mueve y tanto a Cédric como a mí nos asean en la cubierta. Dejo que me echen agua en ropa interior. — Bota a esa porqueria—se burlan los verdugos mientras me esmero por asear al bebé—, es un anormal igual que tú. «A palabras necias, oidos sordos» —¿Y tú, manco? —se van contra Cédric— ¿Puedes asearte o quieres que alguien te restriegue el culo? Lo empujan varias veces hasta que se cae y el aullido de dolor no se hace esperar cuando le pisan la herida de la cortada la cual sangra recordandome como se la cortaron y me llevo al bebé tomando la ropa de cambio también. Por suerte alcancé a guardar los tampones en mi sudadera antes de abandonar el catamarán y la sangre ha ido mermando, así como también los dolores han desaparecido. Abotono el vaquero, me coloco la playera y hago un pañal improvisado rompiendo parte de la manta del bebé. «No va a sobrevivir con pan», lo tomo centrada en que a lo mejor en tierra firme puedo robar algo para él. Los Romanov empiezan a salir, entre ellos el anciano en silla de ruedas y los hombres rubios con sus sumisas. Ninguno tiene pinta de mafioso ahora, parecen más una pandilla con chalecos de cuero, pañoletas en la cabeza y botas por fuera del pantalón, hasta Vladimir adoptó el mismo look al igual que Kira, Zulima y Salamaro que se pierden por un momento. El barco se va acercando, Cédric con la ropa mal puesta y herido es obligado a ocuparse del anciano de cabello largo. Los verdugos lidian con el equipaje, el clima es tan árido y sofocante que debo dejar la manta de
lado para que el bebé no se desespere en lo que bajamos entrando a la multitud. El Underboss se mantiene a mi lado mientras atravesamos un mercado donde se vende de todo; comida, ropa, accesorios, golosinas, jarrones. «Marruecos», leo en uno de los letreros. Vladimir mira al bebé de reojo y este le sonríe. —Le caes bien —cuido de que no me oigan— ¿Nos compras algo bonito? «Me hace falta algo bonito», hace de cuenta que no existo y salimos del gentío. Un grupo de moteros nos recibe; gente con cara de asesinos que portan el mismo atuendo que los Romanov y chalecos pesados los cuales tienen estampado la cara de un león atrás. Vladimir recibe la moto chopper que le dan y de mala gana me pasa un casco para que suba tras él. Obedezco aferrandome al bebé mientras la pandilla se mueve en manada no sé a dónde, pero el paisaje del mar es reemplazado por extensas carreteras rodeadas de desierto que recorren horas rodando como si no hubiera rumbo alguno. El bebé se mantiene contra mi pecho y de vez en cuando lo descubro asegurándome de que esté bien. Creo que me distrae de la miserableza que estoy viviendo. La columna me duele y agradezco que se detengan para hidratarse. —¿Coleccionas porquerias? —le dice el anciano Romanov a Vladimir— ¿En verdad no había nada mejor para raptar? Ella es poca cosa para todo lo que nos jode su hermana. —¡Son unas perras! —grita el resto de la pandilla— ¡Largo sufrimiento para las James! —Venderé el engendro al circo —contesta el Underboss y todos empiezan a burlarse— y ella todavía no sufre lo suficiente. El rubio cruza miradas conmigo dejando caer la botella de agua que tiene, está casi por la mitad y entiendo la orden silenciosa. Levanto el envase dándole un poco al bebé antes de empinarmela yo.
Vuelven a ponerse en marcha hasta que la noche los hace detenerse para armar un "Campamento" donde hay más gente con los mismos chalecos. Prueban armas, desnudan mujeres, beben licor y le rinden pleitesía a los Romanov que se toman el sitio. —La hermandad se cuida entre sí —dicen varios—. A robar y a delinquir para que sepan que la Bratva es la que manda. Me quedo de lado, el niño está desesperado y trato de acunarlo aquí y allá, pero no deja de llorar. Los pandilleros están en lo suyo y por suerte soy a la que todo el mundo evita . «Necesito alimentar el bebé». —Emma —Kira aparece detrás de unos de los camping—, mira esto. Voy a su sitio acunando al niño. —Le rogué a Salamaro por esto y tardó, pero al fin lo trajo. Recibo la bolsa que me da; tiene pañales, un biberón, una fórmula y ropa de bebé. —Gracias —me lleno de alivio escondiéndome tras las lonas—. Estaba preocupada... —Descuida, quise acercarme anoche, pero sabes como es Maxi. —Iré por agua, ¿Lo puedes cuidar un momento? —ubico la caneca que tienen. —Ve, pero no tardes —advierte. Soy rápida llenando el biberón, me gustaría que fuera algo más higiénico, pero no hay nada más. Preparo un tetero lleno y Kira me devuelve al pequeño. —No sé cómo se hace, pero... —Creo que debes levantar más el codo —explica la novia de Maxi—. He visto que lo hacen así... Lo alimento y recibe ansioso, tan ansioso que se atora por un momento tosiendo y soltando leche con sangre a través de la
nariz, «Anomalías». Debo golpearle la espaldita cuando se pone a llorar y me da tanto pesar. —Mejor no le des más —sugiere Kira—. Tomó gran parte y es lo que importa... —Tienes que irte —sugiero, no quiero meterla en problemas. Estamos semiocultas, pero desde nuestro ángulo se puede detallar la fogata rodeada de hombres y mujeres con aspecto tenebroso. «Son como salvajes» que se pelean entre ellos y las mujeres no tienen pudor dejando que las toquen y besen de forma obscena. El Underboss está entre ellos al lado del hermano que habla sobre esquiar diciendo lo bueno que es mientras el rubio asiente como si le diera razón, pero Maxi ni se mosquea. Entro en duda con la escena, ¿El odio de Maxi no es correspondido? Felicitan a Vladimir y su hermano voltea de inmediato mirándolo con envidia. —¿Qué le hizo Vlad a Maxi? —le pregunto a Kira. Dudo que me conteste y si no lo hace la entendería, ya de por sí le debo muchas cosas y es la única voz dulce que no me trata mal. —Le quitó a su madre. Por culpa del Underboss, la mafia perdió una mujer digna de la Bratva —responde despacio—; Grande, belicosa y amorosa, pero por Vladimir ya no está. Toma al bebé dándome a entender que no quiere hablar más. Una motera se acerca a Maxi y este le agarra el trasero sin disimulo yéndose tras ella cuando lo tienta, mientras que Kira actúa como si nada. —Él no te merece —digo entre dientes—. Eres genial y aún así se va con otras... —Todos los hombres de aquí hacen eso, así que no lo juzgues —me devuelve el bebé cuando llega Vladimir que le indica que se mueva. Recojo las cosas que me dio Kira. —A dormir —ordena Vlad.
Agradezco que no sea en la intemperie y sea en el mismo glamping donde dormirá él, hay que acomodarse en el suelo, pero no se ve incómodo y hay espacio para caminar sin agacharse. Se quita el chaleco deshaciéndose de los zapatos mientras yo busco la manera de que el bebé duerma cómodo. Hay pedazos dentro de mí que se están cayendo e intento sacar el poco optimismo que me queda. —Se llama Bendi —digo—, pero no solo Bendi... —No estoy para tus estupideces —contesta el rubio—. Ni siquiera sabes de qué drogadicto es esa porqueria que se va a morir. —Su pasado no importa —refuto—. Ahora es nuestra bendición temporal hasta que lo dejemos a salvo en algún sitio... A menos que quieras que seamos como Brad Pitt y Angelina Jolie teniendo bebés adoptados —lo molesto— ¿Qué dices? Se acomoda dándome la espalda y me inclino a taparlo junto al bebé antes de darle un beso en la mejilla. —Gracias por sacarme del horno —aprovecho el momento—. Pensé que... —Cuando la ruleta ficha, el cazador debe matar con sus propias manos — contesta—. Un maldito horno no me iba a quitar el privilegio. Vuelvo a mi puesto, pese a su crudeza sigue siendo mi único rayo de esperanza, la única persona capaz de matar al ruso ya que ni Rachel pudo con un ataque tan directo. —Si tienes pesadillas puedes pasarte a este lado —le digo a Vladimir—. Cuidaré del bebé y de ti. —Mejor cuida tú lo que haces —advierte— que estás dejando de gustarme. Coloco la cabeza en la almohada y, como todas las noches, a las pocas horas él se levanta a sorber cocaína. Lo observo desde mi puesto queriendo saber el origen de la cortada que carga, ¿Cómo se la hicieron? Creer que la muerte de su madre fue un accidente suaviza un poco más la imagen que tengo de él, porque hay que ser demasiado malo como para lastimar a la
persona que amas y siento que él amaba a su madre, así como la amaba el ruso.
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BOSS
RomanceEs un trabajo de fan para fans No quito credito a la escritora Eva Muñoz, de hecho pueden comprarlo en booknet pero existen personas de menor edad como yo que no pueden comprarlo. Saga pecados placenteros